Histórico
26 agosto 2013Jose David López

Manchester United: Rooney, no hacía falta

Rooney - Manchester United 2013

Existe libertad absoluta, debate abierto, protagonistas descarados hablando sin censuras de millones, propuestas enviadas por email y respuestas recibidas con más-menos cordialidad. El mercado de fichajes inglés siempre fue diferente en su ideología, en su concepto, en su finalidad informativa. Muestra al aficionado las cantidades que manejan para intentar la contratación de un jugador, argumentan señalando que repetirán una nueva oferta pocos días después y hasta desenmascara actitudes negociadoras que en el resto del mundo quedan en el más absoluto secretismo. “Deben venderlo. En las dos primeras ofertas nos dijeron simplemente que no estaban interesados en traspasar al jugador. Pero el argumento de no venderlo porque somos un rival de su mismo campeonato, es ya arcaico. Venderlo al exterior sí haría daño a la Premier. Palabras de José Mourinho hace unas horas, destapando intimidades sobre un interés real de su Chelsea por la ‘estrella’ del Manchester United, Wayne Rooney.

En solo unos segundos, el receptor callejero del mensaje, el hincha de fútbol, el Blue o el Devil, comprende inmediatamente numerosos secretos únicamente interpretados como algo natural en el ‘Universo Premier’. Que hay una clara apuesta londinense, que ya ha sido recalcada con varias propuestas, que el rechazo mancuniano es claro pero que, de igual manera, genera contenido de debate al ampliar el acierto o no de traspasar a estos cracks al extranjero como golpe al fútbol nacional. Todo abierto, todo limpio, todo claro y todos descubiertos. Cifras, lecturas y decisiones que el mundo periodístico disfruta, que permiten intensas valoraciones, pero que desnuda incluso a los iconos. Porque tras un verano de indecisiones, incógnitas y temores de perder al seguramente mejor jugador inglés de la última década, los hinchas del Manchester United han conocido en un envidiable zoom, la actitud del que más querían, del que más aplaudían, del que representaba como nadie el carácter ganador del club. Rooney desea marcharse. Rooney pidió una salida. Rooney, no hacía falta.

Tras dos ofertas (de 25 y 30 millones de libras) canceladas por David Moyes y un grupo deportivo que insiste en que no será traspasado de ninguna manera, el delantero inglés ha recuperado su versión más inmadura, agresiva y directa. Tras muchas semanas de intento de reunión con su nuevo entrenador y en la búsqueda de una explicación sobre unas palabras del mismo ante los medios en sus primeros días como nuevo líder (porque Moyes apuntó en una entrevista que Rooney sería una segunda opción de ataque tras Van Persie que no gustó nada al inglés), su única reacción fue directa al corazón de los hinchas. Durante la última semana de pretemporada, tras haber empezado la misma antes que nadie por problemas en un muslo, se auto-eliminó de un amistoso en Estocolmo aludiendo a una inexistente lesión en el hombro que, sin embargo, no le impidió jugar días después con la selección inglesa. Una doble lectura, una errónea interpretación y, sobre todo, un golpe directo a los que durante una década convertiste a la ‘Rooney-manía’.

Rooney y Moyes 2013Rooney no duda que Alex Ferguson seguirá desempeñando un papel importante en la era David Moyes, pero igualmente no ha comprendido que el nuevo técnico fuera el elegido por su antecesor. Una mentalidad que le impide superar un rencor amamantado con los años contra el hombre que le hizo debutar siendo un niño en la Premier (solo tenía 16 años cuando Moyes lo puso en escena), pero además, unido a los roces cada vez más feroces que durante el último año ya tuvo con la leyenda del banquillo en Old Trafford. El punta quiere olvidar, empezar de cero y reaccionar en un entorno donde no encuentre enemigos conocidos, aunque probablemente el único que divisa esa sensación negativa hacia él, sea el propio Rooney. A sus casi 28 años, perdiendo crédito en sus últimos cursos como mancuniano reflejados en sus estadísticas y habiendo quedado a un escalón respecto a la grandeza actual de Van Persie, metió la cabeza en la tierra y solo pretende salir cuando las partes implicadas hayan logrado un acuerdo y necesiten su firma para completar un adiós irreversible que, probablemente, mancharía la carrera del jugador más interesante en la historia reciente del fútbol inglés.

Porque su adiós, que algún mancuniano da por seguro con el paso de las horas (personalmente creo que no será traspasado), tiene varias caras. La primera, la de que es producto de una aportación devaluada (solo 16 goles el año pasado por los 34 del curso anterior), al raciocinio global de que ya no es intocable (se le ha movido incluso de posición varias veces demostrando que no es referencial en algunas situaciones) y a la sensación de que ha decepcionado a su afición por sus intenciones de abandonar una institución a la que todos quieren llegar y ninguno aisla. Su rol, pese a todo, siempre se podría recuperar con goles, un par de celebraciones potentes de amor al club y un grito público sobre su debilidad devil. Pero su empeño e insistencia, mostrado además con desplantes a compañeros en pleno partido o falta de alegría en la celebración del título del pasado curso (sabiendo que él no había sido protagonista del mismo), le han devuelto a sus años más adolescentes, donde su inmadurez y falta de inteligencia, le hicieron multiplicar detractores. Todos ellos, ni uno solo, lo aplaudió enteramente poco después cuando mostró al mundo su deliciosa técnica y ambición.

A 50 goles de alcanzar la marca de Sir Bobby Charlton (con 247 goles, máximo goleador en la historia del United), justo en la edad donde su personalidad competitiva debería haber llegado al punto máximo y con la imagen del club a la espalda tras haber desarrollado un sentimiento interno muy poderoso ante sus hinchas, su punto de ‘no retorno’, le ha dejado claramente vendido. Moyes sabe que, sin otros refuerzos que no han llegado, la venta de Wayne suondría un golpe excesivamente difícil de superar ante una campaña donde sus principales rivales sí han apostado de lleno por quitarle el rol de líder. Porque su sola presencia en la plantilla, gestiona más recursos y refuerza la idea de grandeza. Su adiós, más aún al Chelsea, multiplicaría la sensación de debilidad ante la apuesta firme de quien tiene mayores capacidades económicas y perspectivas (Chelsea). El contexto invita a la duda, a la interrogación y a la inestabilidad propia de la marcha del mayor icono que jamás tuvo un club (Ferguson). Demasiado peso, demasiada presión, como para que la estrella se empeñe en ser el centro de atención. Un mancuniano esperaba su ayuda para empujar, para superar y para recuperar la estabilidad en el gigante. Lo que obtuvo, dista mucho de lo que esperaba y, ante eso, la decepción supera la previsión. Ahora estará obligado a ello. Rooney, todo esto no hacía falta. Esto es Old Trafford.

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