Histórico
8 julio 2013El Enganche

Real Madrid: Zidane, una reubicación ilusionante

Por Alberto Piñero (@pineroalberto), periodista cobertura diaria Real Madrid

El Real Madrid tiene nuevo entrenador. Carlo Ancelotti, “un fuera de serie normal”, como se le define en su propia autobiografía. El técnico designado para exorcizar al club blanco, tras una etapa donde creció deportivamente al mismo ritmo al que era fagocitado por sus propias disensiones y tensiones. Tanto internas como externas. Tanto deportivas como extradeportivas. El anterior tramo acabó ya, con un Madrid sin títulos, y atormentado por sus propios demonios. Y será ahora Ancelotti el encargado de conservar lo mejor de esa época, extirpando a su vez lo histriónico, delirante y deleznable de la misma. Poco tiene que envidiar por tanto, aun no teniendo el altavoz mediático ni el afán icónico de otros. Y precisamente, ése sería quizás el sello de identidad de Ancelotti: esa capacidad para conquistar títulos, vestuarios, jugadores, presidentes y aficionados desde un talento discreto y elegante. El conquistador circunspecto.

De hecho, en lo que se refiere al rectángulo de 105 por 70 metros, si por algo destaca la trayectoria de Ancelotti en su vertiente más táctica es precisamente por su capacidad de amoldarse a los equipos a los que ha entrenado: a las características de sus jugadores, y las necesidades del club. A lo largo de su carrera ha jugado con un 4-4-2, con un 4-2-3-1, con un 4-3-2-1, con un 4-3-1-2, con un 4-3-3, con distintos tipos de jugador en según qué puestos y momentos del año, etcétera. Lo que hace de Carletto un entrenador con tantos registros, tan políglota en las diferentes lenguas que habla el fútbol, como difícilmente clasificable tácticamente. Aunque no siempre fue así, curiosamente. En su primera aparición, en el Parma, provocó una irresoluble tensión con Zola, empeñado en jugar por el centro. En su segunda aventura, ya en un gigante como la Juventus, debía hacer jugar a un Zinedine Zidane que justo atravesaba un bajón físico por las lesiones, pero que ya había demostrado su potencial en el Mundial 1998. Y el dilema no era ya el de hacerlo jugar, sino de nuevo, el de dónde ubicarle dentro de su esquema. Hoy, como entonces, Ancelotti espera sacarle aún las gotas de talento, aunque en otro rol muy diferente…

En aquél momento, la Vecchia Signora no atravesaba un momento como para permitirse tampoco el lujo de prescindir de Zidane. Así que, seguramente atormentado también por la experiencia previa con Zola, Ancelotti decidió desabrocharse el corsé y cambiar su esquema a un 4-3-1-2 adaptado a las circunstancias que le rodeaban, con el ‘21’ de mediapunta con libertad. No sería suficiente para una Juventus con la que sólo ganó una Intertoto, pero sí para un Zidane que ganaría después la Eurocopa 2000 con Francia. Y sobre todo, para un Ancelotti que, inconscientemente y con el extraordinario jugador galo como punto de giro, empezaba a moldear sus aptitudes como entrenador hasta hacerlo tan camaleónico como se le conoce en la actualidad.

“Zidane es un cometa bajado del cielo. El jugador más fuerte que nunca entrené”, explicaría años más tarde Carlo Ancelotti en su propia autobiografía. Quién sabe si hubiera podido decir lo mismo sin ese calibrado cambio de rumbo. Quién sabe si Zidane hubiera seguido siendo el Zidane de 1998 siquiera, o el que se conocería en el Real Madrid. Imposible saberlo ya. El destino así lo quiso. De igual manera que también ha propiciado que hoy italiano y galo se vuelvan a encontrar en el propio club blanco. Con Ancelotti en el banquillo del Santiago Bernabéu por fin, pero con Zidane no en el campo, sino junto a él, en el asiento de al lado. Será su ayudante, aventajado donde los haya. El que le enseñe cómo es el club, cómo son esos jugadores que tiene en el vestuario, cómo es el coliseo blanco. Iba a ser el que liderara el proyecto merengue, y al menos será uno de los ejes sobre los que rote todo el organigrama blanco, y desde luego, el apoyo más firme que pueda tener el nuevo entrenador en la Casa Blanca. La simbiosis se da por hecha. La reubicación de Zidane se entiende como oportuna. La unión ilusiona.

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