Histórico
3 julio 2013Francisco Ortí

Libertadores: La curva de la felicidad de Ronaldinho

El parte médico hablaba de sobrecarga muscular. Los técnicos del Barcelona aseguraban que se encontraba en el gimnasio realizando tratamiento específico. Ambos mentían. La tapadera trataba de ocultar un secreto evidente: la magia de Ronaldinho se había apagado. O ahogado, para ser más concretos. Ahogado en alcohol. Mientras el resto de la plantilla azulgrana se ejercitaba a las órdenes de Frank Rijkaard en La Masía, Ronaldinho dormía a oscuras sobre una camilla en la sala de fisioterapia. Se estaba recuperando sí, pero no de un esfuerzo deportivo, sino de los excesos de una fiesta que todavía retumbaba en su cabeza. Había pasado la noche en vela, y no se encontraba en condiciones de entrenarse junto a sus compañeros.

No fue un episodio aislado. Comenzó a hacerse habitual que Ronaldinho se ausentara sin explicación aparente de las sesiones de entrenamiento. Sobre esa camilla de la sala de fisioterapia, aislado de los focos, y con horas de sueño pendientes, la eterna sonrisa de Ronaldinho comenzaba a desaparecer. La magia del que fuera considerado como el mejor jugador del mundo se marchitaba entre noches etílicas y sobredosis de ‘Luz de Gas’. Su felicidad ya no estaba sobre los terrenos de juego, sino en la noche barcelonesa. Su físico y, posteriormente, su juego fueron víctimas de esos excesos, hasta que Pep Guardiola le cerró las puertas del Barcelona durante el verano del 2008.

Tras abandonar el Camp Nou, Ronaldinho inició un peregrinaje que le llevó a vestir las camisetas del Milan, del Flamengo y, de manera intermitente, la de la selección brasileña. Todos confiaban en que su magia resucitara, pero acabaron perdiendo la paciencia. Tanto en San Siro como en Maracaná se cansaron de esperar que Ronaldinho volviera a ser Ronaldinho, mientras que su curva de felicidad se trasladó de su rostro a su ombligo. Su sonrisa dejó pasó a una incipiente barriga, que evidenciaba que el talento se había echado a perder. Esa alegría contagiosa se había escapado y Ronaldinho ya no daba la sensación de disfrutar jugando a fútbol como antaño. El ganador de un Balón de Oro 2005 se había convertido en un ex jugador que perseguía un pasado que no volvería.

Su salida del Flamengo parecía la sentencia definitiva. Después de faltar a varios entrenamientos y mostrar públicamente su descontento con el club por retrasos en los pagos, rescindió su contrato con los paulistas por vía judicial. Todos daban por hecho que en el futuro de Ronaldinho tan sólo podría dibujarse una retirada dorada en algún destino exótico, pero que jamás podría volver a competir por un gran objetivo. La gloria le había dado de lato. Sin embargo, el Atlético Mineiro cambió el guión. En Belo Horizonte arriesgaron y apostaron por él para incorporarlo a un proyecto que soñaba con dar la sorpresa en el Brasileirao. Cuando nadie lo esperaba, donde nadie lo esperaba, Ronaldinho se reencontró consigo mismo. El Atlético Mineiro le devolvió la sonrisa.

Durante sus primeros meses comenzó a mostrar una franca mejoría en su nivel de juego y poco a poco ofrecía un rendimiento mejor. Su crecimiento fue tan impresionante que Ronaldinho terminó el Brasileirao 2012 con unas estadísticas escandalosas. Marcó nueve goles, repartió doce asistencias y fue nombrado el mejor jugador del campeonato, por delante de Neymar. Brasil se rindió a sus pies. O’Rei había vuelto. Pero todavía le quedaba por mostrar lo mejor. La versión 2.0 de Ronaldinho permitió al Atlético Mineiro proclamarse campeón del Campeonato Mineiro 2013 y luchar por el reto de los retos en Sudamérica: la Copa Libertadores.

En la competición de clubes por excelente al otro lado del charco, Ronaldinho destapó el tarro de las esencias. Nos ha dejado imágenes inolvidables, recordando al que sorprendió a Eurocopa con el Paris Saint-Germain y el Barcelona. Su asistencia a Bernard contra Arsenal, sus regates imposibles contra el Sao Paulo o su exhibición contra el Tijuana han acompañado al Atlético Mineiro hasta las semifinales de la Copa Libertadores 2013, donde se enfrentará a Newell’s Old Boys. Será el examen definitivo al mago resucitado. La prueba de que la curva de la felicidad de Ronaldinho vuelve a ser una sonrisa.

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