Histórico
10 julio 2013El Enganche

Libertadores: Gilberto Silva, el carpintero del fútbol

Por Gabriel Casimiro (periodista especializado en fútbol sudamericano)

Nada debe ser mejor que desarrollarte en la profesión que siempre quisiste desde chico. Evidentemente, no todos tuvieron esa suerte. Algunos, al no contar con los medios suficientes, optaron por cambiarle el rumbo a sus vidas. Pero otros lucharon hasta el final por conseguir lo que siempre quisieron, a pesar de que el destino casi les ensaya una jugada decisiva. Como le pasó a Gilberto Silva, el mítico brasileño campeón del mundo en 2002 y uno de las insignias más recientes del Arsenal inglés.

Todos lo recuerdan, hasta hoy, recuperando balones en el medio, y distribuyendo a sus compañeros. Pero desconocen el inicio de todo ello, e ignoran que el ‘5’ a poco estuvo de dejar el fútbol para dedicarse a la ¡carpintería! Sí, así como lo lee.

Gilberto Silva creció en medio de la pobreza. Fue el único hijo varón de su familia. Vivía con sus padres y tres hermanas en una casa pequeña de la localidad Lagoa da Prata. La precariedad era tal que con ellas dormía en una misma habitación. A pesar de ello, su infancia fue feliz. Paliaba sus necesidades jugando al fútbol con sus primos y amigos.

Es así que a los doce años, en 1988, decide probar suerte en las juveniles del América Mineiro. Entrenaba y disputaba uno que otro torneo estadual. A su vez que en los ratos libres aprendió a fabricar muebles en el taller de su padre. Lo tomaba como un hobbie, sin creer lo que ocurriría poco tiempo después. En 1991, el papá de Gilberto Silva debe jubilarse, con lo que su hijo tenía hacerse cargo del mantenimiento de su familia, ya que su mamá atravesaba graves problemas de salud.

Ante aquel complicado panorama, a Gil (como lo llamaban de cariño) no le quedó otra que dejar el fútbol y dedicarse a la carpintería. Además que en sus horas libres trabajaba en una tienda de dulces. Haciendo ambas cosas, reunía 60 euros mensuales, dinero que por esa época le alcanzaba para que –por lo menos- no falte un pan en su mesa.

Pues de la noche a la mañana, la vida de Gilberto Silva había cambiado. De todos modos no se quiso dar por vencido. Con 18 años decide probarse en el Atlético, pero al poco tiempo la situación de su madre empeoraba, con lo que nuevamente debía dedicarse netamente a trabajar. Así, parecía que el sueño de su infancia se alejaba. Que el deseo de ser futbolista solo iba a quedar en intenciones, pero Gil jamás se rindió.

Con 23 años, una edad avanzada para el debut de cualquier jugador, Gilberto Silva se estrenó con el América Mineiro en el fútbol profesional. Logró ascender a la SerieA, y allí comenzaría su exitosa carrera deportiva. En el 2000 firmó por el archirrival Atlético Mineiro, club donde conseguiría el salto a Europa. De allí lo demás es conocido. Lo concreto aquí es que la perseverancia le ganó a todo. Gilberto Silva luchó hasta el final por su sueño, y a pesar de lo dura que fue su infancia, no se detuvo. Hoy conduce el camino del cuadro albinegro en la Copa Libertadores. A sus 36 años aún le queda talento para demostrar. Si de chico pudo, ahora de grande ¿por qué no?

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