Histórico
1 julio 2013Jose David López

Confederaciones: El Once Ideal 2013

Hace semanas, cuando abrimos nuestra cobertura de la Copa Confederaciones 2013, una de las premisas iniciales fue recordar que el torneo era, ante todo, una lucha contra la estadística. Nadie ignoraba ya desde hacía días, que aquél que había ganado las ediciones anteriores, jamás repetía un año después en el Mundial. Sucedió hasta ahora y, pese a ya conocer al campeón, el círculo de ese dato estadístico no se cerrará hasta dentro de unos meses de nuevo en suelo brasileño. Esos guarismos que ahora retan a Brasil, también lo harán con algunos de los protagonistas de esta fase final que, pese a haber tenido todo tipo de polémicas extradeportivas (sobre todo motivadas por las protestas y exigencias de un pueblo descontento con sus dirigentes), sí ha logrado ampliar el interés mundial por la cita. Y eso, es el especial aporte histórico de este 2013.

Un paso adelante para un torneo que nació en un experimento en manos de un dictador árabe, que abanderó la igualdad entre continentes durante algunas ediciones y que ha superado cualquier previsión comercial-mediática en brazos canarinhos. No hay duda que la expansión de la marca ‘Confederaciones’ ha logrado seguramente el impacto que buscaba la FIFA hace años y que, desde ahora, cada cuatro años impares también existirá una lucha evidente por conseguir mirar al resto desde lo más alto. Y aunque genere incluso en quien escribe una lista de realidades y opiniones bien diferentes (que analizaremos en otro momento), lo que es innegable es que el potencial de los jugadores de esta edición fue superior a cualquier otra. Por ello y para seguir la línea habitual, hemos querido sacar a relucir nuestro ‘Once Ideal’. ¿Se parece al tuyo?

Julio Cesar: Como si fuera hoy mismo recuerdo aquellos instantes de 2010 en los que Brasil ganaba a Holanda cómodamente sin haberse despeinado y aquellas dos acciones malditas donde, casi sin esperarlo, los oranje dieron la vuelta al marcador. Un balón aéreo donde no alcanzó a rechazar y una mala salida, doblegaron el rol de portero referencial al brasileño. Perdió esa credibilidad que estaba ganando con los años en un Inter donde fue rey hasta que el pasado año sus mermas físicas y de concentración le hicieron entender que era el momento de recular. Tanto, que acabó en un QPR ahora descendido en Inglaterra. Sin embargo, la aventura brittish le supuso una regularidad eficaz para recuperar su mejor versión y Scolari lo recuperó para sus planes nada más aterrizar. Hoy, tras ser el mejor del torneo (incluso en la final evitó en todo momento la reacción de España), cerró su círculo de venganza.

Maggio: No es un carrilero al uso en una línea de cuatro defensores, pero sí de cinco o un carrilero al más puro estilo brasileño. Tras haberle visto progresar en los últimos años (puesto que su carrera en Fiorentina, Treviso o Sampdoria no acababa de arrancar), su ofensividad en San Paolo le acabó dando opciones internacionales para demostrar este torneo que puede ser una de las mejores alternativas exteriores del momento en Europa. Mucho recorrido, profundidad, descaro y acierto en centros, algo que por muchos minutos fue la gran baza italiana en el torneo (sobre todo en una primera mitad antológica ante España donde desquició él solo a la campeona del mundo). Seguirá siendo clave hasta un Mundial 2014 donde Prandelli ya sabe que tiene un ‘extra’ diferencial.

Sergio Ramos: ¿Quién no pensó que iba a animarse con otro lanzamiento de Panenka? Todos lo vimos, todos lo presagiamos pero, de nuevo, como siempre, fue sólido. Gana en mis debates sobre el mejor central del momento y la base es tan férrea como su corpulencia, intensidad en cada jugada, físico imponente en acciones de reacción y un extraordinario juego aéreo tanto defensivo como ofensivo. Es más, si algo ha crecido en el recetario del sevillano, es su mejora en la salida de balón, algo que se ha multiplicado en instantáneas durante esta Confederaciones. Pero la final le mostró la otra cara. La del valiente que quiere impulsar a su selección tirando un penalti que no debía ser suyo y que le condenó desde el punto de vista mental. Saldrá, como siempre, hacia adelante.

Thiago Silva: Sí, a todos nos quedará en la cabeza el error, de bulto y grosero, que provocó el empate de Cavani en las semifinales (una mala salida de balón en el área de manera casi ridícula), pero su regularidad ha sido notable. En un torneo donde competían dos parejas de zagueros de primerísimo nivel, él demostró ser rápido en el corte, mejorar cada vez más en salida de balón largo, mostrarse líder de una selección creciente y el principal equilibrio de vestuario desde su capitanía. Dicen que tiene un rol potentísimo como sentimiento nacional entre sus compañeros y que desprende todo aquello que Scolari pretende en uno de sus iconos. Es uno de los más cotizados del mundo y sigue demostrando el porqué.

Jordi Alba: Ha tenido todo tipo de sensaciones en el torneo. Desde ser absolutamente determinante contra Nigeria, a ser ‘arrollado’ defensivamente por Maggio en la semifinal ante Italia. Pero el prototipo de lateral que es el catalán, evidencia desde hace tiempo que sus posibles quiebres en la línea trasera, son ampliamente multiplicados cuando el escenario le habilita una vía libre en su carril. Rápido, veloz, productivo, activo constantemente y aparición sorpresa como elemento indispensable para rupturas inesperadas. Siguió marcando goles, revolucionando el ataque de la Roja y aportando alternativas completamente destacables ante la férrea distinción táctica de la mayoría de los rivales. Su momento de forma es formidable y su futuro, abierto a muchos años de alegría. La única errata, su mal desempeño también en la finalísima, donde fue superado y no cerró buenos balances defensivos.

Paulinho: Llegaba con las mejores perspectivas, aliándose con aquellos que lo habíamos disfrutado en Corinthians como mejor jugador internacional aún en el Brasileirao y dispuesto a demostrar que su salto a Europa era inminente (tanto que durante el propio torneo se habló de varios clubes y parece que será jugador del Tottenham). Mediocentro revolucionario por concepto. Porque no solo ayuda a guardar posición a su ‘coche escoba’, sino que aporta sobre todo una grata alternativa desde segunda línea con disparos desde frontal, llegadas pisando área y otra opción a balón parado por su inteligencia en estas acciones, algo que incluso sirvió para acabar de matar a Uruguay en semifinales. Amplitud, recorrido y un importante fondo físico, le permiten aparecer en diferentes funciones durante los partidos pero siempre aportando. Es su momento y lo ha sabido aprovechar con un Balón de Bronce.

Pirlo: No hubo penaltis magistrales (el anotado a España siguió siendo dulce como pocos) ni asistencias de oro en momentos estelares, pero su personalidad es lo que mantiene a esta selección italiana de Cesare Prandelli en la vía correcta para poder competir nuevamente ante cualquiera. Un genial gol en el debut desde fuera del área para ganarse a los seguidores brasileños, le permitió ganar en confianza desde el primer día y su rol tuvo momentos determinantes para agigantar estas nuevas premisas de la azurra. Y aunque todos temen (tememos) el día que falte (sobre todo porque no existen más allá de aún joven Verratti, alternativas reales en Montolivo o Aquilani), las opciones de esta generación siguen pasando por sus pies.

Luis Gustavo: Hace solo unos meses, su rol en el Bayern de Múnich cambió. Era intocable pero una lesión hizo que, definitivamente, el fichaje mediático de Javi Martínez entrara en el once titular del que jamás saldría. Pero su mentalidad, fuerte, sólida y rocosa, le hizo seguir trabajando en la sombra, desde donde comprendió que puede seguir aportando. Equilibrio, sacrificado, único e lecturas tácticas y una hiperactividad abrumadora para abarcar todo el medio campo por sí solo si hiciera falta (mejora aún más en ese rol por la aparición de Paulinho). La final acabó de premiar su trabajo y hace entender a todos la importancia de jugadores que no gustan a las masas pero que hacen que las masas acaben gustándose.

Iniesta: En un torneo en el que ninguno de los llegadores o jugadores entre líneas de España, mostraron su mejor cualidad en sus versiones más determinantes, el manchego volvió a ser la piedra filosofal que repartió aplausos. Nunca le faltó mando, pues siempre se ofreció pese a calor extremo que debilitó a muchos de sus compañeros. Allí donde ya no había pulmones, él encontraba un respiro mágico para sacar del sudor a los presentes. Cuando los espacios no existían, él acababa reafirmando su visión periférica para sorprender con una brillantez concreta. Regates, driblings, pases y sensaciones que hablarían más del antiguo estilo brasileño, pero con la firma de quien sigue abanderando mejor que nadie el futbolista que todos querrían llegar a ser. Único pero excesivamente desaparecido en la finalísima. Pese a todo, Balón de Plata del torneo.

Neymar: Si unos días antes de arrancar el torneo, el considerado mejor club del planeta te presentara a todas luces en un ambiente mediáticamente incomparable, probablemente entenderíamos que su nivel se viera resentido. Pero lejos de cualquier previsión negativa, Neymar tuvo momentos de brillo y diferencia en cada partido (cierto que en algunos le sigue faltando más inteligencia y menos facilidad para salirse del guion), marcando goles (5), rompiendo rivales y mostrándose en todo momento como el elemento de alza para esta Brasil tan necesitada de rupturas y cambios de ritmo. Un líder por imagen, por futuro y por obligación para mostrar su cara más ‘talentosa’, pero también porque su rendimiento, perseverancia y atrevimiento, le harían siempre indispensable. Llegará en forma al Barcelona y más tras haber manchado la cara a algunos de los que se encontrará en la Liga. MVP.

Fred: Levantó ampollas en la lista de Luis Filipe Scolari, pues no guarda el cartel mediático y potencialmente estelar de aquellos que llevaron el glorioso ‘9’ de Brasil. Pero el seleccionador canarinho ha confiado desde su llegada al banquillo en las alternativas que le ofrece un jugador inteligentísimo en el juego de espaldas, con grandes lecturas ofensivas y que, además, en el Brasileirao lleva años siendo el más regular de los goleadores. Un delantero diferente al prototipo habitual pero convertido en un utensilio de máxima ayuda para beneficio personal y, sobre todo, de aquellos que mejoran sus virtudes a su alrededor. 5 goles, máximo goleador (junto a Torres) y nada menos que dos de ellos en la finalísima. Tiene el dorsal asegurado.

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