Histórico
1 julio 2013Jose David López

Confederaciones: Cinco lecturas clave del torneo

Brasil jamás podrá olvidar este 2013. Era el primer test, el primer examen, el primer compromiso con su pueblo y con el fútbol que había dejado desaparecer paulatinamente con el transcurrir pausado de los últimos años. Era el último sueño de Filipe Scolari, el primero de un Neymar coronado como estrella mundial y el de una renovada selección canarinha que había agigantado dudas en las últimas apariciones ante rivales de entidad. Pero también era el torneo de los nuevos estadios, de las pruebas por auto-convencerse capacitados para albergar todo lo que se les viene encima y, desde luego, para mostrarse al mundo como algo más que samba, buen tiempo y alegría en sus rostros. Tras finalizar su particular balance con diferentes éxitos y muchos fracasos, quien más y mejor puede sonreír es la FIFA, que ha logrado potenciar como deseaba una Copa Confederaciones que consiguió la repercusión mundial que añoraba. Analizamos las cinco lecturas más interesantes de la edición 2013.

1: El pueblo gritó contra el fútbol: No deja de ser el país del fútbol, pero mientras para unos representaba la única manera de reconciliarse y recuperar ese trono histórico que se tambaleaba puntualmente con la aparición de una generación de España capaz de afrontar cualquier reto, para muchos otros el fútbol era una maniobra de distracción eficaz para poder manifestar sus necesidades entre la enorme corrupción que tantos eventos mundiales (desde este torneo hasta Brasil 2014 pasando por los Juegos Olímpicos) ha multiplicado. No son dos alborotadores, sino miles, cientos de miles bien abanderados por personajes de diferentes escalones y estado social (incluso futbolistas internacionales campeones del mundo como Romario). Tal ha sido la capacidad de estos para hacerse escuchar, que las portadas del título abrían junto a fotos impactantes de los altercados que existen y existieron en torno a Maracaná. No se darán por vencidos. Es una etapa de fondo y apenas llegaron al primer puerto.

2: Neymar, el salto definitivo hacia el estrellato: Apenas 24 horas antes de que Brasil vapuleara a España en la finalísima, el jugador franquicia de esta selección canarinha de Scolari, generaba diferentes debates en medio mundo. En mi entorno, supuso un ritual concreto y muy repetitivo sobre las aptitudes reales de Neymar, al que muchísimos jamás pudieron ver en directo hasta este torno que le abrió las puertas del primer nivel absoluto. Se cuestionaba su capacidad para afrontar defensores teóricamente más tácticos que en el Brasileirao, se cuestionaba su exceso de fervor en situaciones de presión y hasta se esperaba poder seguir criticando alguna de sus escenas grotescas (como la que protagonizó ante Uruguay con Álvaro González). Y solo necesitó dos semanas de campeonato y un par de detalles para demostrar que puede aniquilar a cualquiera. Tendrá que seguir mejorando en algunos apsectos muy extradeportivos, pero su asesor de imagen ya le enseñó a demostrar respeto por el perdedor al ser el primer en acudir a abrazar y elogiar a España tras pasar por encima de ellos. Si quería un escenario ideal para llegar como estrella al universo Barcelona, no ha podido elegir mejor momento.

3: Paulinho ese desconocido convertido en indispensable: De desconocido a revelación. Llegaba con las mejores perspectivas, aliándose con aquellos que lo habíamos disfrutado en Corinthians como mejor jugador internacional aún en el Brasileirao y dispuesto a demostrar que su salto a Europa era inminente (tanto que durante el propio torneo se habló de varios clubes y parece que será jugador del Tottenham). Mediocentro revolucionario por concepto. Porque no solo ayuda a guardar posición a su ‘coche escoba’, sino que aporta sobre todo una grata alternativa desde segunda línea con disparos desde frontal, llegadas pisando área y otra opción a balón parado por su inteligencia en estas acciones, algo que incluso sirvió para acabar de matar a Uruguay en semifinales. Amplitud, recorrido y un importante fondo físico, le permiten aparecer en diferentes funciones durante los partidos pero siempre aportando concentración y un imponente estado de frenetismo bien entendido. Es su momento y lo ha sabido aprovechar con un Balón de Bronce.

4: España, de más a menos pero sin gustarse: Solo 35’, los que van desde el inicio del primer partido ante Uruguay hasta pocos antes de que en esa misma noche llegara el descanso. Ese fue el margen que la selección española decidió jugar a su mejor nivel en esta Confederaciones 2013. Mostró la mejor cara, la de la intensidad, la de la alegría, la del ritmo y la de la presión en campo contrario. Fuera por el exceso de confianza en un grupo accesible o por las potentes dificultades físicas que les ha exigido el torneo (calor excesivo y una humedad nada habitual para los españoles), los de Del Bosque acabaron desfondados, obligados a una prórroga mortal ante Italia en un partido con más corazón que ideas y auto-mutilándose para la finalísima ante un enemigo ‘resabiado’ en su planteamiento, con muchísima mayor ambición y con la cabeza más fría. La mejor noticia es que, de nuevo, la lectura debe ser la de aprovechar el golpe para aprender de él de cara al próximo año, sobre todo porque el conocimiento del resto de rivales hará más complicadas las tardes de gloria de España. Hay tiempo, pero debe haber cambios.

5: Será muy difícil evitar que Brasil gane su sexto Mundial en 2014: La pentacampeona sabe qué tiene y sabe cómo sacarle provecho. En apenas unos meses, Scolari ha logrado aportar identidad y sello referencial a su equipo, al que dota de muchísima intensidad, concentración y cinco pilares determinantes. Se apoya en dos centrales con gran salida de balón, en dos pivotes multi-recorrido, en los movimientos de un delantero inusual y en una estrella mundial que acaba de encontrar el mejor nivel de su aun corta trayectoria hacia los mayores éxitos. Con esos argumentos, la sola presencia de Brasil sería ya una gran baza para considerarla favorita al Mundial pero si, además, sobre telón de fondo aparece Maracaná y una interminable lista de sentimientos que impulsarán sin descanso desde tan románticos graderíos, parece más difícil todavía poder aplacar el sueño canarinho en un año. España tendrá que esperar su Maracanazo 2.0.

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