Histórico
11 julio 2013Jose David López

Borussia Dortmund: Aubameyang-Mkhitaryan y el trampolín de Klopp

Fue el peor. Uno de esos momentos donde no hace falta ser profesional para conocer lo sucedido, sino que se aprecia desde cualquier perspectiva amateur. Un salto erróneo, una colocación nefasta y un nerviosismo que superó su concentración, generó el que ya ha sido tachado como el salto más patético en la historia de los Juegos Olímpicos. Hace apenas un año, el alemán Stephan Feck terminó último en su eliminatoria de trampolín de 3 metros en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, pero sin embargo, fue número uno de los videos más vistos en la red por el tremendo ridículo que pasó en una de sus ejecuciones. Se trataba de un clavado al frente con tres vueltas y media que terminó cayendo de espalda contra el agua. Nunca antes se había visto en este nivel un desastre tal, ya que incluso los jueces calificaron con cero el intento (jamás se había visto). El germano no quiso hablar de ello pero en su país, tras indagar sobre sus intimidades, encontraron todo tipo de datos sobre él, aunque a mí solo me interesó que era aficionado del Borussia Dortmund.

El Westfalen, ese estadio donde el propio Stephan disfrutó de impulsos de alegría, impactos bruscos y hasta golpes de ‘agua fría’, representaba otro trampolín. Cierto que para otro tipo de deportistas, futbolistas, pero igualmente necesitados de un salto exitoso para cumplir sus metas. Años de entrenamiento, trabajo duro y esperanzas que en el caso del saltador, cayeron en vacío en cuanto a premios, pero que también genera cada jugador del Borussia Dortmund, todos conscientes de que el trampolín en el que se ha convertido su equipo (ideal en multiplicar la repercusión y el valor de sus éxitos), les hará progresar y seguir creciendo profesionalmente. Todo el que salta con brillantez allí, tiene la decisión de elegir un futuro más adinerado y cientos de destinos en la élite. Buscando la historia de su propio salto, la maquinaria regenerativa del Dortmund ha ‘atado’ a dos nuevos experimentos para su trampolín perfecto: Aubameyang-Mkhitaryan.

La política deportiva del Borussia Dortmund se trastocó por completo tras la crisis institucional y la quiebra que a punto estuvo de hacerles desaparecer a principios de siglo. El punto de partida, el inicio del proceso tras el calvario, lo inició con una estricta reglamentación la directiva que aún hoy sigue al mando y la que confió en Jurgen Klopp como entrenador joven, ambicioso y ejemplarmente agradable para transformar la estructura deportiva del Westfalen. Sus lecturas para reforzar la plantilla fueron determinantes para las mejoras que durante una década, han logrado levantar al club y ofrecer un rendimiento muy por encima de lo esperado. Todo se basó en juventud, confianza en chicos que estaban en proceso de crecimiento y en impulsar sus cualidades en torno a esa ambición que el caracterial míster les multiplicaría.

Así, llegaron Subotic (4,5 millones), Hummels (4.2 millones), Lucas Barrios (4.2 millones), Sven Bender (1.5 millones), Ilkay Gundogan (5.5 millones), Lewandovski (4,7 millones), Leitner (800.000 €), Kagawa (350.000 €), Lukasz Piszczek (gratis), Mario Gotze (canterano) o Grosskreutz (gratis). Todos ellos multiplican bruscamente sus precios de mercado ahora mismo y todo, producto de la capacidad evolutiva que les ofreció en la élite el Borussia Dortmund. Una lectura de mercado acertada que cada vez le cuesta más mantener debido a las peticiones y valores de los jugadores a los que debe intentar contratar, pero que sigue siendo una dinámica diferencial con respecto a los otros grandes clubes del continente. Klopp sigue confiando en su ‘generador de estrellas’ y esta vez, pese a tener que desembolsar 38 millones por ambos (lo mismo que lograron por el traspaso de su promesa, Mario Gotze, al Bayern de Munich), han repetido la maniobra fichando dos jugadores de este perfil: Aubameyang-Mkhitaryan (también han atado al central o lateral Sokratis). Calidad, experiencia y juventud pero hasta ahora en un cartel inferior y sin haberse expuesto a la continuidad-regularidad como examen diario.

Y ambos representan por igual el crecimiento individual alejado de la élite, de las presiones, de las dudas y de los técnicos que siendo jóvenes, prefirieron apartarles y no ofrecerles la confianza que ahora les permite Klopp en suelo amarillo. Pierre-Emerick Aubameyang, del que hablamos justo antes de que explotara en la Copa África de 2012, llega tras la mejor campaña de su carrera, habiendo marcado 19 goles en Ligue 1 (segundo máximo goleador del campeonato y un total de 21 goles en todas las competiciones), y regalando nada menos que 8 asistencias. Su explosión no responde a algo puntual, sino a un trabajo a largo plazo que empezó siendo ‘pescado’ por el Milan cuando era menor de edad y al que, como tantos, no supieron aprovechar en San Siro, donde tras múltiples cesiones en Francia, acabaron por perder. Dijon, Lille, Mónaco y finalmente, el exitoso paso por St.Etienne con 38 goles en dos cursos. Su impulso definitivo llegó en esa CAN con Gabón (pese a que llegó a ser Sub 21 francés), donde es una estrella mundial y, desde entonces, sus singulares botas (las más caras del mundo por tener cristales Swarovski) y sus excéntricos peinados, lo colocaron en el punto de mira mediático. En el césped, dejan claro que se trata de un jugador con velocidad, potencia, una gran zancada y capacidad asociativa para aportar soluciones, sobre todo en contragolpe. Buenos movimientos, sabe retrasar posición para producir espacios y segundas jugadas pero, además, goza de una corpulencia interesante para que sus llegadores sepan leer.

Ese rol de recorrido medular, apariciones desde segunda línea, grandes aportes asociativos con amplitud y disparo desde media distancia, es justo lo que representa su nuevo acompañante, el armenio Henrikh Mkhitaryan. El auténtico héroe de Yerevan (su ciudad, donde es ciudadano de honor), perdió a su padre, Hamlet Mkhitaryan (ex delantero potente del Ararat Yereban), cuando era muy joven debido a un tumor cerebral con apenas 33 años pero de él aprendió a amar el fútbol. No sólo el hijo, porque su madre es la jefa del departamento nacional de la federación de Fútbol de Armenia y su hermana mayor, Mónica, trabaja en la sede de la UEFA. El futuro futbolístico del país dependía en diferentes términos y extensiones, de la habilidad de su familia pero sólo Henrikh interpretó esa habilidad en el césped. Primero debutó siendo menor de edad con el Pyunik Yereban y tras tres campañas, el Metalists le ofreció un salto que acabó por colocarlo en el Shakhtar Donestk donde su progresión ha llegado al máximo este curso con 26 goles y 11 asistencias, siendo igualmente la gran esperanza nacional para los éxitos de Armenia (a la que lidera en sus intentos por llegar a fases finales). Un enganche liberado, con amplitud, capaz de habituarse a otras zonas de la medular pero que será espectacular para lanzar contragolpes y poner talento entre líneas para el Westfalen.

Y es que esa será la nueva pretensión de Klopp, recuperar la versión más veloz, imprevisible y directa de su equipo. Con Marco Reus como estrella actual, podrá explotar aún más sus cualidades, arropándolo con un delantero lleno de movilidad-potencia (Aubameyang), así con un llegador habilidoso, asociativo pero sobre todo con capacidad para crear espacios y disparos desde segunda línea (Mkhitaryan). Será el Dortmund de la presión ofensiva, del intento de robo en zonas cercanas a la portería rival y, sobre todo, el equipo que buscará montar rápidos ataques con lanzadores y generadores desde posiciones más retrasadas para dar rienda suelta a lo que sean capaces de crear los magos ofensivos. Otra versión que sigue la línea de los últimos años pero que será más directa y veloz. Espectáculo y talento para seguir abrillantando ese trampolín amarillo que no para de generar estrellas. El salto inicial será en menos de un mes…

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