Histórico
25 julio 2013El Enganche

Barcelona: Sandro, Pep y la sonrisa torcida

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Como después de la tormenta llega la calma, después de los éxitos llega el fracaso. Y las sonrisas torcidas. Quizá desencajadas, porque donde decía idolito ahora pone enemigo. Nada más lejos. Y después de las palabras llegan sus efectos, a menudo en forma de boomerang que rebota en quien habló más de lo que pudo por pavonear ante el pueblo. Una especia de Miguel Ángel Revilla disfrazado de despotismo ilustrado, si bien con poca ilustración de por medio.

Sandro Rosell, es cierto, tiene hechos y no verbo. Su palabrería es desparramada y soberbia, una notable seña de inseguridad –quizá mentira–. Sus hechos, por el contrario, son directos. Diría que sinceros, pero sería apostar alto. Eso sí, son ilustrativos. Señas inequívocas de incapacidad. O de prioridad. El modelo florentiniano del rendimiento económico por encima de lo deportivo y del cortijo entornado en el sentido completo de la palabra. Lo que rodea y con el candado echado. El ruido mediático le señala afluentes a la masa, mientras el presidente camina por el río.

Abidal fue la manifestación más evidente del cambio. Y Guardiola la ratificación absoluta, capaz y lúcida de la crítica a una gestión fantasma que no pone luz al traspaso de Neymar, donde parece haber cobrado hasta el cocinero de La Masía. Opaca la operación de Villa en un traspaso irrisorio y juguetea con la enfermedad de Tito como el gato con el ovillo. Y ha colocado a los mejores canteranos en la rampa de salida, en fila de a uno y a toda marcha, como si quisieran crear un abanico que separara a buenos y malos. Sandristas aquí; el resto, dispersos.

A Rosell le rebotaron los valores, le explotó dentro Valdés, le reventó Villa y Guardiola detonó la bomba. Cada minuto es un gramo menos de credibilidad, pero una aparición pública pude ser como el recién salido de la ducha que enchufa la radio, le dejará electrocutado. Un golpe y cae. Guardiola ha subido al ring para dar el gancho al púgil que se tambalea en el recibidor, al corrupto que, con los bolsillos lleno de billetes, se declara insolvente. La realidad, siempre espejo de la vida, es que Rssell es un personaje sacado de una cita de Shakespeare: “Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo”. Sandro ya huele a quemado.

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