Histórico
2 julio 2013Jose David López

Andorra: Un día Champions con el FC Lusitanos

Las maletas empiezan a acumularse en la puerta de salida, los mapas han invadido la mesa y el reloj empieza a acercarse a la hora deseada. La ilusión tras un largo año de trabajo comienza a dispararse, es el premio, el merecido momento de alegría después de tantos sudores y presiones acumulados en los últimos meses. Esa instantánea netamente vacacional, más aún en el recién iniciado mes de julio, podría añadir palas, sombrillas y bañadores pero aquí, donde el nivel del mar queda a más de 1.000 metros y donde la temperatura montañosa hace refrescar hasta en verano, ahora no es tiempo de descansos, sino de provecho, de crear trabajo a su comunidad cosmopolita y de sacar la cabeza de la eterna crisis que les golpea desde hace varios años.

En Andorra la Vieja, capital del estado andorrano situada en los Pirineos, existen cuatro tiendas importantes de deportes y varias más donde podríamos comprar lo indispensable. Pero en todas ellas, el elemento estrella se aleja muchísimo de los estándares cotidianos en el resto de la península. Botas especiales para escalada, tiendas de campaña, gafas especiales, tablas de snow y todo tipo de provisiones para aquellos que aman las alturas, el frío y la nieve, que cubre durante largos meses las vidas de los andorranos. Con la llegada del calor, que aquí nunca es total pero que sirve para trastocar las costumbres diarias, los deportes ‘extremos’ dejan paso a lo natural, la pelota, las botas y el césped. Con la gran mayoría de clubes del continente en estado de relajación liberando sus proyectos en paraísos exóticos, la más mediática y potente de todas las competiciones continentales, rompe su corto letargo. El estreno, la Champions League, el premio a una vida humilde. El día más importante de la historia del peculiar FC Lusitanos.

El Principado de Andorra, territorio parlamentario con doble poder para el obispo de Urgen y para el presidente francés François Hollande, no tiene fuerzas armadas propias y pese a ser pobre durante toda su historia, prosperó notablemente tras la segunda Guerra Mundial por su condición de paraíso fiscal (no tiene esa condición para España desde 2010). Suelo cercano pero más desconocido de lo que parecería para los españoles, y suelo hermano de raíces portuguesas, pues los lusos representan la segunda lengua como consecuencia de la inmigración. En el momento en el que Andorra se consolidó como un estado soberano, los vecinos portugueses cayeron en la atracción de trabajo en diferentes sectores comerciales e industriales, además de diferentes movimientos armados suscitados en Portugal en el siglo XX. Tanto, que hoy en día son más de 20.000 los lusos que residen en el Principado andorrano, un porcentaje de más del 30% respecto a su población total. Demasiados como para que las costumbres de su pueblo no dejaran su sello en el nuevo hogar.

Un numeroso grupo de ellos, habitantes todos de Andorra La Vieja (capital), quedaban puntualmente una vez a la semana para satisfacer su pasión por el fútbol hasta que la facilidad para establecerse como club profesional en el país, les permitió fundar hace 14 años (en 1999), el carismático FC Lusitanos. El amor a su país y la necesidad de querer distinguirse del resto de competidores, les llevó a clonar aquellas raíces, vistiendo exactamente los mismos colores de camisetas que la selección portuguesa (rojo-verde en su primera equipación y blanca con líneas frontales en la segunda) de la marca lusa Peba y, desde luego, recalcando sus antepasados con un escudo similar al de la Federación Portuguesa de Fútbol. No querían ocultarse, sino destacarse. No quieren ser apartados, sino protagonistas. Así lo aseguró desde el primer día el empresario portugués y presidente, Antonio Da Silve Cerqueira, que configuró una plantilla casi lusa al completo (salvo tres-cuatro andorranos y algún sudamericano o español).

Y desde su primer año de existencia, cuando lograron ascender a Primera División andorrana (sí, existe una segunda categoría pese a que pueda sorprender), nunca pasaron desapercibidos, sumando además su primer título oficial apenas dos años después con la Copa de la Constitució. Su debut continental no llegó hasta 2010, cuando tras una campaña donde rozaron el título nacional, su plaza europea les llevó a cruzarse con el Rabotnicki macedonio, con mucha más experiencia, jugadores internacionales y un huracán goleador que arrasó suelo andorrano con un global eliminatorio de 11-0 (el Varadzin croata les endosó después un 6-0 en su siguiente participación). No es extraño, es la realidad, la de un grupo de amigos amateurs que no viven dedicados plenamente al fútbol, y la de futbolistas que, aunque podrían ser ninguneados por la gran mayoría de élite, sí pueden tener esperanzas de dedicarse profesionalmente a su hobby.

Para los Lusitanos, ese hobby, ese ocio, no pasa de eso y probablemente nunca pasará. De ahí su grandeza, de ahí la pasión y de ahí la heroicidad que vivieron solo unos años después, cuando levantaron el título y alcanzaron el cielo de la Champions League. Chicos, amigos de cervezas, compañeros de trabajo en la albañilería y hasta parados por falta de alternativas para cubrir sus necesidades básicas pero, ante todo, futbolistas ilusionados con la enigmática musiquilla que inventara para la eternidad el inglés Tony Britten cuando ellos ni siquiera habían nacido (data de 1992). Su estreno, en pleno verano y cuando la palabra Champions suena aún lejana tras la borrachera del curso anterior, fue como todos esperaban. Pese a su energía, ímpetu y alegría por cada pelota, la única realidad es que incluso un modesto enemigo como La Valletta, campeón de Malta, es capaz de infringirles un correctivo 9-0.

Tras imponerse con mucho sufrimiento en el campeonato andorrano este curso, FC Lusitanos repite sueño este martes. Sin nieve a su alrededor que les reste protagonismo y con los clubes europeos absolutamente relajados en paraísos playeros, los de Carlos Sánchez ‘El Maño’, pretenden que Andorra la Vieja se concentre en el catalogad como partido más importante de su historia. La primera ronda de Champions, esa que disputan los campeones de los cuatro países con peor coeficiente UEFA (actualmente Andorra, Islas Feroe, Armenia y San Marino), les cruza en su segundo intento con el Streymur feroés, igualmente amateur, que también participa por segunda ocasión pero que curiosamente cumple su centenario estos días. A su favor, que las temperaturas pueden debilitar bastante la propuesta de su rival. En contra, que los visitantes ya están mucho más rodados este año pues la competición local se realiza en año natural y ya se han disputado 15 jornadas.

La ilusión, la esperanza y la grandeza de quien nada tiene que perder, seguirán siendo las mayores premisas del Lusitanos. Sus ‘fichajes estrella’, los dos internacionales andorranos Cristian Martínez y Fernando Polo, dan mayor expectativa de milagro. San Juliá de Loria ofrece el Aixovall, un coqueto estadio para 900 personas, abre sus puertas de gala para el choque más peculiar de Europa estas primeras semanas de competición. ¿Y a quién le importa el resultado? ¿Existe mayor gloria para un aficionado a la pelota que ser oficialmente jugador de la competición más grande a nivel de clubes? Es su día. Es su momento. Es la fuerza del fútbol sin ataduras ni billetes. Es la Champions de los humildes.

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