Histórico
7 junio 2013Francisco Ortí

Venezuela: El sueño inacabado de Chávez

La muerte tiene la virtud de dignificar al difunto, con independencia de cuales fueran o fuesen sus pecados en vida. En determinados casos, sin embargo, la tarea resulta más complicado. Con Hugo Chávez, por ejemplo, es necesario realizar un esfuerzo, pero hasta en la figura del comandante venezolano se encuentran razones para positivizar un legado que se extendió durante catorce años desde que el 2 de febrero de 1999 fuera elegido presidente. La muerte del líder de la Revolución después de caer derrotado a los 58 años ante un cáncer contra el que había batallado durante año y medio bañó de lágrimas un país transformado por el mandato de Chávez, con el fútbol como máxima expresión del cambio. Venezuela es distinta. Su fútbol, irreconocible.

Una transformación paradójica puesto que a Hugo Chávez jamás le gustó el fútbol. El beisbol reina en Venezuela por encima de cualquier otro deporte y Chávez era uno de sus súbditos. El comandante venezolano era seguidor acérrimo del Navegantes de Magallanes, uno de los equipos de beisbol más laureados de Venezuela. Sin embargo, como descubrieron antes tantos otros dictadores o mandatarios ególatras, Chávez entendió que el fútbol era una potente arma propagandística, idónea para promocionar los valores de su Revolución Bolivariana. El fútbol serviría como altavoz para narrar las virtudes de su gestión al frente de Venezuela y exacerbar los valores nacionales. El fútbol, según Chávez, era una herramienta y ambos se beneficiaron mutuamente.

La Copa América 2007 marcó el inicio de esa concepción del fútbol por parte de Chávez. Hasta ese momento era uno de los rincones olvidados de su política. Sus clubes sufrían goleadas cada vez que pisaban territorio extranjero y su selección era una de las más flojas de toda Sudamérica. La Vinotinto era la Cenicienta de la Conmebol, condenada a hundirse una y otra vez en lo más profundo de las eliminatorias para estar en el Mundial de turno. Sin embargo, en 2006 se produce ese punto de inflexión para el fútbol venezolano. La Conmebol concedió a Venezuela la organización de la Copa América 2007 y Chávez lo entendió como la oportunidad perfecta para presumir de la evolución que había experimentado el país desde que él tomó el mando e impuso sus ideales revolucionarios. En apenas un año la fisionomía del fútbol venezolano experimentó un cambio radical. Una limpieza de cara en la que Chávez cuidó todos los detalles. Se construyeron estadios desproporcionados en comparación con la asistencia de espectadores a los mismos, instalaciones ruinosas pasaron a ser de última generación, se amenazó a los periodistas para que no informaran de la política venezolana y pidió a los ciudadanos un comportamiento ejemplar mientras durase el torneo. Quiso construir una falsa realidad. Aunque no funcionó demasiado bien.

Aquella Copa América 2007 fue una de las más descafeinadas de los últimos años y con menos presencia de aficionados en los campos. Sin embargo, fue clave para Venezuela. Marcó un antes y un después para el fútbol venezolano. Aquel torneo consagró a la Vinotinto como la selección de los venezolanos. La hicieron suya. Venezuela cayó en los cuartos de final ante Uruguay por 1-4, pero la imagen que ofreció en la fase de grupos fue suficiente para que el país desarrollara un sentimiento de pertenencia hacia sus jugadores. Habiendo asumido la derrota como costumbre, la Copa América 2007 convirtió a los componentes de la Vinotinto en héroes después de que fueran capaces de liderar un grupo en el que coincidían con Perú, Uruguay y Bolivia. A partir de ese momento, el fútbol venezolano en general y su selección en particular experimentaron un crecimiento irrefenable.

Anteriormente ya se habían dado muestras del crecimiento de la Vinotinto, como el Centenariazo derrotando a Uruguay en Montevideo en 2004, pero, en efecto, fue la citada Copa América de 2007 la que marca el ascenso definitivo. Venezuela dejó de ser una mera comparsa para transformarse en una de las selecciones punteras de Sudamérica, luchando hasta el final por estar en el Mundial de Sudáfrica 2010 y confiando en ganarse un billete para Brasil 2014. Los números evidencian un crecimiento sin precedentes. En 1998 Venezuela ocupaba el puesto 129 en el Ranking FIFA. En 2011 alcanzó el 39º puesto, el más alto de toda su historia. En las Eliminatorias 2010 Venezuela terminó octavo en la clasificación, logrando rascar un empate contra Brasil. En la Copa América 2011 alcanzó las semifinales, cosechando el mayor éxito de su historia en la competición. Tras esta evolución se oculta un profundo trabajo de cantera, desarrollado por el ahora seleccionador César Farías. La selección Sub’20 logró clasificarse para el Mundial de la categoría de Egipto, lo que supuso la primera participación a nivel mundial de Venezuela en cualquier categoría FIFA, y de ese grupo nace la base del futuro de la Vinotinto, conviviendo en la absoluta dos generaciones en la que brillan veteranos como Arango, nuevos talentos como Salomón Rondón, o nacionalizados como Amorebieta.

El siguiente reto es estar en el Mundial de 2014 y por el momento se está cumpliendo con el plan. Después de once jornadas, Venezuela ocupa la quinta plaza en las eliminatorias sudamericanas para Brasil 2014, cosechando resultados históricos como el triunfo ante Argentina por 1-0. “Tenemos carácter y tenemos tigres también”, declaró César Farías después de empatar en Uruguay. Por primera vez en su historia, Venezuela se ve capaz de disputar un Mundial. Los próximos encuentros serán decisivos. Primero visitará a Bolivia en La Paz y, el 12 de junio recibe a Uruguay, su principal rival por el quinta puesto. Es evidente que tras los catorce años de Chávez como presidente de la República Bolivariana de Venezuela el fútbol venezolano ha experimentado un desarrollo espectacular, pero los próximos retos deberán lucharse sin el comandante. El cáncer dejó inacabado el sueño Hugo Chávez. La Vinotinto deberá acabarlo por él.

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