Histórico
11 junio 2013El Enganche

Uruguay: La raqueta goleadora de Forlán

Por Gabriel Casimiro (periodista especializado en fútbol sudamericano)

La vida suele marcarse por decisiones, que en muchas ocasiones deciden tu futuro y no te permiten una vuelta atrás. Pasa en todo ámbito, incluso en el plano profesional. Allí, donde quizás se vive la etapa más dura para tomarlas y donde la duda resulta tu peor enemigo, aparece la adolescencia. Momento de cambios, sensaciones y experiencias. Momento de dudas, sentimientos y pasiones. Todas, como las que vivió Diego Forlán, que muy cerca estuvo de marcar su destino lejos de las canchas de fútbol, de lo goles que le dan alegría a sus días y engrandecen su imagen con los logros deportivos para todo un país. Corría el año 1994 y el ‘Cachavacha’ por ese entonces tenía apenas 15 años. Su vida transcurría entre sus amigos y el fin de la etapa escolar. Claro está, además de sus pasatiempos, ya tenía el ligero deseo de lo que quería dedicarse a futuro. Allí, por su cabeza, solo pasaba una cosa que sí tenía foma redonda y esférica, pero que no se ajustaba a la realidad actual. Forlán quería ser tenista.

Le había agarrado el gusto al deporte blanco, lo practicaba en su natal Montevideo y lo hacía muy bien. Así que si nada extraño ocurría, ese iba a ser su motivo de satisfacción a lo largo del tiempo. Sin embargo, había un detalle que no encajaba en la familia Forlán, que analizó varias posturas antes de decidirse por dar opinión a su hijo. El pequeño Diego venía de una generación futbolera, lo que desde luego le había permitido marcar diferencias en el deporte de manera global, más allá de cualquier elección más concreta. Su padre, Pablo Forlán fue un destacado futbolista, siendo uno los pocos que disputó tres Mundiales con la selección uruguaya. Mientras que su abuelo Juan Carlos Corazzo también jugó al fútbol, y hasta llegó a ser entrenador de la ‘celeste’ ganando dos títulos de la Copa América. Es decir, corría sangre futbolística por la vena de los Forlán, un detalle nada menor que debía ser clave para el fútbol de Uruguay.

Así, el más entusiasta con que Diego siguiera los pasos de sus progenitores era papá Pablo, que día a día le pedía a su hijo que se dedicara al fútbol. Más aún cuando fue nombrado Coordinador General de Peñarol, su equipo de toda la vida. Sin embargo, la respuesta de Diego era negativa. Mientras más le insistía, él se aferraba a jugar tenis, al paso que con unos amigos estaba por rentar una casa de playa pues también quería estudiar Derecho. Parecía todo perdido, aunque la última esperanza cambiaría aquel panorama.

Don Pablo recurrió a un amigo de la familia que había visto crecer a Diego. Se trataba del doctor Jorge de Paula, quien charló con el pequeño y bajo una ligera táctica, inclinó al ‘Cachavacha’ a dedicarse al fútbol. Como él ya estaba convencido en practicar el tenis, el doctor le dijo que para desarrollarse a fondo en ese deporte y por un tema de salud, debía trabajar mucho en lo físico, para lo cual era conveniente que haga una buena pretemporada. Y qué mejor que en Peñarol, donde su padre trabajaba y lo podía llevar bien.

Diego Forlán aceptó. Fue a la sede del club, y se entrenó fuerte a doble y hasta a triple turno, mientras charlaba a menudo con su progenitor, quien lo empezaba a convencer. “Ya estaba allí, así que me gustó como se trabajaba y decidí seguir para adelante”, cuenta el hoy delantero. Arrancó de suplente en Peñarol, pero ese principio le depararía muchas buenas cosas. En la actualidad, es el delantero que más partidos tiene con la selección charrúa (97), es un ícono del balompié de su país, y esta noche ante Venezuela buscará meter a Uruguay en la pelea por un nuevo Mundial, el tercero de su carrera. La semana que viene, volverá a ser referente (cada vez más en la sombra de Cavani y Luís Suárez) en la Copa Confederaciones. Ahora, con los últimos días de profesionalismo futbolístico en su cabeza, vuelve a ser momento de tomar decisiones, pero primero, de lograr los últimos objetivos. Nunca abandonará su raqueta, aunque esté cargada de goles. El tenis quizás perdió a un buen tenista, pero el fútbol ganó a un excelente futbolista.

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