Histórico
14 junio 2013Jose David López

Tahiti: Vahirua, el remero goleador

Unos 260.000 habitantes charlan diariamente en maohi en la isla de Tahiti. Les preocupa la falta de trabajo alarmante que ha destruído la gran mayoría de sus planes de crecimiento, les intimida la cada vez más notable unión entre estaciones por el cambio climático que empeoró sus cifras de turistas y luchan por conseguir agua potable más allá de sus principales epicentros sociales. Es casi imposible, muy improbable, que el fútbol encuentre minutos de debate entre sus habitantes pues no existe nada parecido a la profesionalidad, no es uno de los deportes prioritarios y apenas unos cuantos entendidos podrían encontrar estímulos al deporte rey en toda la isla. Y pese a todo, de allí procede el campeón oceánico (se impuso en la OFC Cup a Nueva Caledonia en la final), la selección más singular, desconocida y débil que se asomará a la élite de la Copa Confederaciones 2013.

Papeete, principal centro del país, representa la casa de la mayoría de sus integrantes. Jugadores amateur, alejados de cualquier sistema competitivo y preocupados por cuestiones de la vida real, la de sus familias, la de encontrar un método para aguantar cada día en pie y la de luchar por llevar comida a su mesa. La selección de Tahiti es la cara desconocida del fútbol, la que muestra como una tercera parte de una plantilla, está condenada directamente al paro por falta de trabajos debido al impacto de la crisis. No es que no sean futbolistas que cobren por ello, sino que es que ni siquiera logran concretar sueldos honrados en otras actividades externas. Los pocos que mantienen su trabajo, se dedican a los servicios o pasan horas como asistente telefónico, lo que les permite al menos seguir reuniéndo fuerzas para unir sentimientos futbolísticos en torno a la bandera de su país. Esa, que tras una vida llena de goles y andanzas en la élite, podrá ofrecer el merecido premio internacional a la única de sus estrellas, el ‘remero’ Marama Vahirua.

El delantero, ya de 33 años, nació en la capital tahitiana y a los 16 años fue contratado por el Nantes debido a contactos de su familia, ya que su primo mayor, Pascal Vahirua, era en esos momentos jugador profesional en Francia (llegó a ser internacional galo en 22 ocasiones). Ese afecto, ese espejo en el que mirar las posibilidades de salir de una vida condenada para soñar en libertad, dio el impulso definitivo a Marama, que trabajó sin parar hasta convertirse en una de las grandes promesas surgidas en Les Canaris, llegando a ser el jugador revelación en el año en el que se proclamaron campeones de Copa (2000) y de la Ligue 1 (2001). Sus goles, talentosas acciones y capacidad para generar alternativas ofensivas con inteligentes movimientos, le hicieron progresar rápidamente, debutando en primer nivel con solo 18 años, sirviendo para que pronto recibiera la llamada de las categorías inferiores de la selección francesa a cargo de Raymond Domenech (disputó 6 partidos anotando dos goles).

Sin embargo, la mente de Vahirua jamás abandonó Tahití. Convertido en la estrella que servía como ejemplo de un exitismo impropio para sus habitantes, el goleador pasó a la fama por devolver ese cariño a sus compatriotas cada vez que su relación con las redes le permitía aumentar sus cuentas anotadoras. Así, todas y cada una de las celebraciones del mito de Papeete, representaban una muestra de afecto. Sin dudarlo y repitiendolo durante toda su carrera, coloca la rodilla en el césped, deja la otra pierna atrás y genera paladas a ambos lados, convirtiéndose desde el primer día en el ‘remero’. Una maniobra de festejos única, sin igual y representativa de su tierra pero también de su juventud, pues jamás ocultó que antes de conocer la pelota, era un experto surfista que soñaba con divertirse cada día en carreras de piraguas por las playas de su país. “He hecho que la pagaya sea un símbolo de mi país. Para mí, imitar ese gesto cuando marco representa la ocasión de saludar a mi país. ¡Y también se ha convertido en mi sello distintivo!”.

Nantes, Niza, Lorient, Nancy, Mónaco y ahora Panthrakikos, han provocado 93 celebraciones de remero en toda su carrera, que se encuentra de manera inesperada un premio asombroso con esta Copa Confederaciones que le permitirá disputar el unico gran torneo internacional de su enigmática trayectoria. Consciente del cariño de su pueblo por él, cuando Tahití logró contra pronóstico clasificarse para el torneo, el seleccionador Eddy Etaeta pensó en él como el icono planetario que debía engalanar las promociones y unir a un vestuario donde él representa el único espejo brillante donde enfocar miradas. “Para un país como el nuestro, supone una ocasión enorme. Es una oportunidad única de elevar todavía más el nivel de nuestro fútbol y del deporte en general. En Tahití mucha gente lleva años trabajando para esto. Estamos progresando. Esta competición permitirá dar un paso más. ¡El equipo es un grupo de amigos! Yo jugué con la mayoría de ellos de pequeño. En Tahití, todos empezamos así. Y Naea Bennett, el capitán, es mi primo hermano”. Ilusión y sonrisas para disfrutar de unas semanas irrepetibles que colocarán a los Los Toa Aito (“Guerreros de Hierro”) en el centro del universo futbolístico. El único reto, casi milagroso, es conseguir que el ‘remero’ pueda dejar su imprenta en forma de gol…

Todos los articulos curiosos de nuestra sección Quesito Naranja

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche