Histórico
16 junio 2013David De la Peña

Italia: Tres futbolistas olvidados

El Inter y el Genoa son dos entidades confusas, indeterminadas, y en cierto modo caóticas. Cada una a su nivel, por supuesto, aunque no está de más recordar de vez en cuando que el club genovés tiene 9 Scudetti. El Genoa -tampoco está de más recordar que aunque la ciudad en italiano sea Genova, el club conserva el nombre que le pusieron sus fundadores ingleses-, lleva tiempo vagando entre temporada y temporada. Y digo entre temporadas porque es complicado definir los actos de Preziosi como proyectos. Vamos, que lo de Giochi Preziosi, empresa de la que Enrico es fundador y mayor accionista, va como anillo al dedo para referirse a su Genoa. Al Inter poco le retrata mejor (o peor), en su etapa moderna, que la desintegración de la plantilla que ganó el triplete en 2010. Nombrar a Roberto Carlos o a Pirlo no es para los oídos interistas buena melodía, pero aún conociendo el deslavazado quehacer de Massimo Moratti en la construcción de plantillas, resulta sangrante ver cómo el Inter ha pasado de ganarlo todo a ser noveno en la Serie A en apenas tres años.

Hoy empieza la Copa Confederaciones para Italia, y mirando su plantilla a fondo, he pensado en varias cosas. La primera, que sus principales estandartes agotan sus días de fútbol. Buffon es a sus 35 años el futbolista más talentoso de esta azzurra. Pirlo, quien le disputa el honor, ha vivido una temporada donde la falta de chispa le ha superado en los momentos más exigentes. Quizá Chiellini, Marchisio o De Rossi –intermitente en el campeonato doméstico- sean lo más cercano a un futbolista super-élite que aún puede dar sus mejores días. Y lo cierto es que la cuenta se queda corta para poder ganar a los mejores. Así que pensé en qué futbolistas habían dado síntoma esta temporada en la Serie A de poder, en un futuro inmediato, meter la cabeza en ese grupo. Y de rebote me fijé en Inter y Genoa. Uno noveno cuando tenía que pelear el Scudetto, y el otro salvándose porque solo tres lo hicieron peor.

El Inter vio en el marcador del Juventus Stadium que había ganado, pero desde entonces lo único que hizo fue contribuir a que en aquel mismo electrónico pusiera seis meses después que la Vecchia Signora le había vencido 1-0 al Palermo, y que era campeona de Italia. Era el segundo título consecutivo de los bianconeri, y las bufandas y demás componentes decorativos desfilaron por el césped. El elemento de atrezzo favorito, por supuesto, fue el Scudetto, con un “31” bien grande que dejaba bien clara la postura de la entidad turinesa con respecto a la resolución del “calciopoli”, años antes, cuando dos de esos treinta y un Scudetti habían pasado legalmente a engordar las vitrinas del Inter.

Las del Inter, y en aquel momento, las de Leo Bonucci, que en una calurosa tarde del mes de mayo en Cerdeña había jugado el último minuto de aquella liga 2005-2006 con la camiseta neroazzurra. La noticia aquí, realmente, no es que Bonucci ganase oficialmente aquel Scudetto, si no que el Inter lo tenía y nunca más se supo. Aunque bueno, al menos siempre podrá decir que le utilizó en la Serie A un minuto, puesto que el Genoa (el club que se hizo con sus derechos tras diferentes cesiones) no lo tuvo en el campo ni un instante. Bonucci entró en la operación Milito y Thiago Motta, pero pasó directamente al Bari, donde Ventura formó una de las parejas de centrales más sorprendentes de la Serie A junto a Ranocchia. Ranocchia acabó en el Inter, donde verá la Copa Confederaciones por la tele, mientras que Bonucci pasó a la Juventus donde, después de una primera temporada más dudosa, se ha asentado en el equipo de manera brillante. Su última Serie A deja la puerta abierta, al menos a la curiosidad, de si podrá alcanzar ese mismo nivel con la Nazionale en una competición oficial.

Con Stephan El Shaarawy y Mario Balotelli ocurre algo parecido. Su rendimiento en la Serie A deja abierta la misma posibilidad. Bueno, quizá sus respectivas mitades, primero la de Stephan, y después de su fichaje procedente del Manchester City, la de Mario. El Shaarawy hizo una primera vuelta majestuosa. Desde su posición favorita -la de extremo izquierdo- marcó una cantidad brutal de goles, y se echó una entidad del calibre del Milan sobre los hombros durante muchos meses. Es cierto que su segunda mitad de curso no ha sido buena, pero lo visto durante los mejores días que ha dejado su carrera hasta el momento pone los focos sobre él. Los del Genoa los pusieron en Merkel, y aceptó 7 millones y el pase del alemán para mandarlo destino a Milan. La expectativa es que sea uno de los nombres referencia de la selección italiana, y ver su aportación en una competición oficial como esta Copa Confederaciones es un aliciente brutal.

Balotelli ya ha quemado esa etapa. Bueno, en realidad a Mario lo de quemar etapas con premura le viene de serie, y desde luego así lo ha creído él siempre. Si no, que pregunten a sus formadores en el club neroazzurri, que tenían que aguantar cómo Mario protestaba porque con 16 años no estaba en el primer equipo. Pero bueno, la etapa que nos atañe es la de la Eurocopa 2012, donde Balotelli demostró que puede ser determinante con la selección. El caso de Mario -reconocido milanista- ha sido especial en su salida del Inter, aunque lo cierto es que su venta al City y no haber podido domarle es otra mancha en el historial reciente del club de Moratti. Balotelli llegó al Milan en enero, dejó una media en la Serie A 12/13 de casi un gol por partido (12 en 13), y fue clave para que los rossoneri alcanzasen plaza Champions. Así que Mario llega a la Copa Confederaciones como gran referencia ofensiva de la selección, y esto le sitúa indudablemente en el primer lugar en cuanto a expectativas se refiere.

Del Genoa y del Inter ya hablaremos, porque no tengo ninguna duda de que a no mucho tardar dejarán, como con Bonucci, El Shaarawy o Balotelli, cosas que contar. Esperemos, por el bien de sus aficionados, que no sea que hoy empieza una Copa Confederaciones, y que tres de su larga lista de futbolistas olvidados, saltarán al césped para intentar recoger un testigo de primera fila: los galones de una selección que tiene cuatro estrellas sobre su escudo.

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