Histórico
6 junio 2013El Enganche

Euro Sub 21: España, competir hoy para ganar mañana

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Un equipo de fútbol luce cuando compite. Con mayor o menor voluntad de estilo, pero es el fundamento sinequanon para entender el deporte. Competir y/para disfrutar. Cuando las bases se posan sobre la solidaridad colectiva en busca de la diversión durante y posterior al juego, encontramos soluciones en un grupo virtuoso con el balón en los pies. O que debería serlo en función a los jugadores. Ellos determinan de manera inexorable el cómo, es decir, la respuesta sobre el campo a un estilo propuesto. Así, Isco, Thiago, Muniain, Illarramendi, Canales, Sarabia o Álvaro Vázquez no pueden proponer repliegue y salida vertical por decreto, sino el control del ritmo para aprovechar su superioridad técnica –de asociación corta y punzante para matizar–.

Del Bosque dijo hace poco, con y sin razón, que en Israel veremos cómo jugará la España del futuro. Hay que estar en desacuerdo en esta afirmación, puesto que de ejemplos vive la historia. Y también la del fútbol. Las categorías inferiores, en el mejor de los casos, nutren lentamente a la absoluta. O primer equipo, si prefieren mayor exactitud en el caso de España. Pero habría que volver al principio: competir. Si bien a talento es complicado dominarlo –pese a los Strootman, Insigne, Verratti o Holtby–, a ritmo competitivo y fe, no parece una heroicidad. Y queden los Juegos de Londres para dar rigor al ejemplo. España nunca se ha caracterizado por saber competir. Ni cuando la selección absoluta era la furia competía. Sencillamente anteponía, por orden lógico, corazón a cerebro en las situaciones límites. Pero nunca fue a más, pues competir es algo más que intensidad. Es interpretar, leer, dominar, saber, entender. Y ganar.

Como saber de literatura no es recitar un poema de Bécquer –aunque por la superficie pudiera pasar como tal–, jugar al fútbol no es una ecuación exacta en la que la suma de talento más los kilómetros recorridos da como resultado una ventaja porcentual. Competir, y me perdonarán la insistencia, es lo intangible que, como las sensaciones, es lo que queda en el hemisferio derecho del cerebro. Más allá de aquí quedarán las previsiones y la teoría. Es decir, allí donde la división siempre da de resto cero y el bocado de chocolate nunca sabe amargo. Justo allí, donde no saben nada del hemisferio vecino. Allí no conocen el fútbol, así que, recordando a Camus, poco saben de la vida. La prioridad es prender luz a lo invisible.

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