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Confederaciones: El mejor jugador de la historia de Japón

El crecimiento económico vivido por Japón en las décadas 60-80, donde promedió un 7% por encima del resto del mundo, le permitió equilibrar sus cuentas para contrarrestar los efectos del colapso de la burbuja inmobiliaria. El Banco de Japón bajó las tasas de interés en la denominada trampa de la liquidez e hizo posible que renovación económica se apoyara en un nivel de vida bajo con costes salariales competitivos. Ellos supieron aprovechar el caos reinante en el planeta pues movilizaron la industria pesada tras su esfuerzo militar, obteniendo experiencia en organización industrial y mano de obra. Los nipones superaban a todos los occidentales en producto nacional bruto y potencia industrial, lo que acabó extrapolándose en todos los frentes culturales del país. Uno de ellos, el fútbol, apenas estaba surgiendo, pero se vería completamente impulsado por el momento económico del país.

La Nihon Sakkā Rīgu fue la primera competición que estructuró con cierto orden el fútbol japonés. No se trataba de un campeonato con sentimientos naturales de por medio, porque ninguno de sus clubes surgió del amor sincero que por la pelota veneraban un grupo de aficionados, sino por aspectos estrictamente comerciales. Los equipos formados representaban empresas que estaban en auge apoyadas por la salud de quienes les pagaban. -Ellos no se ocultaban, sino que jugaban bajo el nombre que pagaba sus minúsculos sueldos. Los jugadores, todos simples trabajadores, eran auténticos ‘esclavos’ de sus nóminas, pues no recibían compensación alguna por saltar al terreno de juego, por viajar a cualquier hora del día o por perder fines de semana. Pero cuando progresaron (gracias sobre todo al mito Okudera, pionero del profesionalismo en el fútbol nipón), todo encontró forma. Desde 1992 la Nihon quedó a un lado y los jefes de aquellos equipos-empresa, se reunieron para crear la J League, primer paso hacia la gran estabilidad de un fútbol que hoy por hoy goza del respaldo comercial, el impacto entre aficiones y una gran capacidad de crecimiento. Iconos por toda Europa y jugadores cada vez más importantes que motivan un debate internacional con varias décadas para analizar. ¿Quién es el mejor jugador de la historia del fútbol japonés?

Kazu Miura: Un chico japonés de solo 15 años decidió marcharse sin nada a Brasil a principios de los años 80 para aprender todo lo posible en su formación para convertirse en futbolista profesional. Ese mismo chico, ahora con nada menos que 47 años, es el veterano más famoso del fútbol nipón, donde sigue jugando de manera profesional en la Japan League 2 (segunda división) en el Yokohama FC. Pura pasión en un contexto nada futbolístico siendo niño y pura pasión en otro completamente distinto donde no hay nada que demostrar sino disfrutar de la relación con la pelota. La de Kazu arrancó antes que la de ningún otro compañero, aunque fue capaz de romper barreras y fronteras cuando un japonés en una plantilla extranjera no era sino una excusa de exotismo con fines desconocidos. Debutó como profesional en el Santos (nada menos que en el mismo club que Pelé) y aunque su carrera ha sido un auténtico caos falto de regularidad, fue el primero en jugar en la Serie A (Genoa), en marcar goles en Croacia (Zagreb) y llegar a ser Mejor Jugador Asiático (1993). Segundo máximo goleador de la selección con 50 goles, nunca pudo jugar un Mundial por lesiones o desavenencias con los seleccionadores. Con todas las metas alcanzadas, es imagen del fútbol japonés por todo el mundo hasta el punto de jugar hace apenas un año el Mundial de fútbol-sala para aumentar la imagen de este deporte en Japón.

Hidetoshi Nakata: Todos los países alejados tradicionalmente de un romanticismo futbolístico generado en base a sus propias premisas culturales, tiene un momento de explosión y necesidad de expandir el cariño por el deporte. No existe mejor receta que intentar ganarse adeptos de manera rápida y efectiva que colocando a un exponente teóricamente ideal, para que escenifique y refleje el honor de poder ser un jugador de fútbol en la élite. Y ese papel, en Japón, justo cuando acababa de legar el profesionalismo y existían ganas de expansión global, le tocó asumirlo a Nakata. El mediocentro nipón fue inteligente en ese papel, pues aprovechó el rol que su gran Asiático Juvenil de 1994 (donde fue la estrella), para aceptar un contrato profesional que eligió con minucioso detalle, desechando ofertas muy potentes y marchándose al Bellmare Hiratsuka, donde sabía que su liderazgo iba a ser más interesante en su progresión. Tanto lo fue que poco después acabó consagrado a nivel nacional y el fútbol europeo llamó a su puerta, convirtiéndose en el jugador más enigmático cuando fue capaz de mantener cierto protagonismo en Perugia, Roma, Parma y Bolonia, e incluso alcanzando la Premier con el Bolton. Suficientes réditos mediáticos que le hicieron abanderar el fútbol nipón también en el Mundial patrio de 2002. Nunca acabó de concretar todas esas expectativas ni ambiciones comerciales en el césped, pero

Shunsuke Nakamura: En Argentina crean iglesias y en España levantan bares, pero en Japón, a sus ídolos son capaces de ponerles el nombre de un elemento espacial (el Asteroide 29986 Shunsuke ha sido nombrado como tal en su honor). El único que ha logrado generar esa ilusión internacional, el que más expandió la imagen del fútbol nipón por la élite y el que además fe capaz de responder a esas exigencias con calidad decisiva, fue Nakamura. Curiosamente, tras haber triunfado como factor diferencial en categorías inferiores, fue un español como Xabier Azkargorta quien lo hizo debutar en la élite siendo durante cinco cursos el alma del Yokohama Marinos, al que no logró hacer campeón pero donde recogió toda una larga lista de elogios en forma de galardones que sobrepasaron fronteras y sirvieron para que sonara en clubes poderosos. Ya como estrella MVP de la Japan League y tras ganar su primera Copa Asia como referente nipón (ganaría otra más), dio el salto a un fútbol diferente, instalándose en la Reggina para jugar tres años de manera irregular pero para adaptarse como pocos jugadores japoneses al contexto europeo. Tanto, que acabaría aceptando un cambio brutal a un estilo opuesto como el británico, para convertirse en líder del Celtic de Glasgow, agrandar su imagen internacional y sumar títulos ligueros en el extranjero, algo en lo que fue pionero en su país. Jugó Mundiales y duplicó su efectividad a balón parado. Ser MVP del año en Escocia le acabó de convertir en ídolo al ser nominado al Balón de Oro y, seguramente, el jugador cuyo rendimiento medio en Europa ha sido el más alto de cuantos japoneses pasaron por Occidente. Hoy, cierra sus años de vuelta en Yokohama

Yasuhito Endo: Seguramente sea el más desconocido de la lista desde un análisis mediático, pues nunca ha jugado en Europa ni ha tenido grandes ambiciones personales para intentarlo, pero su aportación al fútbol nipón es absolutamente determinante. Primero, porque pese a tener competidores de mayor calado comercial en su posición, nunca perdió su puesto y jamás renunció a ser el líder creativo, la piedra filosofal que genera y el que mayor capacidad de desplazamiento en largo es capaz de aportar. Pero además, siempre fue el pilar medular que más destruye, vaciándose desde hace décadas en cada partido. El capitán eterno del Gamba Osaka, donde lleva prácticamente toda su vida y donde sigue pese al lamentable descenso de categoría, fue determinante en convertir a su club en campeón nacional primero y continental después, firmando su mejor curso en 2008 como rey del fútbol asiático tras ser nombrado como el mejor. Especialista a balón parado, inteligentemente táctico y con una técnica sublime, solo la edad ha ido cortando progresivamente la clase de uno de los talentos más poderosos que ha dejado el fútbol japonés.

Keisuke Honda: El presente y el futuro. El hoy y el mañana. La presión de seguir mejorando y hacer progresar al fútbol japonés actual, recae sobre una serie de jugadores que han logrado cierta continuidad y protagonismo entre los epicentros más competitivos del mundo. En esa línea, ya consagrado a nivel europeo y como líder de la nueva camada, ese lugar queda reservado para Honda. Su llegada al fútbol responde ya a un perfil más avanzado dentro del organigrama histórico del deporte rey en suelo nipón, puesto que pese a haber jugado en el club local, Settsu, la realidad es que su aparición estelar en un torneo afamado a nivel juvenil, All Japan High School Soccer Tournament (todas las universidades del país), le encumbró, ganándose una beca especial para ser colocado en un club de la Japan League. Se lo llevó Nagoya Grampus y en solo dos años, se convirtió en fijo en los esquemas y en estrella de las selecciones inferiores. En 2008 logró su salto a Europa en un modesto VVVenlo holandés donde destrozó todas las previsiones, convirtiéndose en el jugador revelación, sumando muchos goles y siendo fichado como estrella por el incipiente CSKA de Moscú. Desde entonces, ha dejado grandes detalles en Champions, es el líder del actual campeón ruso y sigue entre los ‘elegidos’ para ser fichado por un club aun superior. Enganche, ‘falso nueve’ y especialista en disparos lejanos, es el icono actual nipón.

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Un desarrollo de Pedro Puig