Histórico
30 junio 2013El Enganche

Confederaciones: Brasil, tenemos un problema… de amor

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Cuando me siento en la butaca del cine siempre espero lo peor. Entro en la pantalla desde esos  anuncios de “apaga el móvil” y compra o engulle tu maravillosa, dulce y refrescante Cocacola antes de que el vecino de al lado coloque su pajita sobre tu vaso. Incluso si voy a ver ‘El Gran Gatsby” trato de comer todas las palomitas posibles hasta el límite de la indigestión. Una línea roja que cada vez se aleja más, fruto del entrenamiento en casa con las humildes cómplices de Hacendado.

Sin embargo, cuando veo el fútbol me pasa lo contrario. Cuanto más como, menos protagonismo del fútbol, aunque a menudo suceda como acto reflejo y necesario. Es decir, como consecuencia de un bodrio y no de algo voluntario. Y me sigue pasando lo contrario que con el cine porque durante el fútbol, en otro ejercicio nostálgico de protagonismo, prefiero el agua a cualquier otra cosa. Nunca descartando el alcohol, capaz de traducir un Osasuna-Valladolid en un Boca-River donde Maradona lanza un túnel a Francescoli.  Es decir, del futbol siempre espero lo mejor. Salvo cuando juega Brasil, que a veces espero lo peor.

Cuando juega Brasil prefiero no verlo. No porque practique el antifútbol que recita de carrerilla aquel que fuera maestro de periodistas cuando el balón no huele a hispano y pase horizontal, sino porque uno acaba por no esperar nada. Para algunos es divertido no esperar nada y que pase algo, pero yo necesito jugar con fichas en mi cabeza. La parte de entrenador frustrado siempre en busca del protagonismo, quizá. Pero necesito creer en lo que aparece. Siempre hay motivos. Siempre menos cuando está Scolari y Brasil de por medio. La fantasía se llama disciplina táctica y donde decía osadía solo dice Neymar, puesto la otra estrella ofensiva tiene nombre de bicho verde plano y repetitivo. Para colmo, Brasil también ha puesto corsé al duende que decanta partidos en todas direcciones.

En definitiva, Brasil ahora tiene un gesto serio en el que algunos días parece tener tanto miedo que fuera a defender detrás de la portería. Es un equipo, sí. Incluso puede ganar, también –es lo que nos pega al televisor–, pero para entendernos lo mejor es hablar de mujeres. Brasil ha dejado de ser la chica bailona que encontraste en la discoteca gritando frases de Baudelaire para ser la mujer que después de planchar va a hablarte de Quevedo.

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