Histórico
15 junio 2013Jose David López

Bundesliga: La exitosa ‘armada japonesa’

El crecimiento económico vivido por Japón en las décadas 60-80, donde promedió un 7% por encima del resto del mundo, le permitió equilibrar sus cuentas para contrarrestar los efectos del colapso de la burbuja inmobiliaria. Allí, los primeros ejemplos de freno financiero se apreciaron hace mucho tiempo, cuando el Banco de Japón bajó las tasas de interés en la denominada trampa de la liquidez. Y todo, lo bueno y lo malo para sus intereses, venía provocado por la Segunda Guerra Mundial, donde la miseria de la mayoría, hizo posible que renovación económica se apoyara en un nivel de vida bajo con costes salariales competitivos. En ese periodo, solo dos ‘gigantes’ supieron aprovechar el caos reinante en el planeta pues mientras, los asiáticos movilizaron la industria pesada tras su esfuerzo militar, obteniendo experiencia en organización industrial y mano de obra. Japón superaba a todos los occidentales en producto nacional bruto y potencia industrial.

Los Juegos Olímpicos de Tokio o la Expo de Osaka, ampliaron esas sensaciones. Pero sólo un país, Alemania, podía aguantar su ritmo, desafiaba su crecimiento y hasta mejoraba sus estadísticas. Un país con el 60% de la población ubicada en edad laboral, con producción industrial superior a 50% y amplia repercusión global en márgenes de crecimiento. Así fue como japoneses y alemanes se convirtieron en motores del intercambio internacional y ocuparon juntos la posición de potencia comercial. Pasaron regímenes espantosos, catástrofes naturales y transformaciones generales. Hoy, siguen esa línea competitiva en lo monetario, sostienen la mayor excelencia económica en enseñanza y hasta rivalizan en la capacidad de sus vehículos, los mejores del planeta. Pero la unión dio un paso más con el fútbol. La Bundesliga abandera la confianza en los nipones que, agradecidos por la apuesta y dispuestos a seguir acelerando, iniciaron una ‘invasión’ que ya es un hecho.

La Nihon Sakkā Rīgu fue la primera competición que estructuró con cierto orden el fútbol japonés. No se trataba de un campeonato con sentimientos naturales de por medio, porque ninguno de sus clubes surgió del amor sincero que por la pelota veneraban un grupo de aficionados, sino por aspectos estrictamente comerciales. Los equipos formados representaban empresas y no se ocultaban, sino que jugaban bajo el nombre que pagaba sus minúsculos sueldos. Los jugadores, todos simples trabajadores, eran auténticos ‘esclavos’ de sus nóminas, pues no recibían compensación alguna por saltar al terreno de juego, por viajar a cualquier hora del día o por perder fines de semana. Sus jornadas laborales, incluyendo los entrenamientos, ascendían considerablemente en plena temporada y las condiciones no eran las más adecuadas para afrontar con ilusión un deporte al que le costó progresar.

Hoy en día, el respaldo comercial, el impacto entre aficiones y la capacidad de crecimiento, es muchísimo mayor que entonces. Desde 1992 la Nihon quedó a un lado y los jefes de aquellos equipos-empresa, se reunieron para crear la J League, primer paso hacia la gran estabilidad de un fútbol que hoy por hoy vive su momento más dulce. La Bundesliga, campeonato al alza y ejemplo a seguir por todos en Europa como estructuración perfecta de fútbol actual, abrió las puertas al primer japonés a finales de los años 70. Yasuhiko Okudera, desde entonces el mayor icono del fútbol nipón, abrió el camino de la profesionalidad al resto hace más de tres décadas. Una realidad que en la última Copa Asia evidenciaba su selección nacional, con nueve internacionales actuando lejos de la J-League. Una cifra que ha ido creciendo y que hoy evidencia respeto absoluto por el fútbol japonés y una perfecta relación con la Bundesliga, donde el nivel estelar exhibido por Shinji Kagawa (dos años siendo estrella en Dortmund y vendido al Manchester United por 15 millones), multiplicó las miradas hacia el referente asiático. Ahora, diez jugadores y nueve clubes, nutren el campeonato que vuelve a unir a dos potencias ‘hermanadas’.

“Nunca tuve dudas de que los jugadores japoneses podían integrarse rápidamente en la Bundesliga. Su disciplina es comparable a la de un jugador alemán”, dijo hace unos meses Felix Magath al ser preguntado por la ‘invasión nipona’ en el fútbol alemán y como perfecto conocedor de lo que es dirigir a uno de ellos, Makoto Hasebe (el japonés más exitoso de la historia de la Bundesliga con más partidos y hasta siendo capitán en Wolsfburgo). No existen grandes problemas financieros entre ambas partes porque el equipo alemán asegura un salto mediático y competitivo mientras la honestidad japonesa nunca retendrá lo que considera una progresión individual que debe relejarse posteriormente en su selección nacional. Tampoco hay exigencias de los propios jugadores, que nunca rompen sus estrictos modales de humildad y sinceridad (ni protagonizan escándalos ni son habituales de los lujos excesivos). Y además, su trabajo y dedicación es total y absoluta con lo que le pidan desde el banquillo, ya que sus premisas son intangibles con la figura de un ‘líder’ que les puede mostrar conductas y mejoras a su persona.

Siendo baratos, trabajadores y humildes, sólo queda explotar su técnica individual, algo que ha establecido en los últimos años una notable mejora pues, además, casi todos pertenecen a una misma generación (desde los 21 a los 25 años). Atsuto Uchida (Schalke), Hajime Hosogai (Bayer Leverkusen), Gotoku Sakai y Shinji Okazaki (Stuttgart), Hiroki Sakai (Hannover), Hiroshi Kiyotake (Nurenberg), Takashi Usami (Hoffenheim), Takashi Inui (Eintracht Frankfurt) y el ya citado y ex campeón de la Bundesliga, Makoso Hasebe (Wolfsburgo), son los nueve jugadores que, a día de hoy (puede llegar alguno más en breve), iniciaron el curso futbolístico en Alemania. De ellos, Kiyotake y sobre todo, Inui, son ya auténticas estrellas referenciales del campeonato por su dinamismo, talento, compromiso y rentabilidad.

El coste asumido por todos ellos apenas suma 5,7 millones de euros y su aportación, que podría ser dudosa o puesta en debate con algunos de ellos en un tiempo, jamás será negativa. Nunca restarán, siempre sumarán. Una mentalidad interna que les hace combatir con sus propias premisas contra la fuerza occidental pues, como dijo Okudera, “si Japón estuviera en Europa, seríamos referentes futbolísticos mundiales”. Su invasión hacia esa meta, la re-aceleración, ya está en proceso avanzado y Alemania disfruta de ello.

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