Histórico
7 junio 2013Jose David López

Bélgica: Benteke-Lukaku, colonizando goles

Ciudades de grandes disparidades, donde se mezcla el poder continental y una leyenda mística bañadas en cerveza y amenizadas con el mejor chocolate del mundo. Polos opuestos, naturalezas extremas y sensaciones antagonistas que se reflejan en su versión futbolística, la misma que estuvo cerca de tocar el cielo hace décadas y lleva anclado en el ningunismo desde entonces. Bélgica es agradable, amena y entretenido en cada esquina pero, ante todo, exterioriza un sentimiento de identidad plena que, curiosamente, no logra extrapolar en la élite futbolística desde sus legendarias noches en los 80 (y tampoco en su adn nacional, lleno de vacilaciones y problemas sociales internos). Pero su pelota se mueve con dinamismo, encontró la generación deseada y lleva unos años exponiéndola en la élite para gozo de aquellos que la llevábamos esperando con expectación.

Sabíamos que había defensas de interesante nivel (Vertonghen, Vermaelen, Kompany, Alderweireld, Van Buyten), que la potencia de sus llegadores estaba situándoles en un nivel brillante (Fellaini, Dembelé, Chadli) que incluso bajo palos había logrado resurgir un nuevo pionero (Courtois), y que el talento afloraba más que nunca en su segunda línea con irresistible magia (Hazard, Mertens, De Bruyne). Todo, o casi todo, nacido en su territorio, aglutinado en sus canteras (muy poderosas pese a lo olvidado que pueda parecer) y criado con sus premisas inalterables, lo que engrandecía ese aroma identificativo que emana cada una de sus ciudades. Todo estaba listo menos el último apunte, el que culmina, el que responde, el que implica resultados y el que acaba dictando la diferencia entre el éxito y el fracaso. Y ese, no estaba en casa, sino que se presentó en su fútbol llegado desde el Congo, se instaló adecuadamente y creció en dos vías diferentes. Lucha, progresión, pretensiones y metas que se unieron este curso en la Premier League para demostrar que ahora Bélgica tiene aquello de lo que adoleció, gol. Lukaku y Benteke. Ahora, el problema es elegir…

Desde que tenía apenas trece años, el futuro de Romelu Lukaku estaba perfectamente encarrilado (su padre había sido internacional con Zaire-Congo en los años 70-80). Era el más alto de la clase, el más ávido, el que siempre dominaba la pelota y el que no consentía el mínimo desliz a quienes lo rodeaban. En ese momento, el Lierse se lo encontró por casualidad. Un amigo de un directivo del club, avisó de que un grupo de chicos de un barrio en las afueras, tenían muy buen nivel. Se infiltró un día entre ellos en torno a una mesa. Estaban jugando al partypoker.es/, reunidos no por habilidad con las cartas, sino también para una finalidad futbolística. El equipo que ganara aquella partida, elegiría zona, ‘cancha’ y pelota para el partido que estaban organizando esa tarde. Sin imaginarlo, el Lierse se topó le puso sobre la mesa una opción profesional cercana que se ajustaba a sus necesidades, pues la familia no quería desplazarse ante la estabilidad de sus otros familiares cercanos. 121 goles en menos de 70 partidos sirvieron para que aquél gigante destrozara records en su edad y, por un giro inesperado de acontecimientos, acabara en Anderlecht, que adquirió a más de diez jóvenes jugadores de la cantera de su descendido ‘vecino’. Decían por entonces que muchos de esos ‘ninguneados’ pasaban horas jugando a la pelota a escondidas y que organizaban sus propias partypoker.es Su precio, irrisorio, desconocido, apenas unos miles de euros que se tradujeron en la explosión más poderosa que han vivido los bruselienses en sus categorías inferiores en décadas.

Internacional desde Sub 15, fue protagonista de un show en la televisión belga sobre cómo convertirse en estrella juvenil y acabó debutando apenas once días después con  apenas 15 años. Potente, corpulento, feroz, de movimientos bruscos y con la conciencia humilde, pues tras ser estrella en su país y alcanzar el fichaje soñado con el Chelsea el pasado curso, se estrelló ante la falta de minutos. Su cesión al West Bromwich responde a la perfecta necesidad de una perla joven, la que nunca puede quedar tapada por la falta de continuidad. En cuanto apareció, estalló, incluso teniendo que superar la fuerte competencia de un Shane Long más titular. Pero Lukaku aprovechó sus minutos, encarriló goles semanales y se plantó con 17 dianas como sexto máximo realizador de una Premier donde apenas ha disputado 2000 minutos (repartidos en 35 partidos).

La vía de enfrente, más empedrada, menos asegurada al futuro éxito y basada en los sacrificios personales, fue la que llevó a Christian Benteke a su momento de oro actual. Comparte con su compatriota el origen congoleño, pero en su caso, además, nació en Kinshasa y tuvo que huir del duro régimen de Mobutu junto a su familia, que encontró tranquilidad en Lieja. Tenía apenas tres años y ya había conocido los horrores, algo que fortaleció su carácter, descifrando así una de las claves de su vida, pues los obstáculos han sido la constante que dejar atrás. A los cinco años ya jugaba en el modestísimo club de su nueva barriada, el JS Pierreuse, aunque fue divisado por los scout del Standard, que durante varios años dieron forma y molde a aquella fortaleza física, zancada y capacidad para mantener la pelota en su poder. Lo cedieron al Genk, donde completó su formación, debutó en la élite belga y multiplicó minutos. Nunca parecía que pudiera crecer tanto, pues durante varios cursos, apenas siendo niño, deambuló por Kortrijk y Mechelen, para acabar explotando definitivamente con ese Genk que representa su trampolín ideal gracias a 19 goles el pasado año que lo colocaron en la selección belga.

El Aston Villa, necesitado de fichajes en territorios no tan explorador por clubes más poderosos, se ancló desde el principio a su corpulencia como base para luchar contra una pérdida constante de ambiciones. Y él, pese a ser debutante y tocar por vez primera un entorno competitivo, dejó atrás las sombras de goleadoras o estrellas locales como Darren Bent y Gabby Agbonlahor. Les rebasó en cuestión de semanas y ahora, Benteke se ha convertido en el líder del equipo por sus goles e incluso asistencias (cinco), siendo el auténtico pilar de los villanos en su infatigable lucha por no descender, felizmente conseguida. Es el que más faltas recibe, el que más incomoda a los rivales y el que mejor sabe aprovechar una potencia física envidiable. Su estrellato, confirmado con 19 goles, no pasará de largo y en semanas, estará vistiendo los colores de un gigante de las Islas con total seguridad.

El gran vencedor de esta lucha por el gol en Bélgica, es la propia selección, que se topa con aportaciones goleadoras de primerísimo nivel. Una materia prima de la que adolecía, que le iba a frenar en sus impulsos de ser referente continental y que ahora le impulsa como nunca para recuperar el tiempo perdido. Había talento, fuerza, mentalidad y rigor, pero el elemento diferencial, el gol, tuvo que ser colonizado.

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