Histórico
8 mayo 2013Jesús Camacho

Manchester United: Una vida con Sir Alexander Ferguson

En Florence House, una residencia de ancianos sita en el nº70 de Nimmo Drive, en un pueblo de Glasgow llamado Govan, un anciano de 70 años apura el último sorbo a su taza de té mientras escucha el tintineo de la lluvia sobre los cristales. Sobre la mesa, un periódico local plegado sobre una noticia atrae la sabia y ácida mirada de este anciano de manos de estibador, que la devora a través de sus gafas. El titular no deja lugar a la duda “Sir Alex afronta su cuarta final de Champions”, media sonrisa se dibuja entonces en el rostro de nuestro anciano personaje, que masculla entre dientes la siguiente exclamación: ¡Maldito bastardo!

Y en aquella exclamación viaja el recuerdo de un hombre que fue compañero de juegos de la niñez del sargento de hierro de Govan.  Recuerdos que le transportan a la segunda mitad de los años cuarenta y primera de los cincuenta, cuando aquel joven llamado Alexander, que mostraba ya la incipiente fortaleza y acidez de su carácter, compartía con él y su hermano Martin sus primeros pinitos en el fútbol. A ambos les unió el rodar de una pelota sobre las calles de Govan Road, pero sus destinos fueron absolutamente dispares, nuestro anciano se dejó media vida y su espalda como estibador en el puerto de Glasgow, mientras Alexander -cuyo padre era estibador y ayudante de chapista en el citado puerto- acabó convirtiéndose en Sir Alexander Chapman Ferguson, el escocés que cambió la historia del United.

Un escocés de pura cepa apellidado Ferguson, también Chapman, quizás una premonición puesto que en la historia del fútbol británico un técnico llamado Herbert y apellidado de igual manera, ejerció un nivel de influencia incluso superior al que ejerce hoy en día el técnico de Govan.  Recuerda nuestro hombre las andanzas como delantero de aquel chaval, aquel joven que trabajaba como aprendiz en los astilleros de Clyde e intentaba hacerse hueco en el fútbol amateur con la camiseta del Queen’s Park y el Saint Johnstone. Un joven que tras destaparse como prolífico goleador y activo representante sindical, de forma paulatina fue dejando a un lado su trabajo en los astilleros de Clyde para convertirse en futbolista profesional con la camiseta del Dunfermline. Fergie se consolidó entonces en la faceta goleadora, contribuyendo a que el conjunto protestante se quedara a un solo paso de conquistar la Scottish Premier League y la Copa de 1964. Llegó incluso a compartir con Joe McBride el título de máximo goleador de la Liga escocesa, cuando en la temporada 65/66 firmó 45 tantos en 51 encuentros, pero un error de marca -ante Billy McNeil del Celtic – en la final de la Copa escocesa de 1969, le condenó e inició el declive de su carrera como futbolista.

Pasó entonces por el Falkirk, donde le contrataron en calidad de futbolista-entrenador y puso punto y final a su carrera como jugador en 1974, en las filas del Ayr United. Ese mismo año inició su camino como entrenador, en las filas del East Stirlingshire, club en el que comenzó a instaurar su leyenda de Sargento de Hierro. Como Clint Eastwood, Ferguson se enfundó la piel de Tom Highway, aunque en su caso la citada piel vestía su personalidad y venía de serie, no correspondía a ninguna actuación, pues aquella célebre frase del film “Estoy aquí para comunicaros que la vida, tal y como la habéis conocido, ha terminado”,  estableció la primera ley de su filosofía deportiva y su particular código de vestuario. No en vano Bobby McCulley símbolo de aquel equipo, llegó a afirmar lo siguiente: “Nunca he tenido miedo de nadie, pero Ferguson era un bastardo terrorífico desde el principio”.

A la implacabilidad de su carácter y estilo se unían decisiones tácticas y técnicas muy acertadas, con el mítico Jock Stein como espejo y consejero logró ganarse el respeto y un prestigio que le permitió en 1975 firmar por el Saint Mirren, en el que dejó huella consiguiendo el ascenso a la First Division y saliendo campeón de la misma, pero en el que traspasó demasiadas fronteras intentando cambiar las estructuras  y el funcionamiento interno del club, sobre todo en lo referente a las primas. Además se da la circunstancia de que salió denunciado del club por violación del contrato al aceptar la oferta del Aberdeen. Fergie quizás perdió las formas en algún momento pero su trabajo técnico quedó ahí, por lo que no tardó en encontrar un nuevo lugar en el que seguir demostrando su valía como entrenador. En 1978 el Aberdeen le contrató y tras unos titubeantes comienzos en los que la plantilla no confiaba demasiado en sus conceptos, el título de Liga de 1980 –el primero en quince años que no conquistaban Celtic o Rangers- propició que su equipo fuera reconocido como ‘Furious Fergie’. Fergie siguió acaparando éxitos a la vez que controversia con sus personales e intransferibles métodos de trabajo técnico en la dirección de grupos deportivos. Su mano de acero se dejaba notar pero también su inteligencia táctica, no en vano conquistó con el conjunto escocés cuatro títulos de la Scottish Cup y sobretodo la Recopa de Europa de 1983 tras eliminar al Bayern Munich y vencer en la final al Real Madrid por 2-1, más la Supercopa de ese mismo año.

Para entonces Ferguson era un técnico con unos métodos complicados de encajar por los futbolistas ingleses de la época, un tipo políticamente no muy correcto, pero con un enorme prestigio en el fútbol británico. Fueron varios conjuntos de la Premier los que se interesaron por sus servicios –entre ellos el Arsenal- pero un 6 de noviembre de 1986 aceptaba la oferta del Manchester United, una decisión que cambió para siempre el curso de la historia de este club y por extensión de la Premier. Fergie llegó con sus ideas y chocó frontalmente con el estilo de vida de muchos de los futbolistas del United. Posiblemente por ello sus inicios no fueron nada buenos, su disciplina no podía concebir que sus jugadores abusaran del alcohol por lo que intentó renovar el equipo con grandes fichajes y savia nueva como Steve Bruce, Paul Ince, Gary Pallister…

Los resultados no acabaron de llegar por lo que en 1989 estuvo a punto de ser cesado. Especialmente tras una dolorosa derrota -5 a 1- ante el City que lo colocó en el disparadero, pero de la que salió milagrosamente indemne tras conseguir ante el Crystal Palace el título de Copa. Aquel título le salvó, y a partir de ahí las gradas de Old Tradford, del Teatro de los Sueños, se prepararon para vivir la mejor época de su historia. Y es que no hay lugar a la duda, pues el United antes de la llegada de Ferguson era un grande de Europa e Inglaterra, pero tras su ingreso en el club lo fue mucho más. Su crecimiento a todos los niveles ha sido exponencial y si en la actualidad pasa por ser uno de los equipos más poderosos del mundo, se lo debe en gran parte a la mano del sargento de hierro de Govan.

Todas y cada una de las estrellas que ha tenido a sus órdenes han sentido la autoritaria, firme e inflexible voz del técnico escocés, desde Cantona a Rooney, pasando por Beckham, Giggs, Ronaldo… y un gran porcentaje de ellos, además de reconocer que han sufrido su carácter y su sorna, reconocen su valía como técnico y figura esencial de los éxitos cosechados por el United durante todos estos años. Y es que antes de su llegada, el United contaba tan solo con siete Ligas en su palmarés por las dieciocho del Liverpool, mientras que dos décadas y media después, la abrumadora superioridad del United se constata con la conquista de su decimonoveno título de la Premier –el decimosegundo con Fergie-.  Podríamos detenernos en analizar cualquiera de las plantillas que ha tenido a sus órdenes, o cualquiera de los éxitos conseguidos, pero sus números hablan por sí solos. Alex Ferguson se ha convertido en el único personaje capaz de sobrevivir a todas las generaciones y constelaciones de estrellas que pasaron por sus manos y acabaron siendo parte y testigo, de las doce Ligas, las cinco FA Cup, las 4 Copas de la Liga, las 9 Community Shield, la Recopa de Europa, las 2 Champions League, la Intercontinental y la Copa Mundial de Clubes.

Así es este escocés de Govan, nombrado Sir, personaje que con un sistema típicamente inglés en el que las bandas, los centros y la verticalidad juegan un papel esencial, se encuentra en la línea sucesoria de leyendas del banquillo como Bob Paisley, Bill Shankly, Jock Stein, Herbert Chapman y Matt Busby, al que ha superado en años al frente del banquillo del United –entre 1945 y 1969 el primero y entre 1986 y 2011 el segundo- y que ha batido todos los registros históricos en un banquillo de la Premier inglesa. El primero que llega a Carrington, la ciudad deportiva del Manchester United para prepararse  una taza de té y encerrarse en su despacho a la espera de que dos horas más tarde lleguen sus futbolistas. Aquellos que ya conocen su carácter y sus arrancadas de sorna, cuando el bueno de Fergie les recuerda cada día que el país más importante es el suyo: Escocia.

Un país, una ciudad y un pueblo en el que se le quiere, se le sigue y se le recuerda, especialmente en Florence House, aquella residencia de Govan en la que otro anciano cascarrabias como él, tiene aún muy presente aquellas carreras por Govan Road, pues aunque el destino les condujera por caminos absolutamente dispares, que situó a uno en el lugar del olvido y al otro en el lugar de la leyenda, la acidez de su carácter y aquel cochambroso balón con el que jugaban les unirá por y para siempre.

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