Histórico
16 mayo 2013Francisco Ortí

Europa League: Las claves del Benfica – Chelsea

El Chelsea se ha proclamado campeón de la Europa League tras imponerse por 1-2 al Benfica gracias a un gol de Branislav Ivanovic en el tiempo de descuento y pasan a la historia por ser los primeros en lograrlo la temporada inmediatamente posterior a ganar la Copa de Europa. Los Blues hicieron valer su experiencia en finales y su mayor contundencia en ambas áreas para llevarse un título que corona los pocos meses en los que el interino Rafa Benítez se ha sentado en el banquillo. Es el premio al buen trabajo realizado por el técnico español, mientras que los portugueses pagan su escasa pegada. Analizamos lo sucedido en la final a través cinco puntos clave.

El factor Ivanovic: Si hay algo que ha caracterizado al Chelsea de la era Abramovich en cualquiera de sus etapas ha sido el gran número de goles decisivos que han marcado sus defensas. Tanto John Terry como Ricardo Carvalho los hicieron con Mourinho en el banquillo. Ahora el más prolífico en ese sentido es David Luiz. Pero, sin lugar, el verdadero especialista es Branislav Ivanovic. El defensa serbio es goleador de instinto. Es letal cuando pisa el área rival y más en acciones a balón parado. Durante los últimos años ha marcado un gran número de goles, pero el más importante de todos llegó esta noche en Ámsterdam. Con el tiempo reglamentario ya cumplido, Ivanovic se elevó para cabecear un saque de esquina y mandarlo al fondo de la portería, convirtiendo al Chelsea en el campeón de la Europa League. El factor Ivanovic fue más importante que nunca.

Poca pegada del Benfica: Todos los análisis de la final coinciden en un punto común: el Benfica fue mejor. Eso es algo subjetivo. Lo que no lo es tanto son las estadísticas y salvo en una -la de los goles- los portugueses ganan al conjunto inglés. El Benfica tuvo más tiempo el balón, llegó más veces al área rival y disparó más veces entre los tres palos. Sin embargo, perdonó más de la cuenta. Ahí se esconde la principal causa de la derrota del conjunto portugués, que no supo aprovechar sus oportunidades. Pese a que fue capaz de quitarle el balón al Chelsea y de generar más ocasiones de gol, le faltó la contundencia necesaria para imponerse en los momentos decisivos. En definitiva, en Ámsterdam, al Benfica le faltó gol.

El Torres de las grandes ocasiones: Fernando Torres ha vuelto a firmar una temporada discreta en el Chelsea, pero, como suele ser habitual en él, ha aparecido cuando realmente se le ha necesitado. Cuando hay algo importante en juego, Torres no falla. En la Europa League, donde no tenía competencia al no estar inscrito Demba Ba, el Niño se ha sentido importante y lo ha traducido en goles. Marcó en los octavos de final, en los cuartos y también en las semifinales. En el partido más decisivo, la final, Fernando Torres no podía faltar a su cita con el gol y no lo hizo. A los 60 minutos, cogió un balón con espacio para correr y no perdonó. Esprintó hacia la portería rival dejando atrás en velocidad a sus rivales y marcó tras sortear a Artur. Un gol made in Torres: a gran velocidad y, sobre todo, en un momento decisivo.

Faltó Gaitán: Si el Chelsea sobrevivió gracias a su bloque y su experiencia como grupo, el Benfica echó en falta a sus individualidades. La final de la Europa League suponía la primera gran cita de Nicolás Gaitán. Muchos esperaban una actuación brillante del fenomenal argentino, que repitiera el nivel de forma mostrado en las anteriores eliminatorias, en las que había marcados golazos como ante el Fenerbahce. Sin embargo, no estuvo a la altura. Gaitán no mostró su mejor versión en la que era su primera gran noche como futbolista de élite. Quizá pecó de inexperto en este tipo de escenarios. Seguro que tendrá más a lo largo de su carrera. Gracias a su calidad no tardará en llegarle una oportunidad de revancha.

La maldición que nunca muere: Cuando Bela Guttman pronunció su maldición contra el Benfica lo hizo con mucha fuerza. Tanto que 51 años después, todavía funciona. El técnico húngaro fue destituido después de ganar dos Copas de Europa con el Benfica. El día en el que se despidió pronunció unas palabras que entonces se tomaron a broma: “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una copa europea en cien años”. Aquello sucedió en 1962. Desde entonces, el conjunto luso arrastra una grave sequía de títulos europeos. Y no ha sido por falta de oportunidades. Hasta hoy había disputado seis finales europeas y había perdido todas ellas. Esta noche ya son siete. La maldición parece no tener fin.

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