Histórico
1 mayo 2013Jose David López

Champions: Los nombres de la jornada

Más deseo que realidad. Más esperanza que materialidad. Y, por desgracia para los dos representantes españoles, mucha mayor expectativa de ilusión ante una heroicidad en forma de remontada, que objetividad por el puerto a escalar. Unos cayeron con la cabeza alta por esfuerzo, aunque demostrando que el amarillo ya se había atragantado ruidosamente hace unos días. Otros cedieron nuevamente ante el mejor equipo del momento, intercambiando un trono continental incluso en su propio estadio, que solo pudo acompañar el show. La segunda opción de ver una finalísima española en la Champions League, volvió a pasar de largo, aunque esta vez con la eficacia y maquinaria de la puntualidad, corrección y formalidad competitiva. Una eficacia germana que castigó a quien llegó tarde a la cita, pues los dos clubes eliminados, simplemente recibieron la factura por su pasotismo previo. Y en esas versiones, más expuestos a crítica que nunca, estos fueron los protagonistas.

Leo Messi: Probablemente con una distancia más corta para reducir, con una eliminatoria más abierta y con un panorama más optimista, las molestias del crack argentino hubieran sido una leyenda olvidadiza. Pero la inexpresividad de sus esfuerzos en una noche de semifinales de Champions, atenazó mucho más las pretensiones de remontada. Sin Leo no había ni esperanza. Sin Leo no había ni opción al sueño. Y la pérdida de esos valores identificativos en todo club gigantesco que quiere forzar hasta las mínimas esperanzas, no sólo habla de un exceso de urgencia en el partido de ida para hacer reaccionar a su estrella, sino de una excesiva obsesión por hacer jugar a Messi en todo momento durante partidos de carácter secundario. ¿Una lectura para aprender de cara al futuro? ¿Un reproche para quien se obstinó en exigencias exageradas?

Arjen Robben: Estaba y está en predisposición de vivir su último momento de gloria mundial. Y no será el primero, desde luego, pero nadie hubiera imaginado que esta campaña el holandés iba a tener ‘otra’ oportunidad. Ese tren que le hizo perder títulos en los instantes finales, en citas clave (Mundial y Champions anteriores, por ejemplo), volverá a pasar por delante en el curso donde se decide su carrera. No contaba para Heynckes como titular y, de hecho, jugó estas últimas semanas solo por el cambio obligado ante la lesión de Kroos. Y además, por todos es sabido que Pep Guardiola lo tiene ya en su lista de descartes para la próxima campaña, pues no considera que su fricción (sobre todo con Ribery), sea oportuna en el nuevo vestuario que quiere armar el técnico español. Por si no vuelve a tener su minuto de gloria, aprovechó para desfogarse en el Camp Nou con una noche donde aportó, desquició y marcó un gol propio de su galería. Tendrá una noche más. ¿Ultima bola?

Higuaín: Hace justo un año, ‘Pipita’ pasaba por un momento clave de su carrera futbolística, pero decidió seguir donde se hizo mayor. Tras haber visto como una vez más, su lucha contra Benzema por ser el ‘nueve’ fijo del equipo, era una guerra demasiado dolorosa en lo personal (puesto que pese a sus mejores cifras respecto al francés, éste cuenta con el apoyo de una directiva que sí lo contrató a diferencia del argentino). Esa pelea titánica por quitarse de encima un rol de delantero que falla demasiadas ocasiones de gol y que no define como debería frecuentar un ariete de primer nivel, le han perseguido durante sus ya siete largas campañas de blanco. Curioso porque la memoria olvidó sus goles en remontadas que dieron ligas, en partidos clave, en noche épicas y, sobre todo, en una carrera personal hacia la regularidad. Nadie aguanta siete años en el Bernabéu sin ser estrella pero en su adn, sabía que este martes no iba a ser uno más. La primera ocasión clara de remate cuando buscas una remontada, se le encasquilló, con lo que las críticas se multiplicaron sin ninguna concesión más. Y esto, probablemente, en su último partido Champions como merengue.

Sergio Ramos: Estaba apercibido desde que el partido de Ida finalizó y sabía que, probablemente, la dureza del encuentro de Vuelta en busca de una milagrosa remontada, iba a provocar una amonestación que le impediría al 100% jugar la posible final. Pero muy lejos, lejísimos de especular, el sevillano fue absolutamente inapelable en su marcaje sobre Lewandovski. Aquél póker goleador en el Westfalen no podía repetirse de ninguna manera y, convencido de ello, fue una lapa agresiva y mortal para cualquier intento de contacto con la pelota por parte del polaco. En la cara, en el hombro o en las piernas, la fuerza y potencia del defensor madridista le costó evidentemente un sinfín de avisos de Howard Webb, que no le mostró amarilla hasta el tramo final. Sin embargo, lejos de ausentarse y perder convicción por esa cita donde no estaría de ninguna manera, Ramos ayudó a impulsar los sueños madridistas con una determinación plena. Tanta, que incluso puso en el marcador el gol que durante unos instantes, les hizo soñar. Un esfuerzo titánico. Una agresividad excesiva.

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