Histórico
24 mayo 2013Francisco Ortí

Bayern: Xherdan Shaqiri, el reto del olvidado

Considerados huéspedes indeseables, marginados por sus orígenes y apartados de la sociedad. Esa es la realidad con la que conviven los ‘Yugos’, inmigrantes de los Balcanes que se refugiaron en Suiza después de que explotara la guerra en la antigua Yugoslavia. 370.000 inmigrantes de origen balcánico están asentados en Suiza, formando la comunidad más numerosa extranjera del país, pero también la que tiene las estadísticas más altas de criminalidad. Tener un apellido con sonoridad balcánica te convierte en sospechoso de prácticas mafiosas, tráfico de drogas o conducta violenta. Muchos han optado por disfrazar sus orígenes cambiando de nombre y así aumentar sus oportunidades de encontrar trabajo o alquilar un piso.

A la sociedad suiza se le ha atragantado la integración de los inmigrantes procedentes de la antigua Yugoslavia. El fútbol, sin embargo, les ha recibido con los brazos abiertos. Huérfano de una selección competitiva y de futbolistas de primer nivel desde que colgara las botas la generación de los Sforza, Chapuisat y compañía, el fútbol helvético ha descubierto una oportunidad de reconstrucción a partir de la numerosa inmigración balcánica que reposa en el país. Xherdan Shaqiri es el máximo exponente de este política de integración futbolística que se horneó en el interior del Centro de Alto Rendimiento de Lausana. Allí se gestó la selección suiza que se proclamó campeona del mundo sub’17 en 2009 y subcampeona del Europeo Sub’21 en 2011, pero, sobre todo, allí fue donde Suiza desarrolló al que será su bandera durante la próxima década: Xherdan Shaqiri (Kosovo, 1991).

De origen albanokosovar, emigró junto a su familia a Basilea abandonó su Gnjilan (Kosovo) natal huyendo de las bombas antes de cumplir los ocho años. Doce años después, Shaqiri se ha convertido en uno de los proyectos más prometedores del fútbol suizo. Ottmar Hitzfeld le dio la alternativa en el Mundial de Sudáfrica 2010. Suiza llegaba a la última jornada con la necesidad de ganar a Honduras por dos o más goles para avanzar a octavos de final y faltando doce minutos el marcador continuaba inmóvil en el 0-0. Hitzfeld no recurrió a un veterano para salvar la situación, sino que llamó a un adolescente que todavía no había disputado ni un minuto en el Mundial. Ese joven era Xherdan Shaqiri.

Lógicamente no tuvo tiempo para salvar a Suiza y los helvéticos quedaron eliminados, pero con la confianza que mostró en él Hitzfeld dejaba claro que Shaqiri sería una pieza importante para el seleccionador durante los próximos años. El tiempo ha confirmado este teoría. Tras brillar en la Eurocopa Sub’21 del 2011, Shaqiri se ha asentado definitivamente en la selección absoluta de Suiza, asumiendo galones y protagonizando actuaciones memorables, como el hat trick frente a Bulgaria que le terminó de confirmar como el nuevo referente del fútbol suizo. El papel de Hitzfeld, sin embargo, no se limita a formarle cuando defiende la camiseta de la selección helvética, sino que le aconseja también más allá de sus dominios y fruto de ello Shaqiri llegó al Bayern de Munich.

Lo hizo tras brillar con el Basilea en la pasada Copa de Europa, siendo la gran revelación en términos individuales de la competición. El conjunto helvético se coló en los octavos de final tras superar un grupo en el que se tuvo que medir al Benfica y al Manchester United. Shaqiri volvió loco a los Reds Devils hasta el punto de que Sir Alex Ferguson pidió a la directiva que cerrara su fichaje de manera inmediata. Pero los planes de Shaqiri avanzaban hasta otro lugar. En octavos de final de la Champions League su Basilea se enfrentaría al Bayern de Munich y precisamente con ese equipo se había comprometido para cambiar de aires a final de temporada. De este modo, el prometedor jugador suizo se unió este verano a la máquina bávara de Juup Heynckes.

En el Allianz Arena Shaqiri se ha encontrado con iconos como Franck Ribéry y Arjen Robben, quienes le cierran las puertas de la titularidad, pero está contando con más minutos de los esperados. Al tratarse de un jugador que se siente cómodo en todas las posiciones de la mediapunta y alterna cualquiera de las dos bandas sin problemas ha sabido ir aprovechando los huecos que le concedían las rotaciones de Juup Heynckes. No es titular, pero ya ha tenido tiempo de exhibir en la Bundesliga ese físico pequeño pero potente, con un tren inferior muy desarrollado que tanto llamó la atención durante su etapa en el Basilea. Ha llegado a Munich como un proyecto de estrella y quiere explotar lo antes posible. La Champions League es su gran escaparate y ahora desea confirmar que en partidos clave también puede tener su protagonismo. Su próximo reto será asentarse como titular, aunque, por el momento, su gran éxito no es deportivo, sino el haber conseguido convertir a los ‘yugo’ en algo positivo para Suiza.

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