Histórico
27 mayo 2013El Enganche

Barcelona: Neymar, jugar y ser feliz

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Tengo debates puramente internos sobre fútbol. Aún no he dado con el prototipo de jugador que me enamora por completo, aunque sí es cierto que el ‘10’ intermitente, lento si se pudiera elegir, y de carreras cortas, pero intensas, que no rápidas, me genera un cosquilleo divertido. Sin embargo también me gustan Gundogan o Cristiano. Y también Demichelis. Inclusos tipos como Khedira, es decir, enfermos de la carrera, la posición y el despliegue físico. La conclusión es que me gusta el fútbol.

Hasta aquí podría llegar el artículo de hoy. Pero no. No porque el Barça ha fichado a Neymar, que además de un hombre-marca y un hombre-vídeos, juega al fútbol. Un rato largo. En una competición que está creciendo con la misma proporción que el periodismo patrio se encarga de decir que en Brasil no se defiende, los jugadores no tienen ritmo (competitivo, me gustaría imaginar) y un largo etcétera de clichés que ni el aficionado al golf se tragaría. Y no lo haría porque este aficionado, cualquiera en realidad, tendría una noción básica del deporte que adora. Basta una ojeada por lo mejor de la historia para que salgan un puñado de Garrinchas, Pelés, Taffareles, Sócrates’, Thiagosilvas o Ronaldinhos para reconocer qué relación tiene el fútbol con Brasil. Además de con el carnaval.

Neymar es un jugador distinto. No llega al Barcelona, por suerte para él, con el cartel de heredero ni de salvador. Además, el contexto de juego-idea en el que se moverá es muy distinto al resto. Y este tipo es el otro. O sea, el tercer magnífico. Digamos que es quien une, no por demasiado tiempo, a los dos superdotados del fútbol con los ciudadanos del mundo del fútbol. Pero Neymar lo hace bajo unos parámetros de diversión que quizá no sean aceptados por la rigidez táctica europea. En cualquier caso, nada ver con Robinho, que acabó siendo más jugador que flash, pero le pesó ser bonito. Neymar ya ha conocido el fútbol. La derrota y la victoria. Llega joven, pero ya ha recorrido, lo cual es aún mejor: sabe lo que hay, pero sigue sonriendo.

Y no me parece algo menor que sonría cuando juega. Y cuando le pegan (que en Brasil pegan los defensas). Y cuando regatea. En la rigurosa seriedad del Barça de la que solo se sobresale el amor propio, y nunca mejor dicho, de Alexis, una sonrisa desenfadada que diga “se puede, mirad, algo así”, valdrá trofeos. O no, porque nadie garantiza nada. Pero hará ameno el camino, que habría que convencerse que se trata de lo fundamental. Es importante que dejen a Neymar sonreír. A mí siempre me gusta recordar que el fútbol es un deporte. Al que se juega para ganar, pero en el que perder es lo normal.

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