Histórico
1 abril 2013El Enganche

PSG: Ibrahimovic, el ganador sin corona

Ibrahimovic - PSG 2013

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Los relatos de vencedores y vencidos suelen ser recordados. Y la figura del desgraciado predomina sobre el vencedor. Las lágrimas, la derrota, el golpe. Pero quien trasciende épocas es el ganador, el mágico, el que llega y se impone. El otro solo genera más literatura cortoplacista. Así, el recuerdo es Ali y no Foreman; el héroe es el Oporto venciendo en la Champions y no un –también– magnífico Mónaco, y la photo finish de Pekín guardará a Phelps en su memoria, obviando a Cavic. Ibrahimovic no es un vencido, es un ganador. No es un mártir de la derrota. Él es su carácter, su fútbol. El aspecto de islote desgarbado y torpón que se asocia con la habilidad de quien tiene treinta centímetros menos. Él, casi sin matices, ha convertido al Inter en tres veces campeón de Italia, una al Milan y, siendo imberbe, dos al Ajax. También ganó con el Barça. Muchísimo. Pero quedará más cerca del borrón que del triunfo. En su historial figuran dieciséis títulos colectivos y algunos premios más a nivel individual.

Sin embargo, poco de él se sabe en la competición. La Champions League no ha conocido una versión óptima ni continua de Ibrahimovic. El Inter campeón de la mano de Mourinho fue el posterior al sueco, que se le tilda a menudo de vencedor de partidos, pero no de eliminatorias. Y el Barça se coronó dos meses antes de su llegada y diez después de su partida. De él, por Europa, no queda más que algún highlight para el recuerdo. Pero sustentó a un Milan en el que no había nada. El previo a la transición y el posterior a la marcha de las viejas glorias. Y transformó al Inter como ahora baila en Francia con un PSG donde es el único icono mundial.

Su presencia tiene la entidad que supone dejar en la sombra a Pastore, Lucas Moura, Verratti o Thiago Silva. Al PSG se le nublaba el panorama sin el sueco y se le ilumina, porque, futbolísticamente, es fundamental. Y para jugar contra el Barça es una especie de llave maestra que todo lo abre. Ibra gana de espaldas, aguanta y suelta de cara. Gira y lanza al hueco sobre los llegadores o, sencillamente, se genera su propia jugada de peligro. La sensibilidad para dominar el tiempo supera a su capacidad para abatir rivales.

No tiene un problema para adaptarse a los contextos. Puede vivir como una isla para esperar a los demás, jugar como agregador para que sus compañeros de lancen hacia Valdés o, minimizando su influencia en el juego, puede ser un rematador porque su físico y su talento se lo permiten. Es un delantero que juega a todo y no se le conoce un tope futbolístico. Solo los mentales, los que le cambian la dirección de sus pensamientos. Los que hacen buena la jocosa frase de Francis Bacon (La cabeza de muchas personas de alta estatura se parece a las casas; el piso más alto es el peor amueblado”) y neutralizan su rendimiento. Ibra es, a menudo, él contra sí mismo. Él es su límite. Un príncipe áspero dispuesto a reinar en la ciudad del amor.

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