Histórico
29 abril 2013El Enganche

Libertadores: Rogeri Ceni, el discurso del rey paulista

Por Gabriel Casimiro (periodista especializado en fútbol sudamericano)

Quedar en la historia es el reto de cada persona que un día se decide a forjar su propio destino. Llevado a este deporte, que deja y sacrifica muchas cosas para ser futbolista, un oficio tan igual como el resto, pero que supone pautas especiales. Pautas que Rogerio Ceni marcó para siempre, y que las sigue instalando como un legado de vida. El mítico portero brasileño, ídolo indiscutible de Sao Paulo y que hasta hoy escribe durante 90 minutos episodios de entrega, lucha y amor por una sola camiseta. Es así, pues a este mito de Brasil no le bastó con entrar en los libros de historia de su equipo y de su país. Hasta esta altura, ya hizo mucho, diríamos demasiado. Pero su mente, y hambre de gloria, querían mucho más. Por eso, hace poco desató otra faceta poco conocida y que ensancha su imagen. A sus 40 años, fue el líder y motivador que toda escuadra quisiera tener.

Noche del miércoles 17 de abril. Última jornada del grupo 3 de la Copa Libertadores. Sao Paulo debía ganarle al ya clasificado Atlético Mineiro para avanzar a octavos de final, sin depender de lo que pase entre Arsenal y The Strongest, que jugaban en simultáneo. Es decir, el cuadro paulista no tenía margen de error. Por ello, era inevitable no ver ansiedad y nerviosismo en el rostro de los jugadores. Pero allí sucedería el hecho que marcaría un punto de quiebre. En el camarín, se juntó todo el plantel para la charla del entrenador Ney Franco. Esbozó y dio unas palabras al capitán Rogerio Ceni, quien sorprendería con su discurso. Se puso en medio de todos, y con energía alzó la voz y empezó a charlar imponente.

“Sólo depende de nosotros. Yo sé que creen en Dios, ¿Acaso no creen en Dios todos ustedes? Es la hora de subir al campo y ver a esos tipos allá arriba. Miren para arriba, miren la oportunidad que Dios les dio en la vida a cada uno de ustedes. Como equipo, como ser humano, como hombre, como padre. Miren la oportunidad que Dios está dando para cada uno de ustedes. Es momento de escribir la historia, escribir nuestra historia. Vamos allá gente”, dijo el portero.

Todos se miraron, gritaron y abrazaron. El puño apretado fue el símbolo de unión y fortaleza mental para un partido vital. Con ese empujón anímico, gracias al mítico Ceni, Sao Paulo salió a la cancha. Ganó 2-0 y clasificó. Rogerio abrió el marcador de penal y así marcó su gol 111, estirando su cuenta del máximo arquero goleador a nivel mundial. Se arrodilló al celebrar el tanto y sus compañeros de inmediato fueron a abrazarlo. Al ídolo, al referente, al líder. A aquel que fue capaz de arengar a un grupo de hombres en busca de la gloria, y así agrandar su historia, que parece no saber de límites.

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