Histórico
12 abril 2013Jose David López

Filip Djuricic, el 10 de Serbia-Benfica

Filip Djuricic - Heerenveen 2013

Son ligeros, flexibles y generalmente de aluminio. Suelen pintarse de azul, en tonos claros y de textura agregada a la superficie mezclando cristal o arena machacada con la pintura para proporcionar adherencia adicional. Se colocan a uno o tres metros de altura, pero su principal cualidad es un muelle que se ajusta  por medio de un fulcro que se coloca aproximadamente a mitad del trayecto hacia el agua. Sí, la descripción pertenece a un trampolín, la palabra ideal que para mezclar la carrera de un jugador que encuentra su punto perfecto para ‘saltar’ hacia un nivel superior, con respecto al contexto que le permite ese crecimiento. La Eredivisie es el trampolín particular de Europa, pues su capacidad para transformar trayectorias e impulsar a jugadores hacia metas mayores, se ha multiplicado en las últimas décadas. ¿Qué gran estrella no ha tenido un primer trayecto en el alocado y desenfadado fútbol holandés?

Esa mezcla de libertad, creatividad sin censuras tácticas y predisposición absoluta por el juego ofensivo, ha divertido a sus seguidores eternamente pero, además, les ha permitido disfrutar con las mayores perlas de Europa justo antes de su madurez. Y no solo por la potencia y fortaleza de canteras mundialmente afamadas como las del Ajax y Feyenoord (auténticos exportadores naturales de estrellas), sino por la habilidad para moverse en el mercado de promesas y la astucia para ser los primeros en llamar a puertas que otros jamás valorarían atravesar. En ese punto ideal, en ese equilibrio obligado entre rendimiento de plantilla y gastos financieros de la misma, el más avispado para encontrar delanteros de nivel y jugadores ofensivos de grandes cifras goleadoras, ha sido el Heerenveen. El último de sus ‘experimentos’ ya ha tomado carrera, está preparado para saltar y así aprovechar una vez más ese trampolín: Filip Djuricic.

Se trata de un mediapunta o volante con mucha libertad, diestro, de sólo 21 años y que ha encontrado la aclimatación perfecta a un campeonato que se ajusta perfectamente a sus virtudes. Una enorme capacidad de conducción en carrera, mucha calidad técnica en movimientos de desmarque, iniciativa personal a la hora de buscar desequilibrios individuales y una interesante aportación como llegador o jugador que finaliza las jugadas de ataque desde la segunda línea. Más válido en la gestación y creación de la jugada por talento y lectura desde una visión de juego más retrasada. No es jugador de área o de una zona concreta del ataque, sino que aparece en los espacios, los crea y siempre interviene con lucidez por su personalidad atrevida. Es capaz de lanzar contragolpes por la unión de estas virtudes con una interesante velocidad, regatea por inteligencia de movimientos y no tanto por ser explosivo pero, por el contrario, sí es muy dado a arrancadas individuales que disparan sus ataques y sorprenden a los rivales.

“Mi estilo de juego encaja a la perfección en clubes donde se generen espacios para jugadores que buscan la improvisación. Casi todos los equipos prefieren jugadores con gran capacidad física para, después, preocuparse por la técnica. Casi ningún equipo juega con un número 10 y esa es mi posición perfecta, dijo hace unas semanas, tras convertirse ya en una de las máximas figuras de la Eredivisie este curso. El balcánico suma 11 goles en lo que va de curso (7 de ellos en el campeonato holandés y los cuatro restantes en Copa), pero tras cuatro campañas en el Heerenveen, ha explotado definitivamente actuando por detrás de un punta también explosivo en el área como el finlandés Finnbogason (uno de los artilleros del curso holandés). Libertad, imprevisibilidad y creatividad en los pies de un jugador que se crio en Obrenovac, territorio serbio, que su primer equipo fue el de su ciudad, el modesto Radnicki y que pese a estar meses en Estrella Roja y hasta en Olympiakos, fue devuelto por no apto y regresó a su ciudad.

Allí apareció el siempre inteligente y avispado scout del Heerenveen, que lo encontró en un partido amistoso donde marcó dos goles y quedó encantado con su aportación. Unos meses más tarde, en enero de 2010, ya estaba en el coqueto Abbe Lenstra Stadium, debutando días más tarde y aclimatándose las dos primeras campañas donde pasó casi desapercibido. Pero en un club exportador, el recambio de las estrellas pasadas era él y aprovechó su continuidad, marcando ya diferencias la campaña pasada y explotando definitivamente esta. Tanto, que ha llegado a convertirse en la nueva estrella de Serbia, donde pasó por todas las etapas inferiores hasta debutar hace aproximadamente un año y ser ya referente de la nueva regeneración serbia. Un llegador talentoso con margen de crecimiento, con ambición para superar metas mayores y que ya ha encontrado su próximo salto rumbo al Benfica. Es que tras tener a los grandes de Holanda peleándose por su fichaje, el club lisboeta confirmó su contratación, abonando casi 7 millones de euros, firmando para cinco campañas y con una cláusula de 40 millones de euros. El trampolín de la Eredivisie vuelve a funcionar y ya está a punto de impulsarlo a su próximo reto…

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