Histórico
11 abril 2013David De la Peña

Europa League: Debe tener algo especial…

“La UEFA Europa League debe de tener algo especial”, fue lo que pasó por mi cabeza a eso de las cinco de la mañana del sábado pasado. Me había tomado un par de días de descanso y no había visto ningún partido de la ronda de ida de los cuartos, y cuando acabó el fútbol europeo sabatino, a eso de las diez y media, decidí ponerme al día con el asunto. Quizá tuvo que ver el primer partido que vi, que me enganchó con una actuación que hizo que me apretase el apetito por seguir viendo más detalles, pero sí, fue irremediable pensar que esta competición ha de tener algo especial, para ver cuatro partidos seguidos de la misma ronda y que se te pase volando. Vamos, parecido al día que te enganchas con una serie y tienes que tragarte diez capítulos del tirón. Pues eso, irremediable. Por cierto, ese primer partido que vi fue el Chelsea–Rubin, y esa actuación de la que hablo fue la de Fernando Torres.

El delantero, de repente, encontró sus cosas, porque Fernando llevaba tiempo vagando por el césped de Stamford Bridge como buscando algo. Es verdad que de vez en cuando encontraba un balón y lo enredaba, a veces saliendo a celebrar, y otras veces mirando hacia detrás, y en los días que tocaba celebrar, se le olvidaba. Pero los murmullos azules cuando las cosas no salían bien abrían Anfield, porque las cosas de Fernando, estaban en Anfield. Creo que se llamaba intimidación, o al menos eso es lo que a mí me transmitió contra el Rubin, y eso es lo que transmitía cuando cabalgaba vestido de red ante la grada de The Kop. Fernando metió dos goles, pero eso ya lo había hecho antes. Esta vez sonrió porque ganaba en velocidad, generaba ventajas y los murmullos, por fin, eran de aprobación. El Chelsea ganó 3-1 y tendrá que cerrar el trabajo en Rusia, pero yo, lo que tengo ganas de ver, es cuántas veces más las cosas de Torres estarán en Stamford Bridge.

La siguiente parada fue Estambul, donde recordé a Alex. Quizá ayudó que en el descanso no me pude resistir y teclee en Youtube “Goles + Fernando Torres + Liverpool”, así, con los mases y todo, para optimizar la búsqueda. E igual me pondría nostálgico tras mirar un par de aquellos vídeos porque, al ver las franjas en la camiseta del Fenerbahçe, recordé el maravilloso futbolista que era Alex da Souza. Un mediapunta exquisito, que además de tener un fino sentido para hacer gol,  se relacionaba con el juego como nadie, encontrando esos espacios difíciles. Baroni, Meireles y Topal era el medio campo del Fenerbahçe, mientras que Kuyt y Sow jugaban en las bandas. Al Fenerbahçe le resultaba muy difícil encontrar sitio entre la férrea defensa italiana, e incluso enfrentándose a 10 hombres, tenían problemas para producir peligro, más allá de los disparos lejanos. Al equipo le faltaba ese jugador que abre el camino, más con Emre sin poder disputar competición europea. Una sensación que sin embargo, no impide a los turcos defender una renta de 2-0. Porque, es cierto, creatividad falta, pero entre Kuyt, Sow o Webo, el área no permite un descuido.

En Da Luz en las vallas publicitarias ponía “UEFA Europa League”, pero no hubiese pasado nada si la organización le hubiese hecho un guiño a la historia con un añejo “Taça UEFA”. El partido tuvo aroma a UEFA de los 90, a espíritu copero, a dos choques de estilos donde el local atacaba sin pudor y el visitante contragolpeaba con el colmillo afilado.  El Benfica no tenía un Alex, pero no encontraba problemas en abrir una defensa cerrada como la de los Toons. Y es que el Benfica te desborda por chispa, por conducción. Cierto que Jorge Jesus eligió la versión menos agresiva, con Andre Gomes acompañando a Matic, y Enzo Pérez en el banquillo, pero a las águilas les bastó con el desborde de Gaitán, Ola John y Rodrigo para generar ventajas. El Benfica te desordena desde la conducción, y a sus pequeños no les importa que estés metido en tu campo. Así, los de Jorge Jesus consiguieron remontar el 0-1 inicial del equipo inglés, que llegó, precisamente, en una de esas contras que tan bien combaten el estilo lisboeta. Sissoko y Papiss Cissé son balas al espacio, fuertes para aguantar una carrera cuerpeando, y finos para definir. Dos tipos para creer que el 3-1 aún no es suficiente.

Y para cerrar, Gareth Bale. O eso pensé yo, hasta que viendo la primera media hora del equipo suizo en White Hart Lane tuve que mirar al banquillo visitante y hacer un murmullo de aprobación en honor de Murat Yakin. Quizá, como jugador, internacionalmente a la sombra  de su hermano Hakan, mucho más fino y elegante que él. Al fin y al cabo, Murat era un defensa, de los de lectura y saber estar. Justo lo que le transmitió a su equipo en Londres. Bale era la gran amenaza spur, y ante la ausencia del chileno Díaz, Murat le negó todos los espacios. Díaz ha reciclado su posición y en Suiza actúa de mediapunta, y Murat prescindió de esa figura. Fabian Frei como mediocentro, y dos hombres que mordían la salida del Tottenham como Elnenny y Serey Dié. Un 4-1-4-1, con el equipo bien replegado, que negaba los espacios de la estrella galesa, y que ahogó en general todo el entramado ofensivo de Villas-Boas. Con el equipo bien armado, y debe estar en los genes, Murat no se negó a contar con dos futbolistas finos, explosivos, y determinantes: Salah y Stocker. Entre unas cosas y otras, el Basilea se lleva un 2-2 que tiene preocupados a los spurs. Quizá, por lo que queda, la más apetecible de las vueltas.

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