Histórico
24 abril 2013Jose David López

Champions: Los nombres de la jornada

Lewandovski - Borussia Dortmund 2013

El doble enfrentamiento germano-español o hispano-alemán, ha dejado una clara sensación en el primer intercambio rumbo a la finalísima de Wembley: Bayern y Borussia Dortmund atraviesan un momento de forma inmejorable, superando con crecer la auto-estima y actitud de Barcelona y Real Madrid. Dos días, dos noches o 180 minutos que unifican el criterio avanzado por la Bundesliga en los últimos tiempos, la de haber acortado definitivamente ese tramo sobre el supuesto dominador, la Liga. Uno decrece y lo muestra vilmente con sus dos gigantes vapuleados. El otro atraviesa cualquier obstáculo con la fuerza de quien se ve imparable en su vanguardista concepto de verticalidad, físico imponente y pegada con jugadores poderosos en ataque. Hay una Vuelta, pero quizás sea a los 70, cuando Alemania andaba a sus anchas por el continente europeo.

Robert Lewandovski (Borussia Dortmund): Había roto todo tipo de expectativas. Primero logró alcanzar un puesto en uno de los clubes poderosos de la Bundesliga como proyecto en plena expansión goleadora. Sus goles en el modesto Lech Poznan, donde apareció y explotó como el goleador del futuro y jugador revelación, sirvieron además para intimidar a un Lucas Barrios que en cuanto cayó lesionado, perdió su lugar para siempre. No contento con la titularidad, se convirtió en la definición fría y precisa que necesitaba un Dortmund extremadamente animoso a sus espaldas, pero su movilidad y capacidad de recepción en largo, construyeron una aureola mucho más impactante aún por sus alternativas dentro-fuera del área. Ya reconocido como gran rematador del campeonato, sus números lo colocaron en los grandes del continente y justo la tarde en la que se da por seguro su fichaje por el Bayern (para seguir creciendo), rompe una barrera más con cuatro goles de pesadilla blanca. Técnica-pegada-fuerza para la historia.

Cristiano Ronaldo (Real Madrid): No fue ni su mejor partido en mucho tiempo ni tampoco aquél en el que marca diferencias abismales, pero sí será recordado porque su gol probablemente evitó una noche mucho más complicada en el Westfalen. Sí era el más incisivo, el que logró rescatar a su equipo gracias a las salidas y arrancadas laterales junto a su compatriota Coentrao (otro de los destacados). Llegó al segundo poste en un contragolpe mortal que derribó la espectacular primera parte de un Dortmund castigado por su único error. El portugués marcaba su sexto gol en semifinales de Champions (igualando a Del Piero-Litmanen) pero, sobre todo, se coloca con 50 goles a la altura de los grandes iconos de la historia de la competición estrella. Su momento es la única esperanza para que sueñe con lograr su primera final europea vestido de blanco, algo que se le resiste.

Leo Messi (Barcelona): No existe una cara que represente mejor y de manera más decepcionante la aciaga noche del mejor equipo de los últimos años, que la de su gran estrella. El mejor, en el estadio más complicado del curso en Europa y en la mejor cita donde brillar… se estrelló. Y lo hizo por su falta de capacidad física (arrastrando unas molestias que hoy son debate en toda Cataluña y que ningún bien hicieron a la lógica deportiva) y por una errante sensación de incapacidad a cada pelota que recibía. Nunca acabó de arrancar, jamás pudo encontrar su espacio y fue encimado constantemente por auténticos torbellinos bávaros en cada amago de surgir en el choque. Absolutamente aciago, el argentino ha llegado a final de curso con la clara sensación de agotamiento que abruma desde la lejanía pero en el único partido done su presencia fue inocua, su club se tambalea como ya no se recordaba. Tiempo de interiorizar culpabilidades.

Thomas Muller (Bayern): El día en el que su club confirmaba el fichaje del llamado a ser mejor jugador del fútbol alemán en los próximos años (Mario Gotze deja el Borussia Dortmund para llegar al Allianz Arena por 37 millones de euros), el eterno comodín ofensivo muniqués, volvió a ser el más determinante. Es el delirio de la afición por su físico desgarbado, su identidad de canterano y su aparición estelar en cada partido decisivo. Desde que Van Gaal se lo inventara y le diera la oportunidad en la élite poco antes de marcharse, este extremo derecho, mediapunta, ‘falso nueve’ o llegador con libertad plena, no ha parado de crecer y, cuando más se le exige, mayor ha sido su influencia. Dos tantos similares que demuestran su ‘don’ especial con el gol en cualquier contexto y ante cualquier situación. Incansable, mentalmente imperecedero y enérgicamente incontestable. Es su momento. Gotze se lo tendrá que ganar.

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