Histórico
30 abril 2013Jose David López

Champions: El reto del ‘Tridente Borussen-Polaco’

En una sociedad mermada ante cuatro décadas de régimen comunista y herida por las consecuencias feroces del Telón de Acero, ser recluta no solía generar noticias agradables. Sin embargo, cada cierto tiempo uno de ellos se convertía en alguien especial, un éxito que se vinculaba irremediablemente a la habilidad con la pelota. Todos aquellos que dominaban el arte del balompié en Polonia, acababan defendiendo la elástica del Legia de Varsovia pues como equipo del Ejército polaco, era capaz de aglutinar todo tipo de estrellas con sus prácticas poco lícitas. Casi obligado por amenazas y tras un sinfín de escaramuzas de grisácea naturaleza, Kazimierz Deyna no pudo negarse a exponer su calidad técnica, visión de juego y extraordinario disparo lejano, al servicio del ‘estado’, que ganó un organizador de lujo para doce años pero que acabó por impulsar al que aún hoy está considerado mejor futbolista polaco de la historia.

Deyna se convirtió en el abanderado, el icono y el líder de una generación irrepetible que aún hoy recuerdan la época más gloriosa del fútbol polaco. Dirigidos por el caracterial Kazimierz Gorski, lograron la medalla de oro de fútbol en los Juegos Olímpicos de Múnich (dos goles de Deyna en la final), ganaron a Inglaterra para ‘colarse’ en la fase final de 1974 y alcanzar semifinales con el estilo más asociativo y preciosista del torneo. Bajo palos Tomaszewski, en defensa Zmuda, la medular la dominaba Kasperczak, pero el ataque era un lujo que nadie podrá olvidar jamás, un tridente formado por Lato, Szarmach y Gadocha. Ellos, junto a un Deyna (que llegó a ser Balón de Bronce en 1974), representan aún hoy un sueño que Polonia no ha vuelto a experimentar, el de competir en la élite. Llevan décadas intentandolo pero hoy, por la puerta grande, pueden poner freno a su periplo en el ostracismo con otro tridente, el ‘Borusen’.

Y es que desde aquellas estrellas con aureola de mitos, no existió una generación que alcanzara cierta expectativa en el país, hasta el punto de que la localía en esta pasada Euro 2012, multiplicó las ambiciones de una selección jovencísima con pocas estrellas y una obsesión, pasar la primera fase (algo que fue imposible). Y todo nace, crece y encuentra sentido como para reproducirse, gracias a tres jugadores, amigos, compañeros e inseparables ganadores durante los dos últimos años en la Bundesliga. Vinculados a un fútbol asociativo que aboga por el dinamismo medular, la posesión de balón y el desequilibrio diferencial del talento en espacios reducidos, Lukasz Piszeck, Jakub Blaszczykowski y Robert Lewandowski, jugadores del Borussia Dortmund, acumulan toda la ilusión y presión de una Polonia volcada con sus tres nuevos ídolos. La misma que necesita ver en ellos a sus nuevos ‘reclutas’.

Lewandovski y Pisczeck - Borussia DortmundLukasz Piszceck pasa por ser uno de los mejores carrileros diestros del momento, tras haber firmado seguramente sus tres mejores temporadas como profesional en un momento en el que nadie hubiera imaginado una progresión tan firme. El polaco ha pasado de ser un llegador con capacidad para jugar en ambas bandas y buen disparo desde media distancia (rol que ocupó durante años en el Hertha de Berlín), a renovar conceptos tácticos y perfeccionar movimientos defensivos para convertirse en uno de los laterales más deseados del momento. Profundo, de grandes centros y buena técnica individual, está en la agenda de los mejores clubes del mundo pero sabe que sólo en el Westfalen tendrá garantía de regularidad y la receta del éxito que reactivó su carrera hace ya dos años.

Jakub Blaszczykowski (Kuba) es el perenne luchador, infatigable, voluntarioso, molesto por su presión constante sobre el rival y capacitado para cualquier tarea dentro de un colectivo. Alternativa ofensiva para cualquier club, deseado en cada vestuario y convertido por la sociedad polaca en su principal referente durante los últimos años. Su fortaleza física y el vacío al que se somete cada partido, aseguran dinamismo, concentración y entrega en cada acción. Si le añadimos buen disparo desde media distancia y una envidiable capacidad para ganarse por méritos propios cada uno de sus elogios, no es de extrañar que pese a su teórica falta de técnica individual sea estable en los planes del campeón alemán.

Pero la absoluta estrella que alimenta los sueños de los hinchas polacos es el gran Robert Lewandowski. El delantero que más ha progresado en el fútbol europeo en los tres últimos años, es más efectivo que nunca de cara a puerta (algo que siempre se le puso en duda cuando aterrizó en suelo amarillo), elegante en todos sus movimientos y tenaz en el área. Capacitado para resolver en solitario, asociarse, jugar en largo o intentar que una recepción suya se convierta en una alternativa exitosa, ha confirmado estos últimos cursos las mejores previsiones. Sus cuatro goles de la Ida lo coronaron para la historia, esa que ahora se abre de par en par para tumbar los presagios más negativos del fútbol polaco.

Un ‘tridente’ preciosista, cautivador y lleno de expectativas que hoy, no sólo ha logrado recuperar el sentimiento futbolístico en un país que había perdido cualquier esperanza, sino que puede devolver una gran parte de aquellas esperanzas accediendo a una finalísima de Champions League que nunca habrían imaginado hace tan solo unos años. Tres nuevos reclutas de la ilusión polaca, aunque vestidos de amarillo dortmuner. El ‘tridente Borussen’.

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