Histórico
4 abril 2013Jose David López

Champions: Cuatro palabras, cuatro eliminatorias

Real Madrid - Galatasaray 2013

Es simple, pero definitivamente interesante. Igual que el calvo puede ser atractivo, lo minimalista diferencial y lo escaso se tacha de gourmet, la palabra es la mínima representación de nuestro pensamiento liberado. Sea escrito o hablado, la Champions League multiplica sus sensaciones altruistas, bohemias e intelectuales en cualquier esquina. En la nuestra, hemos decidido ser concretos pero profundos, directos pero reflexivos, pues una sola palabra es capaz de explicar por sí misma la sensación que desprenden 90 minutos de fútbol de altísimo nivel. Y así, desde París a Madrid pasando por Málaga y Múnich, los cuatro partidos de cuartos de final de la máxima competición internacional de clubes, dejaron millones de detalles pero, sobre todo, una palabra definitiva. Estas son las elegidas.

Pegada (Real Madrid-Galatasaray 3-0): No tuvo que mostrar ni de lejos una versión excesivamente interesante el equipo de Mourinho, pues las enormes deficiencias defensivas de un campeón turco frágil donde todos esperábamos, no dio competencia alguna. Pero pese a ser una ‘marioneta’ por momentos, cierto será recordar que la única estabilidad y firmeza del equipo blanco fue la pegada. Dos goles rápidos le permitieron ampliar su perspectiva sobre la eliminatoria, pensando ya en la vuelta, jugando con las posibles amonestaciones (Ramos y Xabi Alonso las forzaron) y hasta regalando minutos de permisividad y pasividad a un Galatasaray que tuvo tres ocasiones claras en la primera mitad para haber desquiciado una noche placidísima por decreto (Una de Drogba y dos de Yilmaz). Ozil distante pero determinante en chispazos talentosos, todo lo que un día ofreció Sneijder que ahora en el bando contrario, sigue demostrando que sus mejores días llegaron en 2010. La pegada salvó cualquier peso para un Madrid ya ‘casi’ en semis.

Contratiempos (PSG-Barcelona 2-2): El resultado evidencia un choque lleno de alternativas, con opciones claras para ambos bandos y con competitividad extrema, pero no refleja la verdadera realidad de cómo se llegó a ese final. Si en los primeros veinte minutos la versión más atrevida, incisiva y veloz (por Lavezzi al poste y las arrancadas de Lucas Moura) hubiera encontrado su premio, la eliminatoria hubiera dado un vuelco consentido por otro mal arranque culé, pero la determinación ofensiva careció de veracidad para los parisinos. Y una vez que esa ilusión prematura quedó paralizada con la posesión azulgrana, la teoría y la práctica siguen reafirmando al unísono que no hay mejor balance ni equilibrio en el planeta que el que ofrecen los azulgrana con ‘su’ balón. Llegó el gol de Messi, incluso la reacción rápida al empate de Ibra con el penalti anotado por Xavi pero Matuidi igualó las tornas sobre la hora. Por el camino, una larga lista de dolencias, lesiones, molestias e incomodidades de producción que reabren alguna duda para la Vuelta. No obstante, el resultado es positivo en la noche de los ‘contratiempos’.

Realidad (Málaga-Borussia Dortmund 0-0): Jamás vi un partido con tantísimos merecimientos de gol (más del bando germano que del andaluz) en una cita Europea de este caché. Solo las enormes apariciones bajo palos de Willy Caballero, la aciaga noche en definición de Gotze (que dejó escapar hasta tres mano a mano) y lo desquiciado del ataque amarillo ante las situaciones perdidas, frenó un resultado que debió ser mucho más positivo para los de Jurgen Klopp. Y realidad porque, pese a esa mejoría notable mostrada por un Dortmund asociativamente impecable, siempre mostrándose en líneas de pase y con movilidad de desmarques, igualmente real es la esperanza de un Málaga que sigue vivo. Su heroicidad será, como mínimo, empatar con goles en el Westfalen. Una esperanza tan complicada como real.

Inflexible (Bayern-Juventus 2-0): Probablemente no son palabras dignas de un mito del fútbol alemán ni, desde luego, son merecedoras por recaer en las espaldas de otro ídolo del fútbol italiano. Pero cuando Franz Beckenbauer tachó a Buffon de ser “un pensionista” por sus acciones frágiles en los goles muniqueses este pasado martes, seguramente criticaba en exceso pues precisamente el guardameta azzurri fue el mejor y el salvador de la arrolladora muniquesa. No recuerdo un equipo con tanta agresividad, intimidación por las bandas, capacidad para generar arreones ofensivos y empujar en busca de mayor premio. Nunca desidia, nunca dejadez, nunca permisividad al rival que, tras reaccionar bien unos minutos después del gol inicial, pudo ser drásticamente goleado de no ser por su veterano guardameta. Una eliminatoria que muestra las carencias de la Vecchia en la élite pero que multiplica las grandes impresiones de un Bayern absolutamente inflexible en sus premisas.

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