Histórico
16 abril 2013David De la Peña

Arsenal: Wilshere-Cazorla, evolución incondicional

Wilshere-Cazorla 2013

No le vimos hacerlo por estar más de un año sin hacer lo que más le gustaba, jugar al fútbol, y si lo hizo, se contuvo delante de las cámaras. Pero Wilshere, aquella noche, en las entrañas del Emirates, lloró. El Arsenal acababa de decir adiós de manera virtual a los cuartos de final de la Liga de Campeones, después de perder por 1-3 frente a un arrollador Bayern de Munich, y Jack tuvo que hacer fuerza para que no le temblase la voz ni se le escapasen las lágrimas en la entrevista post-partido. Eran las sensaciones de un chico que había entrado con nueve años en la academia del Arsenal, y que había dejado claro su amor por el club. Es indudable, en fútbol nunca se sabe, pero no le tembló el pulso a la hora de responder una pregunta incómoda, cuando aún tenía 19 años: “¿Puedes prometer que estarás en el Arsenal para siempre? Sí, puedo”.

El gran ídolo de la hinchada, el verdadero, el que ha hecho que la famosa pancarta de “¿Para qué queremos a Batman, si nosotros tenemos a Robin?”, haya sido sustituida por las de Wilshere, en cada rincón del Emirates, si cabe, con más fuerza. La tienda del club reserva la zamarra con su ’10’ en lugar preferente, y lo cierto es que no es para menos, porque estamos hablando de un futbolista que, si por fin tiene suerte con sus problemas físicos, tiene condiciones para ser el gran símbolo del fútbol inglés tras la retirada de Wayne Rooney. Es elegante, ágil con la pelota, con capacidad para asociarse, con un talento natural para crear ventajas brutal, y quizá, lo más importante, con un plus que le diferencia de la denominación de origen “jugón”, y de los agravios que suele llevar asociada: su carácter. Wilshere mete la pierna, se enfada, protesta, choca y no teme a nada. Ni siquiera a las patadas, algo que, viendo su historial, es más que elogiable.

Tener tal joya en el plantel no coartó a Wenger de aprovechar una situación de mercado más que favorable en Málaga, y contrató el pasado verano, con total acierto, a Santi Cazorla. Cazorla no tardó en impresionar al Emirates. Los aficionados hablaban del pequeño genio asturiano casi con devoción, se sorprendían de ver a un futbolista tan brillante, tan hábil con las dos piernas, y en el tramo inicial de temporada ya se había convertido en uno de los nombres referencias del público. Cazorla se instaló por detrás del punta, en el centro de dos extremos y delante de dos mediocentros. Era el foco de todo, recibía en un perfil, en el opuesto, incluso en la base de la jugada, y era capaz de llegar al área con peligro. El verdadero playmaker del Arsenal. La crítica aprobó el fichaje al unísono, por su precio, y por su tremenda y positiva influencia en el juego nada más aterrizar en Londres.

Wilshere - Arsenal 2013Pero Wilshere regresó en noviembre y parece que la luz del asturiano se apagó al poco tiempo. Los buenos se buscan, se asocian y producen, así que sería injusto señalar el regreso de Jack como la principal causa del bajón de nivel de Cazorla. Pero tan cierto es que si juntas bien a los buenos tienes mucho que ganar, como que si esa mezcla no tiene un apoyo colectivo esas estrellas se pueden apagar. Cazorla ya había demostrado en España, tanto en Málaga como en el Villarreal, que escorarse a una banda -como tuvo que hacer en alguna ocasión con la inclusión en los onces de Wlshere-, no era un problema para él. Su buena intuición para recibir por dentro, unida a su condición de ambidiestro, la hacía ser igualmente productivo en cualquiera de los dos costados. Sin embargo, en el Arsenal, se le ha visto más alejado del protagonismo haciendo esa función.

Conociendo los precedentes de Cazorla escorado a una banda, y sabiendo que no debería ser un problema para él, hay que analizar también las situaciones donde ha hecho con Wilshere una doble mediapunta, momentos en los que ninguno de los dos ha llegado a dar el nivel que se les presupone. Es aquí donde surge la duda. El Arsenal es un equipo, en ocasiones, excesivamente reactivo, y le falta en ocasiones de un elemento de pausa que permita abrir líneas de pase de manera continuada para asentarse en campo rival con la suficiente superioridad posicional como para que después, jugadores sin buena técnica defensiva, puedan recuperar la pelota una vez el equipo la haya perdido, ha demostrado ser un déficit importante. Probablemente una buena mezcla entre los dos genios pase, o bien por un centrocampista de gran técnica defensiva que corrija este tipo de situaciones, o bien por un hombre del corte de Ramsey, que dé su mejor versión con pelota y ralentice el ritmo para crear esas ventajas tan necesarias.

La opción de Cazorla en izquierda ha ganado bastante peso con el fichaje de Monreal, un futbolista capaz de robar a buena altura cuando está fuera de posición, y también de llegar a línea de fondo con una clarividencia al alcance de pocos laterales en el mundo, a pesar de no ser demasiado ágil cuando recibe el cuero. El resto de soluciones deberán esperar al próximo mercado de fichajes, o a una explosión inmediata en el nivel de Ramsey, pero la realidad es que Wilshere ya está recuperado y debería de ser un activo fundamental, como Cazorla, en el objetivo de la temporada: volver a la UEFA Champions League. De momento, esta misma noche habrá una prueba de fuego, frente a uno de los equipos más exigentes del país y que comparte aspiraciones: el Everton de David Moyes. Una nueva oportunidad para seguir viendo la evolución de una mezcla que, por condiciones, debería ser de las más potentes de la Premier League: Wilshere y Cazorla.

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