Histórico
7 marzo 2013David De la Peña

Tottenham: Gareth Bale, evolución hacia la amplitud

Bale - Tottenham 2013

No es que vaya a ser demasiado original, pero resulta complicado empezar a escribir sobre Gareth Bale y no recordar su portentosa actuación en el Giuseppe Meazza en la fase de grupos de la Liga de Campeones 2010-2011. En realidad, su doble actuación frente al Inter (ver video más abajo), porque en el partido de vuelta superó con suficiencia a Maicon, con lo que significaba superar con facilidad por aquel entonces al lateral brasileño. Se mostró al mundo como un velocista imparable, y como un futbolista que además, añadía a su registro una dosis de definición de cara a portería que le convertía en un elemento decisivo en partidos importantes. El Tottenham pasó aquella fase de grupos en primer lugar, y en octavos eliminó al AC Milan. Los cuartos de final serían contra el Real Madrid, y ahí, claro, había que hablar largo y tendido sobre Gareth Bale. Y, personalmente, no recuerdo tener tanto respeto como cuando hoy, en marzo de 2013, me dispongo a hacerlo.

Y ese respeto no es solo motivado por sus espectaculares cifras en 2013. Llevamos dos meses de competición en este nuevo año y el galés lleva la friolera de 10 goles. Su registro en esta Premier League, además, rompe con todo lo visto anteriormente, y es que sus 16 goles con aún 10 jornadas por disputarse impactan, si tenemos en cuenta, que contando todas las temporadas anteriores en la máxima división inglesa, llevaba 21 tantos. Así que la cuenta sale rápido. No sería ninguna sorpresa que Bale marcase más goles este curso que juntando todos los anteriores en el campeonato inglés. Así que sí, evidentemente, esas cifras generan respeto, pero particularmente admiro más la evolución en su juego, que está alcanzando un pico más alto de los que algunos hubiéramos podido imaginar.

De hecho, uno de sus mentores, Harry Redknapp, lo dejó bastante claro a finales de 2012: “Su juego está a la altura de Cristiano Ronaldo y Leo Messi”. Yo discrepo, pero sin duda hay que tratar de comprender las palabras de un hombre que apostó por su evolución de manera evidente. Bale se inició como lateral izquierdo, y esos comienzos han servido para que -incluso hoy en día-, se haya considerado ésta su mejor posición. Los analistas insistían en que era un jugador con un recorrido tremendo, que sumaba más al equipo llegando y no estando, y que además su ubicación en esa posición permitía al equipo tener otras opciones en el interior izquierdo, enriqueciendo de esta forma la capacidad ofensiva del Tottenham. Sin embargo, ya el propio Redknapp empezó a creer en él como un futbolista con un registro mucho más amplio.

 

Él fue el primero que empezó a ubicarle por dentro, ante la sorpresa de muchos. En realidad empezó a colocarle en banda derecha, donde daba la sensación de estar limitado al no poder aprovechar su juego exterior con su pierna más hábil. Los principales problemas de Bale jugando como segundo punta en la época de Redknapp eran asociativos, aunque también una falta de control del ritmo mermaba sus aportaciones. En primer lugar, Bale no era capaz de abrir líneas de pase limpias y devolver el balón con ventaja, y en segundo, prácticamente todas sus recepciones interiores terminaban en conducciones largas, que casi nunca se frenaban, por lo que defenderle era relativamente sencillo -hago hincapié en el relativamente-, y es que las ayudas interiores ante una conducción unidireccional son más asequibles. Probablemente por esta causa el debate ha llegado a ser reciente.

Pero durante este año, con André Villas-Boas en el banquillo Spur, hemos terminado de ver la evolución clave en su juego. Ha limado esas asperezas, y, sin ser un futbolista que destaque por sus conceptos asociativos, es capaz de recibirla bien orientado y de tirar paredes inteligentes en posiciones interiores. Aunque en mi opinión, la gran mejoría es con respecto a su otro gran problema: la ausencia de control en su ritmo. Ahora sigue superando rivales con suficiencia por el carril interior, pero es capaz de intuir la carrera del rival para pausar ligeramente esa conducción y cambiar de dirección con la suficiente sutileza como para encontrar espacio y finalizar. Y ahí, no es mejoría, es añadir registros. Y lo ha hecho sumando precisión a su golpeo y a sus rupturas, dos factores que se antojan imprescindibles en un buen delantero. El Inter se vuelve a cruzar en su camino, y lo que quizá algunos aficionados neorazzurri no sepan, es que se cruzan con un Bale mejor que aquel que les acribilló en 2010: el Bale delantero.

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