Histórico
1 marzo 2013David De la Peña

Serie A: Napoli-Juventus y la necesidad de recordar

Napoli - Juventus 2013

La colección de mis fracasos es la arenga más sólida que recibe mi diario. Los dejo, a propósito, a la vista, para que no se me olvide lo duro que fue llegar, aunque sea esporádicamente, a aquello que algunos llaman felicidad. Sus fracasos eran variopintos. Algunos, por estar cerca de la gloria, como lo debían ser los de aquellos que aspiran a conseguir grandes logros. Otros, por estar lejos de la misma, que para aquellos que aspiran a conseguir grandes logros, son aún más dañinos. Así que el fracaso que reposa sobre sus estanterías, cubierto de polvo, por haber caminado por donde nunca quisieron, enciende su mecha. No está cubierto de polvo por lo vetusto de su procedencia, si no gracias a las sonrisas, que desde hace más de un lustro, han sido más numerosas. Olvidado, pero a la vista, no pudieron evitar mirarlo fijamente, mientras esta mañana preparaban sus mochilas. Necesitaban recordar.

La mañana de aquel 6 de noviembre de 2006 era fría en Turín. Lo supo desde primera hora, porque tenía que preparar cosas para el viaje y la neblina inundó su garganta cuando bordeó los jardines camino al supermercado. Se acordó de la bufanda, pero pensó que la única bufanda que iba a rodear hoy su cuello era bianconera, y no precisamente en ese momento. Compró lo básico para comer durante el viaje, y también la prensa, a la que empezó a echarle un vistazo ya en el ascensor, cuando desabrochó los botones de su chaqueta y pudo moverse con comodidad. Era un partido de Serie B, pero copaba la portada de su diario. Se esperaban 60.000 espectadores en el San Paolo, registro récord para un partido de la categoría, y no precisamente porque regalasen las entradas, que variaban entre los 30 y los 130 euros. El precio no importaba, y que el choque se disputase un lunes a las 9 de la noche, tampoco.

Los últimos meses habían sido demasiado duros para el aficionado juventino. Su peor recuerdo, el que nunca olvidará, fue cuando, a mediados de julio, escuchó por la radio la noticia: su equipo jugaría la próxima temporada en la Serie B. Después, durante los años, ha invertido muchos minutos en lecturas, reportajes, y documentación, para tratar de entender qué pasó, pero la palabra que retumbaba en su cabeza una y otra vez durante aquel verano, y que alejaba de su césped a los Ibrahimovic, Thuram, Cannavaro o Zambrotta, era Calciopoli. El shock al principio fue tremendo, pero cuando la cruda realidad se instaló en su día a día, no pudo hacer otra cosa que no fuera arrimar el hombro. A la dura sanción del descenso se juntó una multa económica y reducción de puntos, y, para el aficionado, ésta última era la que más se anudaba en su garganta.

Pero una vez comenzó el reto, y se supo con certeza qué valientes se mantuvieron en plantilla, todo fue más fácil. Al choque frente al Napoli el equipo llegaba ya como tercer clasificado, y todo gracias a las 8 victorias en 9 partidos cosechadas hasta el momento. Buffon, Trezeguet, Del Piero… Don Alessandro Del Piero, solía interiorizar. Ya en la última jornada salvó al equipo con un gol en los últimos minutos frente al Frosinone, y era la gran esperanza de los tifosi. Ya no sólo por su innegable calidad, o por todo lo que le había dado al club hasta el momento, si no por el mensaje que lanzó a toda una masa social luciendo la 10 bianconera por los engorrosos campos de la Serie B. Un mensaje de amor y de compromiso. Sin duda, y ya lo sabían los napolitanos, Del Piero era el gran enemigo, que encima, evocaba los valores norteños, y esa noche iban a hacérselo saber.

Nápoles, aquella mañana, amaneció bajo un sol que si bien no calentaba, le alegró el primer vistazo tras correr las cortinas. Él también tenía preparativos pendientes que, aunque no pasasen por preparar un trayecto de más de 800 kilómetros, también eran importantes. La pancarta recordando el odio a la Juve, Turín, y la cultura del norte debía estar terminada, y ya, lo que les separaba del gran partido del año, eran únicamente horas. Así que no tardó mucho en cruzar la Scampia sobre su moto, donde los semáforos no son legítimos y su uso queda reservado al gusto del consumidor, y llegar a la puerta del local donde le esperaban otros azzurri. La moto, en la puerta, y el casco, como no hace falta, no le ocupaba un espacio que reservó para trasladar unos botes de pintura. Los juventinos podrían estar pasándolo mal, pero ellos, el club en el que jugó Maradona, también necesitaban respirar aires de grandeza.

Y es que, lo vivido por los partenopeos dos años antes fue, si cabe, aún más duro. En 2004 el club había desaparecido por culpa de las deudas, y fue el productor cinematográfico Aurelio Di Laurentiis quien puso la primera piedra para el resurgir napolitano. Dos años en la Serie C1, y, aquel 2006 en la serie B. Bastante doloroso para una hinchada que no hacía demasiado tiempo había visto a Diego Armando Maradona atravesar la pista de atletismo del San Paolo, una y otra vez, después de haber hecho alguna maravilla, como lo fue guiar al club a conseguir la Copa de la UEFA en el 89, amén de esos dos imborrables Scudetti. Los juventinos habían gritado más veces tras conseguir un título, pero los napolitanos también habían sentido lo que significa la gloria, así que, aquella noche de noviembre de 2006, se juntaban dos instituciones gigantes en un lugar que no estaba reservado para ellas.

Aquella noche el partido acabó 1-1, cuando Bogliacino empató el magistral tanto de falta de Del Piero, y ya Buffon no pudo hacer más milagros. La rivalidad era máxima, aunque quizá, el resultado, por ser en la jornada 10, quedó en algo simbólico. Sin embargo cuando ambos, hoy, vuelvan a hacer el mismo camino para llegar al San Paolo, recordarán aquella noche. Porque aquel fracaso que significó para ellos competir en la Serie B, les hará valorar por lo que lucharán hoy. Aquella temporada terminó con Juventus y Napoli en la Serie A, y en aquel momento, fue el grito de desahogo más sincero. Hoy todo será diferente. Esta vez los dos no podrán celebrar algo, porque alguno de los dos se quedará sin Scudetto. Sin embargo, cuando esta vez, el fracaso de perder se haga hueco en la estantería, se pondrá al lado de ese polvoriento recuerdo de sus periplos en la Serie B, y lucirá lustroso, que no es antónimo de amargo, cuando acudan a él para recordar, y este, les diga: Aquella tarde, peleamos por la gloria.

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