Histórico
2 marzo 2013Jose David López

Real Madrid-Barcelona: Los nombres del Clásico

Benzema - Real Madrid

Lo repetitivo aburre. Lo repetitivo cansa. Lo repetitivo acaba haciendo monótono algo sumamente especial. Los Clásicos clonados en los últimos meses (más aún si en solo cuatro días tenemos dos consecutivos), devalúan un producto mediáticamente más poderoso que futbolísticamente. No se crea expectación, no se alimentan las sensaciones de rivalidad que hicieron grandioso a ese duelo y, desde luego, todo queda mucho más comprimido cuando la luz del sol agitaba aún al Santiago Bernabeu. Todo esto quedó reseñado cuando el Real Madrid rotaba a varios de sus jugadores clave y daba descansos a Cristiano Ronaldo, Xabi Alonso o Di María. No tantos movimientos en el Barcelona, (donde no estaba Xavi ni Cesc, aunque sí un desaparecido Messi), más necesitado de sensaciones positivas tras caer en Copa del Rey y tener una eliminatoria europea que llega en malos momentos. Lo que antes era único y atractivo, hoy es alarmantemente dubitativo.

Morata: El canterano del Real Madrid fue la gran sorpresa inicial del partido, colándose en el once inicial de José Mourinho y actuando ligeramente escorado a la banda izquierda donde no necesitó nada más que una aparición para romper por fuera a Dani Alves y poner un centro al área para que Benzema aprovechara la fragilidad defensiva culé. No pudo ser más elogioso su aparición y, aunque a partir de ahí empezó a perder protagonismo, pudo marcar de cabeza en el segundo poste tras gran pase de Modric (quizás el exceso de tiempo para pensar le privó de ser más contundente). También en la segunda, con un pase profundo de Pepe que no supo definir en solitario ante el meta culé. Atrevido, más activo de lo que han demostrado la mayoría de canteranos cuando aparecían ante el Bernabéu y, desde luego, grandes alternativas bajando balones, produciendo en banda y adaptándose a las necesidades del equipo en un día más especial que nunca para él (sí juega en esa posición en el Castilla más de una vez).

Marcherano: Si el Barcelona llegó al estadio blanco con 48 goles recibidos en 42 partidos, no tardó en aumentar esas cifras en los primeros minutos cuando un desajuste defensivo, demostró nuevamente su fragilidad en esa zona y las críticas esta vez apuntaban al argentino. El ‘jefecito’ pasó en unos meses de ser la alternativa salvadora a los problemas en la pareja de centrales, a convertirse en el más dubitativo de cuantos aparecen en esa línea últimamente, llegando tarde al corte y dejando excesivos espacios en su espalda a los delanteros rivales. Midió mal, no se convenció de su posición y cuando quiso reaccionar, Víctor Valdés ya lo reñía con la pelota en la red azulgrana. Una mala época para un jugador encasillado en un rol que, pese a todo, nunca fue el suyo y que le debería eximir de mayores responsabilidades (quizás la culpa esté en no ofrecer más alternativas reales en la plantilla).

Jordi Alba: Seguramente fue el mejor del partido por el lado azulgrana o, al menos, sí fue quien más participación y dinamismo propuso en los minutos más interesantes de su equipo en la primera mitad. No es su mejor versión, pero sí la suficiente como para seguir siendo un puñal por su banda, aunque esta vez, uno excesivamente afilado. No pasará el Clásico de este sábado por ser uno de los históricos, sino todo lo contrario, pero el catalán sumó menciones para ello con lo que a todos ojos parecía ser una desafinada ‘peineta’ al público. Un gesto tan absurdo como iluso, pues el duelo en ningún momento retuvo los ingredientes de un partido de máxima atracción y su salida de tono le deja en un lamentable plano de portada que nunca debería abanderar. Con los minutos, salimos de dudas aunque jamás debería ser un debate. “Levanté el dedo señalando que Messi es el número uno”.

Sergio Ramos: No conoce la desidia, la tranquilidad, la calma… sino todo lo contrario. Con la intensidad como materia prima de su juego, fue tan enérgico atrás como adelante. Primero para dejar alguna duda en situaciones defensivas donde su fuerza y potencia casi sacuden sus premisas de orden y equilibrio pero, sin embargo, fue él quien incendió un Clásico de ritmo lento en la segunda mitad. En la recta final, cuando todo se moría, sumó su cuarto gol en Liga con un testarazo por alto ganando a todos en un salto poderoso a saque de esquina. La peinó lo justo como para frenar aún más a un Barcelona que no fue capaz de superarle ni a él ni a Varane en ningún momento. Si alguien sabe de predisposición en cada minuto, ése siempre fue Ramos y hoy lo volvió a recalcar.

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