Histórico
31 marzo 2013Jose David López

Corea del Norte: The Game or their lives

Debido al turbio momento que se vive en torno a Corea del Norte, queremos recordar el momento más dulce e histórico de su fútbol. Para ello, ‘rescatamos’ un post que tiene cinco años de antiguedad pero que explica perfectamente lo acontecido en un día mítico para un país misterioso.

El aislamiento político al que se enfrentó Corea del Norte tras la Segunda Guerra Mundial, sigue teniendo hoy en día repercusiones que serán decisivas para la paz del futuro. La presencia del eterno y polémico presidente, Kim Il-Sung, dejó a la mitad septentrional de Corea sumida en un caos donde los comunistas lograron un apoyo masivo en relación a la gran masa, que aún en estos días sigue dependiente de la pureza ideológica de su rígido sistema militar. En ese complicado entorno, totalmente estancados del mundo exterior y expuesto a un llamativo culto a la personalidad del ahora presidente, Kim Jong-Il, el fútbol ha sido en contadas ocasiones la única escapatoria para abandonar esa hostilidad internacional. Para un país con tal arraigo nacional (tanto que aún hoy mantiene pugnas con sus ‘vecinos’ del Sur por algo tan patrio como el himno) y al que muchos ven como ejemplo a evitar por su supuesta dictadura estalinista, el deporte se ve como una manera perfecta de mostrar el potencial de la nación y su capacidad para crear grandes atletas.

Es cierto que el crecimiento del fútbol más allá de Europa es aún débil y Asia es el continente que menos ha avanzado (muy por debajo ya de África, con la que siempre se intento comparar). Corea del Norte, además, ocupa un lugar irrisorio en el panorama actual, algo que ha empezado a cambiar en los últimos meses y que tras una serie de tres empates consecutivos sin goles, le ha devuelto a una fase mundialista ya que logró clasificarse este miércoles para Sudáfrica 2010. Sin embargo, no siempre fue así, porque nadie les podrá quitar el honor de haber logrado, por vez primera para una selección asiática, derrotar a una europea en un Mundial.

La ‘proeza’ norcoreana data de 1966 y aún hoy aquellos jugadores que vencieron a Italia (1-0), son considerados héroes, pero sometidos a las tradiciones de su país. Middlesbrough (con quien compartía colores en la camiseta de ese partido) se iba en convertir en el epicentro inesperado para los asiáticos, que aún hoy son recordados como héroes en una habitación especial en el lugar donde estaba ‘encajado’ el ya demolido estadio de Ayresome Park. La cita, pertenecía a la fase de grupos e Italia no sólo era favorita sino que apuntaba muy lejos en el torneo con jugadores como Rivera, Albertosi, Facchetti o Mazzola, muy contrastados y estrellas de la época.

Enfrente, once aguerridos norcoreanos, todos ellos obligados a ejercer de soldados y sólo liberados de sus tareas nacionales por deseo del emperador, que les pidió antes de llegar a la cita mundialista, que no hicieran el ridículo e intentaran ganar un partido para alegría de sus gentes. Ellos, para sonrisa de medio mundo, lo llevaron mucho más lejos. El ídolo goleador de los “chollita” en aquél partido para la historia, Park Doo Ik, y otros ilustres como Pak Seung Zin (autor del gol 700 en la historia de los Mundiales) o Chan Myung, apenas tenían para poder calzarse unas botas pero por su pasión y exotismo en años donde el fútbol era mucho más cerrado que en la actualidad, se ganaron numerosos adeptos.

Sin ir más lejos, Doo Ik era trabajador de una imprenta, pero sumó esfuerzos que provocaron la “vergüenza nacional” que titulaba la prensa transalpina horas después. Además, a su llegada a Italia, la expedición azzurri recibió ‘tomatazos’ de los enfervorizados tifosi. Entre las excusas italianas llamó la atención una que dejaba caer que los coreanos cambiaban a sus jugadores en el descanso. Ver para creer. Aquella fe que movía montañas y que levantó inesperados seguidores a su paso (3.000 ingleses se vistieron de coreanos en el choque de cuartos ante Portugal), parecía no tener fin. Sin ir más lejos, Corea se colocó con tres goles de ventaja en sólo 24 minutos pero apareció un tal Eusebio para aniquilar sus esperanzas con cuatro goles que enloquecieron otra cita memorable. Tocaba disfrutar lo vivido.

36 años después (en 2001), los siete integrantes aún vivos de aquella generación, se reunieron en Middlesbrough para recordar la gesta por la que jamás serán olvidados. La expedición corrió a cargo del escritor y director inglés, Rob Nichols, que quería escribir sobre lo que sintió aquella tarde con sus protagonistas: “Todo estalló, no podía creer lo que estaba pasando”, dijo, consciente de palpar aquellas sensaciones que cambiaron, por unos días, el orden común de un fútbol que nunca volvió a ser igual. Fue, sin duda, un partido con historia, un partido con muchas consecuencias dentro y fuera del fútbol, un partido que podrá repetirse en 2010, 43 años después: ‘The Game or their lives’.

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