Histórico
11 marzo 2013El Enganche

Copa Libertadores: Barcelona Guayaquil, la tarde del Pelé torero

Pelé en Guayaquil 1962Por Gabriel Casimiro (periodista especializado en fútbol sudamericano)

Los tipos que visten canas y muchos calendarios resultan grandes privilegiados. Al igual que nuestra generación, vieron a Maradona y a Messi en su máxima expresión. Pero ellos reúnen un agregado no menor: observaron a Pelé, con sus goles y el legado que hasta hoy deja en discusión el trono del mejor futbolista del mundo de todos los tiempos. Un hecho que no se compra con riquezas ni dinero, y que sólo quedará para ellos por siempre. Así de jugosos deben ser unos minutos con aquellos que lo disfrutaron, con esos a los que ilusionaban con desbordes, regates y goles imposibles y aquellos que, ignorantes de la magia, la recibían de pies de los que marcarían la historia de este deporte.

Pero así como ellos son grandes afortunados, hay un grupo de hinchas (que también visten canas) que fueron doblemente felices, se llevarán una imagen hasta el final de sus días y podrán contárselas a sus hijos y nietos. Para ello, debemos remontarnos a finales de la década de los 50, donde el poderoso Santos de Brasil era la gran atracción y tenía entre sus filas al legendario Pelé. Hecho que, de por sí, llamaba la atención en todo el orbe y del cual pocos lo podían ver en vivo, sentado en una tribuna viéndolo jugar. Pero de esos pocos, los hinchas de antaño del Barcelona de Guayaquil tienen sus mejores recuerdos.

En enero de 1962, los brasileños realizaron una gira por algunos países, uno de ellos siendo Ecuador. El ‘Peixe’ se medía nada menos que ante el cuadro ‘torero’ en el estadio ‘Modelo’, escenario que quedaría en la memoria de todo hincha del Barcelona. Y es que mítico Pelé se encargaría de regalar la mejor exhibición futbolística (no tuvo goles propios, pero se disfrutaron nada menos que ocho), llena de detalles, talento, calidad en situaciones concretas y un sinfín de deleites con su juego y ese clase con que le pegaba al balón. La fiesta estaba pagada. El resultado era lo de menos. Uno de los más grandes de todos los tiempos pisó el césped del estadio guayaquileño, dio un show para la historia y la motivación ya estaba instalada en todos los hinchas que abarrotaron las gradas.

Pero lo más grande estaba por ocurrir. El pitazo final sonó, y las declaraciones de ‘O Rei’ enamorarían aún más a los aficionados del elenco amarillo. “Si el Maracaná es el estadio más grande del mundo, el Monumental es uno de los más bellos en el mundo”. Eso significó el éxtasis total. Pelé se metió en el corazón de la afición guayaquileña para no salir nunca más. Han pasado 51 años desde aquella noche inolvidable y en Barcelona todos la recuerdan como si ayer mismo hubiese ocurrido. No es para menos. Vieron al dios brasileño en su máxima expresión, en su versión más espectacular y, a la vez, recibieron dignos elogios por su comportamiento y ambiente ante ese espectáculo.

Ahora, esa motivación es la que recibe cada partido el equipo que hoy dirige Gustavo Costas, que sale a levantar la Copa Libertadores cada partido a cualquier precio y ante cualquier enemigo. Es el colero de su grupo con 2 puntos y debe vencer este miércoles a Toluca en casa para seguir ilusionado. Solo así tendrá oxígeno para encarar el máximo torneo continental. Y quizás así, levantar una sonrisa en la memoria del brasileño más grande de todos los tiempos. Siempre les quedará pensar que, un día, probablemente el más grande, regó de brillantez su césped, donde se convirtió en Torero ante sus ojos.

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