Histórico
13 febrero 2013Francisco Ortí

Shakhtar: Luiz Adriano, el villano incomprendido

El mundo necesita de los villanos tanto como de los héroes. Es una mera cuestión de equilibrio. Moralina por comparación. Uno es bueno porque el otro es peor. Sin embargo, pese a su condición de esencial, el malo es odiado y siempre condenado por la ordinaria tradición de los Happy Endings. Pocos hacen el intento de empatizar con el cañalla o buscar una lógica dentro de su descabellado plan maligno. Y eso que siempre debe haber un motivo que te convierta en malvado. Nadie se despierta una buena mañana decidiendo de manera repentina que le apetece destruir el mundo y acabar con toda la humanidad sin que exista razón alguna. Los villanos, por lo tanto, también tienen argumentos para defender sus actos.

En mi caso desde pequeño he encontrado lógica en los actos del malo de turno. Acostumbraba a empatizar más con el villano que con el héroe. Por ejemplo, Lex Luthor, el némesis de Superman, siempre me pareció un ejemplo de valentía. Hay que tener mucho valor para siendo un simple terrícola atreverse a plantar cara a un alienígena llegado de una civilización superior y con poderes mas devastadores que cualquier arma del ejercito. Por lo que pudiera pasar (nadie garantiza que al alienígena no se le vayan a cruzar los cables) es tranquilizador pensar que hay alguien capaz de mantenerle a raya. En ese sentido, también encuentro coherencia en el vilipendiado gesto de Luiz Adriano contra el Nordsjaelland en la fase de grupos de la Liga de Campeones.

Creo que todo el mundo está al tanto de lo que sucedió, pero lo explico por si acaso. Durante el encuentro entre el equipo danés y el Shakhtar Donetsk, el árbitro mandó detener el juego por una caída del jugador local Morten Nordstrand en una acción en el centro del campo que no fue meritoria de falta. Se decretó bote neutral y los jugadores daneses dieron por sentado que los ucranianos, por deportividad, devolverían el balón para que pudieran reiniciar el ataque que minutos antes se había truncado supuestamente por la caída de Norstrand. Esa fue la intención de Willian, que mandó un balón largo e inofensivo al portero rival, pero Luiz Adriano, ajeno a la escena, apareció para coger el balón y, ante la mirada atónita de sus oponentes, sortear al portero rival y marcar a puerta vacía.

A primera vista y totalmente descontextualizada, la acción de Luiz Adriano es una falta de Fair Play (o Juego Limpio) de manual. El delantero brasileño se defendió el día siguiente asegurando que no había prestado atención al inicio de la jugada y desconocía que el origen del pase era un bote neutral, por lo que pedía perdón y prometía estar más atento en el futuro. Pese a las disculpas (poco creíbles, eso sí) de Luiz Adriano, la UEFA no quiso pasar por alto la acción y como parte de su política evangelizadora que adopta la palabra ‘Respect’ como lema decidió castigar con un partido de suspensión al brasileño por infringir una norma que no aparece en el reglamento de la competición. Recuerdo que el Fair Play es un código ético voluntario, no una ley de obligatorio cumplimiento.

No entraré a debatir la decisión de la UEFA, ni la disculpa de Luiz Adriano, sino el Fair Play en sí mismo. Está claro que la actitud de Luiz Adriano no es correcta, pero del mismo modo en que tampoco lo fue el histrionismo de Morten Nordstrand cuando se deja caer minutos antes y simula estar lesionado tras perder el balón. Los daneses acaban pecando de primos, pero su intención inicial era utilizar el Fair Play en su favor, contradiciendo completamente los valores que dieron origen al mismo. El Juego Limpio, en su germen, era una norma ética que favorecía la limpieza en el juego por encima de los intereses personales. Sin embargo, con el tiempo se ha deformado hasta mutar en un Fair Play de conveniencia al que uno recurre únicamente para sacar ventaja.

Personalmente estoy harto de ver como muchísimos jugadores se tiran al suelo inventando un dolor para frenar el contragolpe rival o equipos que devuelven el balón forzando un saque de banda del oponente pegado a su propio corner. El Fair Play de pose, ajeno totalmente a los ideales de justicia, caballerosidad y ética que pretendía defender en su origen. Luiz Adriano no obró bien, pero lo hizo a cara descubierta. Es un villano reconocible, mientras que hay cientos más que se ocultan día tras día bajo la máscara de un Fair Play de conveniencia que han viciado hasta tergiversarlo para que juegue a su favor. Ellos son peor que Luiz Adriano. Son villanos y además cobardes. Al menos, el brasileño tiene el valor de combatir a un alienígena con superpoderes sabiendo que nadie le va a reconocer el mérito.

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