Histórico
2 febrero 2013Jose David López

Copa África 2013: Sudáfrica: Chabangu y el duro camino hacia la sobriedad

Podían lanzar oro en su propio sendero luminoso hacia el caos, eran capaces de romper cualquier regla establecida por la magnitud de su egocentrismo e incluso aliarse de doctrinas destructivas por el único estímulo de no perder su identidad rebelde. Gastaron todo lo que sus nóminas millonarias eran capaces de estirar, destrozaron un corazón aliado de la fama grandilocuente y, desde luego, bebieron hasta el agua del jarrón del vecino que acababa uniéndose a la fiesta a última hora. No hay país, torneo o club que haya atravesado su historia sin toparse con un jugador polémicamente especial, singular en carácter, en personalidad y en costumbres. Pero, de igual manera, todos ellos fueron capaces de saldar sus cuentas. Unos con aquellos de los que se rodearon y acabaron perdonando conductas inapropiadas durante décadas. Otros, con el valor incalculable de esos papeles que aún acumulan alrededor cada vez que abren la boca para opinar.

No tendríamos fútbol en su máxima expresión sin la conducta eternamente irreversible de George Best, Paul Gascoigne, Sócrates, Mágico González o el mismísimo Maradona. Genios díscolos, irremediablemente queridos por su energía por conocer la vida tal y como su cabeza les impulsaba a disfrutar, pero esclavos de su anarquía mental, que les empujaba hacia un calabozo sin fondo conocido más allá del silencio absoluto. Todos apadrinaban un discurso vinculado al amor por la vida descontrolada pero a ninguno le faltó dinero para seguir alimentando su monstruo interior. Esa insaciable búsqueda de relevancia, protagonismo y amor de los que lo rodean, también encuentra referentes en el fútbol más humilde que, alejado del foco mediático que otorga bolsillos adinerados, destruye sombras con mayor celeridad. África nunca ignoró pues sus ídolos, todos de temperamento levantisco, también acrecentaron su mito con excesos, los que estuvieron a punto de atropellar la vida del ahora querido líder de Sudáfrica: Lerato Chabangu.

“Yo no puedo decir que no volveré a beber nunca más. Me limitaré a ser más disciplinado en todo. Poco a poco, voy a llegar a donde quiero estar”, decía el internacional sudafricano, uno de los jugadores con más recorrido, amplitud y capacidad de llegada de los Bafana Bafana en esta Copa África 2013. Palabras duras, sobrecogedoras para quien tiene muy cercano el precipicio al que se había asomado peligrosamente en demasiadas ocasiones. Hace solo dos años, el camino hacia la sobriedad había perdido toda esperanza de reencontrarse con la salida pues el túnel, oscuro, con luces rojas y música tétrica de fondo, presagiaba el peor de los acontecimientos posibles. Palabras de quien sigue haciendo un esfuerzo enorme cada día para no caer en la peligrosa dinámica que le apartó del fútbol, de sus compañeros, de la profesionalidad y de su vida, la que su pequeño monstruo interior se estaba llevando a su merced.

Había destacado desde muy joven en el SuperSport United (club donde se formó y con el que generó sensaciones interesantes desde sus primeros pasos), pero sus primeros partidos de importancia llegaron en la Universidad de Pretoria (club de segundo nivel en el país). Su crecimiento fue impactante y con apenas 20 años se asomaba al club más poderoso financieramente en el campeonato sudafricano, el Mamelodi Sundows. Un contrato de estrella en ciernes, un entorno agradable ya conocido en su juventud y una institución más profesionalizada, le situaban en el contexto ideal para demostrar su fortaleza, la que no tardó en auto-mutilar. Conocido en pubs de dubitativa imagen, encaprichado de lugares turbios con compañías altruistas y afines a la destrucción de todo orden, el alcohol se convirtió en su mejor amigo, ese que no fallaba cuando la pelota no entraba pero el que también lo acompañaba las más escasas noches de éxito en el césped.

“Nunca sentí necesidad de parar hasta que las piernas no me respondían. Estaba siempre contento, estaba siempre bien acompañado y jamás noté que perdiera el control. Cuando un día llegué al club y nadie me esperaba, el dolor que sentí hizo que el mundo se me cayera encima”. Tal fue el golpe moral sufrido, que Chabangu pasó sus dos últimas campañas en el club de manera terciaria, sin entrar en convocatorias y dejándose ver solo en algunos entrenamientos esporádicos cuando los vasos aún no estaban limpios en la discoteca frente a su casa. Cesiones y oportunidades que, en total, le hicieron perder sus mejores años deportivos, concentrados en una intensa decepción que decidió pasar inundado en grados de alcohol, absolutamente emborrachado y diagnosticándose así mismo como un “derrotado de la vida”.

Tras llamar a todas las puertas, pedir todo tipo de favores y encontrarse con la cara más amarga del profesionalismo, hasta siete clubes le cerraron las puertas. No encontraba pruebas, test o entrenamientos donde volver a allanar un camino excesivamente turbulento y conocido sobradamente por todos los que lo veían desde la distancia. Sudáfrica le dio la espalda y el fútbol, cruel, castigaba cada una de las gotas que no derramó sobre el césped pero sí ingirió vestido de traje. Cuando su paciencia tocaba fondo y su carrera parecía desterrada definitivamente, apareció su “padre”, pues según Chabangu, Gordon Igesund representa mucho más que un entrenador. El míster del Moroka Swallows, un club creciente de Johannesburgo, conocía de primera mano la situación que había atravesado pero decidió dar una segunda oportunidad en la élite sudafricana al jugador, que limpió su expediente en tiempo record.

“Mi problema era mi cabeza. No quería jugar más al fútbol. Ante todo doy gracias a Dios por darme la fuerza para luchar. Estoy aquí por Igesund. Él me dio la oportunidad que muchas personas no estaban dispuestas a darme. Mi padre, porque sus enseñanzas así lo son para mí”. Su recuperación no duda de ello, pues en un año y medio se ha convertido en la estrella de los Dude Birds, rencontrándose con su físico, su capacidad de trabajo y su devoción por la pelota. El técnico asegura que se trata de “un jugador moderno que jugaría en muchos de los mejores clubes de Europa, pues encajaría en todos ellos por su buena capacidad técnica”. Ese talento reactivado le ha colocado entre los elegidos por Sudáfrica para una CAN 2013 donde está recuperando la auto-estima a base de minutos en una selección que no pudo obstaculizarlo. Chabangu vuelve a estar “enamorado del fútbol”.

Todo sobre la Copa África 2013 en su sección exclusiva

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche