Histórico
11 febrero 2013Jose David López

Copa África 2013: Detalles y once ideal del torneo

Especulación absoluta de cada detalle que un desarrollo táctico pueda tener controlado y relevancia máxima del resultado como identidad que refuerce un estilo de juego. Esas dos premisas (lástima que se impongan y no sean al revés) han constituído el 90% del desarrollo futbolístico de la recién finalizada Copa África 2013, que ha multiplicado la sensación amarga de quien un día observó como la humildad e improvisación, transformaban esta reunión en la más singular y exótico no sólo en graderíos, estadios y contextos, sino también en planteamientos y actitud de los jugadores. De una actitud pasiva y desenfadada, hemos pasado al drástico guion occidentalizado, pues sus tentáculos también se han apoderado de la otrora libertad que abanderaba el torneo africano.

Ganó quien mayor equilibrio y profesionalidad mostró dentro de un excelente poder individual, ya que Nigeria fue la selección más fiable tanto en defensa como en ataque, donde su trío diferencial sí marcó la pauta de las grandes estrellas. Una teoría que debería ser habitual y que lo es en el fútbol competitivo pero que en África ha dejado de ser clave pues nuevamente Costa de Marfil ejemplificó que el talento y el potencial sin impulsos ni actitud, pierde cualquier sentido. Su desastre, el último de esa generación de oro que nunca fue tal, realza el título nigeriano pero, sobre todo, el estupendo papel de Burkina Faso como sub-campeona y ganadores espirituales tras semanas donde solo ellos intentaron no caer en la desidia táctica reinante, abogando por luchar contra sus deficiencias a pecho descubierto.

Y todo, vestido nuevamente con peculiaridades propias del entorno, aunque no por ello de intrigante naturaleza. Que el lamentable estado de ‘terreno de juego’ en Nelspruit haya debilitado el ya de por sí pobre espectáculo, sí podría haberse evitado, así como la constante intriga de colegiados con excesiva presión de facilitar ciertos resultados con decisiones extreñas en momentos concretos. Decepcionaron los campeones, Zambia, desestructurados en un proyecto que fracasó tras una gloria quizás excesiva hace apenas un año. Esa línea siguen llevando las selecciones del norte-magreb, auténticos pasajeros sin billete en un torneo que apenas les saludó y que refrendó el freno competitivo de Marruecos, Argelia o Túnez (incluso recordamos nuevamente la no clasificación de Egipto), Por tanto, una vez más la unica gran noticia es que la enorme equidad y el equilibrio ya consumado entre selecciones antes mucho más distantes.

Como cada edición de torneos de este tipo, El Enganche pone sobre la mesa sus valoraciones para determinar qué jugadores han sido los de mejor desempeño. Y en suelo sudafricano, los once que forman el equipo de ‘oro’ ya tienen esquema (un ofensivo 3-5-2) y nombre.

Portero: Enyeama (Nigeria). El más sobrio, seguro y experimentado del torneo, siendo uno de los menos batidos.

Defensas: Sangweni (Sudáfrica) Koné (Burkina) y Echiejile (Nigeria). Un lateral izquierdo o central con mucha fuerza y dos centrales que mantuvieron la compostura pese a tener planteamientos más arriesgados que les obligaban a quedar expuestos. Menos el lionés, además, los otros dos aportaron goles.

Centrocampistas: Mba (Nigeria), Keita (Mali), Wakaso (Ghana) y Pitroipa (Burkina Faso). Todos consiguieron anotar y se convirtieron en los mejores referentes medulares de sus selecciones. La pareja de mediocentros manteniendo orden táctico y llegando al área rival por amplitud mientras los dos extremos, buscando desequilibrios constantes con velocidad y explosividad. Mba, además, marcó goles determinantes como el de la final y fue el gran descubrimiento del torneo.

Enganche: Moses (Nigeria). Seguramente el torneo más especial de su carrera, dedicando cada gol y cada sublime actuación a quienes le hicieron sentor el corazón nigeriano. Desborde, explosividad y talento como nadie en estas semanas africanas.

Delanteros: Bancé (Burkina) y Emenike (Nigeria). Dos potencias de la naturaleza que supieron sacar partido a su desarrollo físico. Uno para ofercer receciones y segundas jugadas constantemente. Otro para definir y concretar todo lo bueno que le generaban desde atrás con más definición que nadie en su mejor año deportivo.

Mención especial para Alain Traoré (Burkina), que hubiera entrado en el equipo de estrellas si no hubiera caído lesionado en el tercer partido (lo que le impidió tener continuidad y poder ser valorado como al resto) y a Adebayor (Togo), por ser el único motor de una selección a la que él empuja dentro y fuera del césped.

Todo sobre la Copa África 2013 en su sección exclusiva

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