Histórico
26 febrero 2013David De la Peña

Barcelona-Real Madrid: Planteamientos para ser finalistas

Barcelona - Real Madrid

Sacamos pecho, vanagloriándonos de nuestro clásico. Ojo, lo hicimos con motivos, porque durante la temporada pasada ningún país en el mundo podía juntar tanto nivel sobre el césped. No sólo individual, también colectivo. Con sus carencias puntuales durante el curso, pero con la certeza indudable de que los dos gigantes de nuestro fútbol nos mostraron un nivel superlativo. Apeados en semifinales de una Champions League que parecía predestinada a tener una final que, esta vez, sí hubiera merecido el apelativo de “partido del siglo”, significando un hecho que hubiera sido la guinda a un pastel que todos los hambrientos de fútbol engullimos con los ojos como platos. Como si llevásemos mucho tiempo sin probar el dulce, sin saber que lo que realmente estaba ocurriendo es que aquel bizcocho no tuvo, nunca antes, otro semejante.

Apenas un año después, hay que ver la realidad desde otra perspectiva. El Barça se pasea en la liga española, pero dos actuaciones negativas frente a Sevilla y Milan -con el significado especial de la derrota frente a los italianos, que les obliga a mucho en la vuelta, y esto es Copa de Europa-, y con un Madrid que está haciendo una temporada liguera lamentable, además de tener que jugarse la vida en Old Trafford después del empate en la ida. Es decir, contextualizando, la situación puntual de los dos grandes españoles está bastante lejos de la vivida hace un año por fechas parecidas. Y es que, la Champions League manda mucho, y de momento, allí, y al menos en esta ronda de octavos de final, las sensaciones de Bayern Munich, PSG y Juventus de Turín han sido superiores.

Pero la carga emocional de un clásico modifica todo, y precisamente esa sensación popular de no situar a los genios en los altares, puede sacar lo mejor del profesional que se ve en entredicho. El Madrid tendrá que mejorar el 1-1 obtenido en la ida por los culés, y la duda es si, a día de hoy, tiene argumentos suficientes para hacerlo. Jose Mourinho ha dejado clara cual es la consigna cuando se enfrenta al Barça, sobre todo después del severo correctivo sufrido en el Camp Nou en su primer año como técnico blanco, y no sería lógico que el equipo salga demasiado replegado. Además, si en el partido de ida, sin Coentrao, Marcelo, Pepe ni Ramos lo hizo, mucho menos ahora, habiendo recuperado algunos de sus efectivos más importantes.

Messi - MarceloDiego López no ha dejado muy buenas sensaciones en sus primeros partidos en la meta blanca, pero será titular sí o sí. Su gestión de espacios grandes a la espalda de la defensa deja dudas, pero será algo con lo que tendrá que lidiar el equipo blanco si quiere mantener su idea de los últimos clásicos. Habitualmente con una presión alta aprovechando el achique de Ramos y Pepe, aunque hay que matizar que el central portugués dejó ciertas dudas en Riazor el pasado fin de semana de cara a poder rendir al nivel necesario. Su lesión reciente hace pensar que quizá, Varane sea la opción elegida. Algo que, por lo visto con el diamante francés hasta la fecha, no modificaría el planteamiento. Arbeloa y Coentrao completarían la defensa, el primero empujando las recepciones de Iniesta más lejos del área, y el segundo protegiendo al equipo de Alves y cerrando el segundo palo para la llegada de un Pedro que en ese arte, es un demonio.

La pregunta, llegados a este punto, es qué Barcelona veremos. Porque, a pesar de que el Milan fue capaz de vencer con mucha gente detrás de la pelota, no parece que el Madrid vaya a optar por esa vía, más, teniendo en cuenta, que el empate sin goles no le sirve. El Barça se ha encontrado en los dos últimos partidos con un problema que no había tenido en este último ciclo brillante: desorganizar al rival a través de la circulación de pelota. El desequilibrio de Messi, y el tacto de los futbolistas que le rodeaban, provocaba una defensa estéril del rival, que desorganizaba su posición, de modo que, aunque la recuperase, el intervalo en el que tenía posesión era muy corto porque se encontraba con muchos futbolistas culés encima, y además, no tenía vías de pase abiertas porque los compañeros habían quedado fuera de posición. Esto no ocurrió frente al Milan, que la robaba y siempre tenía opciones para desplegarse.

Varios son los factores que debería mejorar el Barça para recuperar el tono. El primero, un Messi que vuelva a desbordar en cada recepción para crear ventajas. Después, laterales, como prácticamente todo este curso, profundos y anchos, que den opciones exteriores para generar espacio por dentro, y que además sean un elemento de ruptura para encontrar la profundidad. También un Cesc más fino en la asociación ayudaría a que Iniesta tuviera más espacio para recibir, algo que se antoja clave para que la pelota saque al rival de sitio. En definitiva, recuperar una serie de sensaciones que, al margen de lo que proponga el Real Madrid, son decisivas para que el Barcelona rinda a su mejor nivel. Porque una presión alta madridista también necesitará de todo ello, para que, aunque Messi no reciba y tenga opción de, tras 20 metros, llegar a la frontal, pueda atraer dos o tres rivales y que su descarga tenga espacio para las rupturas de los laterales, Pedro o Fabregas. La única diferencia será a la altura a la que se generen los automatismos, luego el equipo deberá completarlos con movimientos más cortos o más largos de sus hombres más profundos.

VaraneLas opciones madridistas con pelota son diferentes. Partimos de la base de que Pepe, Ramos o Varane jugarán más allá de la línea de medio campo cuando el Barça inicie jugada, pero eso no significa que el robo se produzca siempre en campo rival. De hecho, al Barça es muy difícil quitársela, y deberá combinar transiciones con robos a 30 metros de portería con despliegues mucho más lejos. Ahí es donde está la primera duda de Mourinho: Di María o Kaka. Frente al Barça Di María se convierte en un elemento, en ocasiones, excesivamente vertiginoso, y la acumulación de pelota por los culés requiere de futbolistas más pausados que sepan guardarla y encontrar líneas de pase para que el equipo pueda progresar. No es que Kaka sea la finura personificada en tal efecto, pero lleva un par de jornadas rindiendo decentemente y esto, además, provocaría que Özil -el verdadero arquetipo de la definición anterior- pueda jugar en derecha. Allí tiene espacio en la recepción por la agresividad posicional de Jordi Alba, y además orienta el sistema defensivo del Barça hacia el perfil opuesto del verdadero puñal blanco: Cristiano Ronaldo.

Sin embargo, falta un elemento decisivo para que el Madrid pueda dañar de verdad al Barcelona, y es la figura de su delantero centro. Higuaín es absolutamente opuesto a las necesidades del equipo frente a los culés, puesto que sus apoyos a una altura posterior a Özil no son de calidad y no tiene tacto para acumular pelota y activar a Cristiano al espacio. Obviamente, el futbolista contextual para tal cometido es Karim Benzema, pero su temporada es flojísima y por un simple asunto de ligereza no está rindiendo como el Madrid necesitaría en el Camp Nou. Eso sí, parece difícil otra solución, porque obligar a Cristiano a estar entre centrales le exigiría constantemente vivir de espaldas. Algo completamente contraproducente. La realidad es que, por algunas circunstancias concretas, el clásico no parece tener tanto nivel como hace doce meses. Sin embargo, creo que no hay aficionado al fútbol que no lo espere, incluso con ansia. Y es que, al césped, seguirán saltando muchos de los mejores futbolistas del mundo.

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