Histórico
3 enero 2013El Enganche

Gamba Osaka: La caída de un joven gigante japonés

Por David Fernández, analista especializado en fútbol asiático (@DavidFer_)

A pesar de que su escudo reza “since 1991”, los orígenes de Gamba Osaka se encuentran 11 años más atrás. Como la mayoría de los clubes japoneses, nació por iniciativa de una empresa privada que quería aprovechar el crecimiento del balompié en el país durante la segunda mitad del siglo XX. Un grupo de empresarios de la compañía Matsushita Electric (hoy conocida como Panasonic) promovió la creación de un equipo de fútbol asociado a mediados de 1980 que se asentaría a las afueras de Osaka, en el área metropolitana de Keihanshin (la segunda más grande del país, que aúna a las vecinas Osaka, Kioto y Kobe). En zonas más céntricas de Osaka jugaba desde 1956 el equipo de la empresa de motores Yanmar Diesel, el actual Cerezo Osaka. Para ellos, la década de 1970 había sido sinónimo de éxito, y habían logrado unirse a la élite del fútbol japonés, por entonces no profesional, con una importante cantidad de títulos. Cuando se fundó el Matsushita Electric, llegó a un acuerdo con el Yanmar Diesel para que el equipo filial del entonces apodado “Liverpool japonés” traspasase a gran cantidad de sus jugadores y miembros del cuerpo técnico hacia el nuevo equipo de las afueras.

Sobre esa base, el equipo de la Matsushita Electric generó su propio equipo y su propia cantera, y se consolidó como un equipo fuerte de las categorías inferiores del fútbol nipón. Mientras ascendía y llegaba a la élite, el Yanmar Diesel tendía hacia la mediocridad. Con la profesionalización del fútbol a comienzos de la década de 1990, las empresas retiraron los apoyos directos a los dos clubes, que ya competían de tú a tú en el máximo nivel, en la nueva J.League. Ambos cambiaron sus nombres por los actuales, y como en casi todos los casos, la influencia del fútbol europeo se hizo notoria. Mientras los aficionados del Yanmar Diesel aparcaron su búsqueda de similitudes con el fútbol inglés y optaron por darle un carácter español a su equipo, los del Matsushita Electric encontraron en “Gamba” la palabra perfecta: recogía la influencia europea (italiana, en este caso, puesto que “gamba” significa “pierna”) y se parecía a un término japonés, “ganbaru”, que recoge la filosofía del club, pues significa “hacer algo lo mejor posible” o “dar el máximo”. El cambio de nombre y la “independencia económica” fueron considerados por la directiva como un rebautizo, y se considera que la historia del Gamba Osaka como tal comienza en ese momento (1991), y no con la aparición del Matsushita Electric.

Ya como profesional, el Gamba Osaka creció de forma exponencial en el primer tramo del siglo XXI. En gran parte, el responsable del máximo esplendor del club fue Akira Nishino. Con él en el banquillo, se adoptó un estilo de juego asociativo eficaz y se alcanzó lo más alto: una J.League (2005), una Supercopa (2007), una Copa de la Liga (2007), una Champions League de Asia (2007, en la segunda participación de su historia) y dos Copas del Emperador (2008 y 2009). Se dio a conocer en Europa y en el mundo con su brillante tercer puesto en el Mundial de Clubes de 2008, donde el Manchester United sufrió para eliminarlos en Semifinales (3-5). Llegar lejos en todas las competiciones parecía haberse convertido en algo habitual. El éxito estaba siempre al alcance de Gamba Osaka; había que tenerlos en cuenta para todo. Grandes plantillas con un estilo definido y asentado durante años, con muchos representantes en la selección nacional. Se habían convertido en un gigante del fútbol japonés y eran conocidos no solo en Asia sino en todo el mundo. Tras casi una década en el banquillo, en diciembre de 2011 Nishino creyó que era el momento para tomarse un descanso, y dejó el equipo. Esto iba a suponer el comienzo de la profunda crisis que vive ahora la entidad.

A comienzos de 2012, la directiva sorprendió a los aficionados y a la prensa deportiva con el fichaje del veterano brasileño José Carlos Serrão. Un técnico que había ocupado más de 30 banquillos hasta entonces desde que se retirase como futbolista en la década de 1980, sin permanecer en uno concreto un tiempo superior a los 2 años. Su irregular historial como entrenador se desarrolló en Brasil a excepción de un breve periodo como segundo entrenador del Suwon Bluewings surcoreano y otro dirigiendo al Pogoń Szczecin polaco. La directiva lo contrató porque confiaba en su metodología, aunque la impresión general fue que se le contrató como consecuencia de las negativas de otros técnicos. Poco tiempo después de llegar inició una pretemporada que le serviría para imponer su estilo, mucho más directo y vertical, poco parecido al juego de la última década del Gamba Osaka más glorioso. Un cambio de idiosincrasia tan brusco era muy arriesgado, puesto que el equipo había alcanzado el éxito y se había asentado en la élite con otra bien distinta, asimilada durante casi 10 años. Los jugadores, como parecía previsible, no se adaptaron, y los primeros partidos oficiales fueron atípicos para Gamba Osaka, que había sido 3º en el último año de Nishino, a tan solo 2 puntos del campeón. Esa pretemporada, sorprendentemente, les desgastó demasiado físicamente, y generó un equipo en el cual sus estrellas cobraban muy poco protagonismo porque no estaban acostumbradas a intervenir con el juego directo, sino con toque de balón y elaboración más pausada.

Los 5 primeros partidos (3 de liga y 2 de Champions) fueron duras derrotas, y el club decidió a finales de marzo prescindir de Serrão antes de que fuese demasiado tarde. El comunicado que lo anunciaba era explícito: le agradecía su compromiso, carácter, voluntad y comportamiento, pero subrayaba que su estilo no solo no convencía a la afición sino que no daba resultados. La precipitada medida provocó que el club apenas tuviese tiempo de sondear el mercado, y decidió nombrar como técnico interino a su exjugador Masanobu Matsunami. Un delantero retirado, canterano del equipo, que estuvo sus 12 años como profesional en él y se convirtió en el jugador más joven de la J.League en marcar un hat-trick –lo hizo en 1993, el año de su debut–. Matsunami se encontró con una plantilla confundida, que no tenía claro a qué debía jugar y que atravesaba una situación complicada en Champions y en liga. La convicción que transmitió de cara a la directiva, los medios y la afición, dejando claro que recuperaría las señas de identidad del Gamba Osaka de los años anteriores –asociados a la grandeza–; y sus resultados del mes de abril, le permitieron ganarse la continuidad durante toda la temporada con un contrato de entrenador oficial y no interino.

Gamba Osaka realmente no remontó el vuelo hasta el verano. Cayó eliminado en Fase de Grupos de Champions con 5 derrotas y 1 victoria, y pasó a centrarse en la liga, pues se encontraba en descenso tras una segunda mala racha de resultados en mayo. Con los cedidos Leandro e Ienaga (ex del Mallorca), el equipo mostró en la segunda vuelta la mejor imagen de la temporada. Matsunami trabajaba principalmente con un esquema retocado respecto a la etapa de Nishino: un 4-4-1-1. Su defensa tenía a dos centrales consolidados como Yasuyuki Konno (internacional absoluto fichado en enero de 2012) y Keisuke Iwashita, pero presentaba problemas en la compenetración y en el repliegue de los laterales (Hiroki Fujiharu y Akira Kaji). El doble pivote ha sido el mejor posible todo el año: Yasuhito Endo, ídolo nacional, jugaba de interior junto a Tomokazu Myojin, mediocentro defensivo aseado y buen recuperador de balones. Los volantes, tanto Hiroyuki Abe como Takahiro Futagawa, mostraron su buen nivel e hicieron daño a las defensas rivales por los costados, aunque de forma irregular. Akihiro Ienaga llegó cedido en verano por parte del Mallorca tras ser suplente y no contar en el recientemente coronado campeón de Asia, el surcoreano Ulsan Hyundai. Alternaba la posición de segundo punta con la de mediapunta ocupando una enorme área de influencia y retocando el esquema a un 4-2-3-1. Incluso jugó estrictamente en banda en algunos partidos. Leandro Montera fue uno de los mejores ‘9’ de la liga desde que inició su segunda etapa en el Expo ’70, esta vez no en propiedad sino en calidad de cedido por el Al-Sadd catarí. Matsunami tenía ideas claras y también alternativas tácticas, como el 4-4-2 con Ienaga escorado a una banda y Akihiro Sato acompañando en la delantera a Leandro, un sistema que permitía reservar a uno de los volantes y rememoraba tiempos recientemente pasados.

Sin embargo, hasta bien entrado el otoño, el equipo era una suma de individualidades, sin coordinación general. Piezas de un puzle que se deshizo con el adiós de Nishino. El estilo asociativo característico del equipo hasta 2011 no llegaba. La escasez de asociación y entendimiento hacía que, por mucha calidad individual que hubiese en la plantilla, las líneas del esquema táctico fuesen vulnerables por diferentes lugares, y los rivales aprovechaban para llegar al área de Yosuke Fujigaya –portero irregular, entrado en años y con bastantes errores graves en su haber– para marcar. La calidad individual resolvía pocos partidos, pero sí garantizaba goles, con lo que los partidos de Gamba Osaka esta temporada han tenido resultados muy llamativos en cuanto a goles marcados y encajados. De hecho, pese a haber descendido como penúltimo, ha sido el equipo más goleador de la liga (67), por delante del campeón Sanfrecce Hiroshima (63), y a la vez ha sido el segundo más goleado (65) tras el inexperto novato de la categoría, Consadole Sapporo (88).

Pese a la gran segunda vuelta del equipo y su parcial recuperación estilística, motivada en gran parte por las urgencias que se desprendían de la situación clasificatoria, Gamba Osaka no pudo resurgir. Fue demasiado tarde. La permanencia estuvo cerca, pues jugaba mejor que bastantes rivales implicados en la pelea por el descenso y cosechaba una racha más positiva en cuanto a resultados, pero tropiezos previsibles ante equipos que se jugaban participar en Champions League impidieron que el equipo negro y azul (otra muestra de la vinculación con el fútbol italiano, en este caso, con el Inter) no acabase en la zona roja tras su último partido de liga. La pesadilla acabó de coronarse hace unos días cuando, ya con el descenso asumido, alcanzó la finalísima de la Copa Emperador, pero acabó perdiendo 1-0 en un año maldito. La incógnita ahora es saber qué ocurrirá con sus representantes en la selección y con sus mejores jugadores. La huida a equipos de J.League es una opción, pero el compromiso y el respeto por el club que les ha hecho grandes sería el factor que explicaría una hipotética continuidad en el equipo para devolverlo a su lugar: la máxima categoría. El mercado de invierno lo aclarará. Sin embargo, si algo ya está claro es que Gamba Osaka empezará en marzo la competición en la segunda categoría por primera vez desde que es equipo profesional.

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