Histórico
16 enero 2013Jose David López

Everton: Marouane Fellaini, el coloso más deseado

“I love Fellaini, He is the love of my life. I love Fellaini, I’d let him shag my wife. I love Fellaini, I want curly hair too” (Me encanta Fellaini, es el amor de mi vida. Me encanta Fellaini, le dejaría ‘acostarse’ con mi mujer. Me encanta Fellaini, quiero el pelo rizado también). Es absolutamente imposible que alguien que tenga el más mínimo conocimiento sobre fútbol, no conozca a Marouane. Él nunca irrumpió esa afirmación sino que exaltó su ya de por sí incuestionable poder de atracción. Ese que le asegurará para la posteridad su altura (1.95), corpulencia, fuerza, rol por detrás del delantero o hasta de mediocentro y, desde luego, su espectacular cabeza rizada. Todos lo adoran por la simpleza de su juego, por la progresión paulatina que ha ido logrando y, desde luego, por su apariencia, de esas que estigmatizan por completo y para sí solos el entorno de un club tan peculiar y simpático como el Everton (reflejado queda en la canción del inicio del post).

La reorganización de vestuario que ha llevado a cabo el club Toffee este verano, con la imprenta eterna de un icono mediático-romántico como David Moyes en su banquillo (al que lleva vinculado nada menos que diez años vinculado-473 partidos), ha facilitado la explosión del comodín belga justo en el momento en el que el fútbol de su país (con el que decidió jugar de manera internacional pese a sus orígenes marroaquís) empieza a ser valorado en el mercado con cifras astronómicas que le aseguran una vía de éxito conforme a su rendimiento durante los próximos meses. Ha conseguido la atracción necesaria con un inicio de campaña espectacular en goles, poderío, incapacidad del rival para frenar su brillantez y liderazgo para involucrarse como nunca antes en el proyecto de Goodison Park. Es su momento, en su año y es su temporada, la de la cabellera más cotizada de la Premier League.

La gran cualidad del comodín belga es precisamente su adaptación a diversas responsabilidades. En origen, hablaríamos de un mediocentro con capacidad destructora, facilidad para asociarse en corto y con solvencia para coberturas defensivas constantes. Pero esa fuerza y vitalidad que emanan sus centímetros, le hicieron luchar contra la lógica y pese a que sus primeros años de profesional marcaban una pauta de talante defensivo, la progresión lo fue adelantando paulatinamente en el planteamiento táctico de sus entrenadores. Cierto que para entrar a formar parte de las categorías inferiores del Anderlecht con apenas ocho años, el joven Fellaini ya debía tener inteligencia técnica y habilidad en el control de la pelota (marca adn de los de Bruselas), pero también una enorme longitud alejada de lo habitual, que le allanó el paso para ser admirado y deseado desde muy joven por varios clubes europeos de primer nivel. Pero su familia fue bastante más paciente y le exigió seguir una estricta norma, la de no pensar en el profesionalismo sin demostraciones verídicas de su potencial en la escuela, algo que siempre le mantuvo en la sombra de clubes menores como Mons, Francs Borais o Charleroi desde mi temprana edad. Un síntoma de inteligencia en sus mentores pero que evidenciaba ciertas dosis de itinerancia y excesivos cambios de club, algo que alimentó su falta de respaldo-amor a aquellos colores que defiende.

Lo demostró siendo el primer chico que, con apenas 17 años y nada más llegar al Standard de Lieja para debutar como profesional, no se arrugó al tacharse como una de las promesas del país y, por ello, exigir a los dos meses, un aumento de sueldo para seguir en el club. Siendo consciente de su potencial, el club balón decidió respaldar sus peticiones y unirle a la generación de oro que había logrado labrar en silencio. Mbokani, Witsel o Defour, nunca demostraron falta de ego, carácter o motivaciones personales para crecer como profesionales en entornos vinculados al éxito (que todos ocupan ahora o han ocupado) y su explosión global llegó con el título de campeones en Bélgica (el año que Fellaini fue elegido Mejor Jugador de origen africano del campeonato, en un premio anual llamado Belgian Ebony Shoe, de mucho valor a nivel nacional). Convertido ya en referente de la selección (de la que fue clave en los Juegos Olímpicos de Pekín) y etiquetado como el perfecto ‘box to box’ por su tremendo recorrido y buena capacidad para aportar en acciones tácticas, amasó 60 partidos y logró el título liguero tras 25 años de sequía para su club, lo que supuso el escenario perfecto para esa generación y para el propio Fellaini, que acabó siendo sondeado por media Europa y finalmente contratado por 18 millones de euros llegados desde el Everton. Siempre se criticó su negación a seguir un año más (como sí hicieron sus compañeros de generación) para ayudar al club a foguearse en la competición más exigente.

David Moyes, pese a todo, arriesgaba con tal contratación, porque el técnico escocés conoce como nadie los problemas financieros de su club y, con ese fichaje, estaba cerrándose así mismo la opción de completar su plantilla con un par de delanteros que siempre ha echado de menos (de echo, es el gran déficit en la última década). Ese fichaje record en el fútbol belga, guardaba además un cambio de registro, pues ante la ausencia de puntas, Cahill (un cabeceador intachable y muy inteligente) por delante y el belga como mediapunta, formarían el ataque Toffee. Funcionó la fórmula, pues marcaron dieciocho goles entre ambos en todas las competiciones, pero el físico que demandaba el equipo en zonas más retrasadas, acabó por centrarlo más en los planes tácticos y sacarlo de una zona tan adelantada salvo en citas o momentos concretos (fue elegido mejor joven del curso por su equipo). La medida le permitió mostrar su habilidad con el balón, así como sus cualidades destructivas en defensa, siendo sencillo en la distribución, de toque simplista-preciso y convertirse en el metrónomo de una medular, ocupada por las largas piernas del belga, que ganó más adeptos hasta que cayó gravemente lesionado en un derby de Merseyside en 2010.

Desde entonces, su nombre siempre ha estado vinculado a ser el elegido para aliviar las necesidades financieras de su club pero, de igual manera, otros movimientos alternativos han permitido su continuidad (la venta de Rodwell este verano fue clave para ello). Ha demostrado ser una variante ofensiva de difícil freno (destrozó al Manchester United en el primer partido del curso), un poderoso llegador por su fuerza-centímetros y hasta un sencillo mediocentro destructor con recorrido y mucha capacidad de equilibrio-coberturas. Un comodín ideal que vuelve a ser referencia del gran momento de forma que atraviesa el envidiable proyecto del Everton este curso (tercer clasificado con muchos detalles atractivos) y que, con tres goles, es consciente de que está en su momento clave. Por ello, no sólo se ha encargado de avisar al club para que vaya pensando en venderlo este próximo verano, sino que ya piensa en mayores retos que lo hagan disfrutar de la Champions y quizás del Mundial 2014 con la incipiente selección belga. Un nuevo ídolo Toffe, inestable en sus aventuras y con ambiciones peligrosas, pero con la cabellera más famosa y cotizada (está muy cerca de marcharse al Chelsea) de la Premier.

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