Histórico
24 enero 2013Jose David López

Copa África 2013: Prospectiva de vida para Asamoah Gyan

El continente africano entendió desde épocas ancestrales que su destino estaría perennemente ligado al de la economía europea. Hoy, esos pensamientos mantienen sus bases y pese a que muchos expertos en desarrollo han propuesto más ayuda externa y condonación de deuda como soluciones para su pobreza, la desazón continúa. Los principales obstáculos están tanto en las políticas públicas e instituciones africanas, como en las costosas regulaciones a las empresas o la débil protección de los derechos de propiedad. Un papel secundario que les obligó a tener que redoblar esfuerzos para recortar distancia respecto al resto del planeta.

Por todo ello, Sudáfrica 2010 es ya el mayor orgullo histórico del continente. Una prueba de unidad. Ya existe democracia, libertad y derechos en igualdad, por lo que las doctrinas de Nelson Mandela (“Primero la igualdad, luego la unidad, más tarde el desarrollo”), cumplen la mejor de las previsiones. Sin embargo, esa unidad jamás se había mostrado tan real y latente como el pasado viernes, cuando todo el continente se fusionó en uno. 53 países, 1.200 millones de personas y 30.272.922 metros cuadrados en 1.300 lenguas, saltaron y lloraron cuando Ghana erró el penalti que le metía en semifinales. Un momento histórico que pasó de ser el catalizador para el desarrollo del fútbol africano al ínfimo recuerdo del continente pero que, sobre todo, acompañará eternamente a su valiente intérprete: Asamoah Gyan.

La capacidad exaltativa del fútbol le dio la espalda en el momento cumbre de su carrera, de la historia de las Estrellas Negras y de todo el fútbol africano, que contempló silencioso el desastroso destino que el futuro le tenía deparado. Hasta ese momento, Gyan había logrado los goles más importantes para mantener viva a su selección, explotaba sus recursos dentro de un esquema donde su soledad ofensiva discute con su increíble aportación global a la propuesta de Rajevac y, sobre todo, aglutinaba alabanzas por ser el líder espiritual del fútbol africano en un Mundial donde todos sus representantes continentales salieron caóticamente eliminados en primera fase.

Después de aquél lanzamiento, su vida tomó otro camino. Fue él el elegido porque se decidió a lanzarlo, (valiente excusa sería disculparse por ello). En el subconsciente, su afán por seguir siendo el mejor jugador de su selección, el goleador del torneo y el ídolo mitológico de África, se impuso sobre la lógica pues, por más que persevere y demuestre carácter ganador, los penaltis no son su mejor baza (ya falló uno ante la República Checa en Alemania 2006). Gyan pretendía eliminar de un chispazo todos los problemas que le han acompañado hasta llegar a ese fatídico penalti. Días que hablan de esperanzas cuando en su infancia fue considerado la perla más brillante de la escuela Liberty Professionals de Accra o cuando debutó siendo menor de edad con la selección absoluta de Ghana logrando anotar en su estreno. Noches, sin embargo, que soltaron lágrimas al sentir el acoso de su propio país cuando Ghana no cumplió las expectativas en la CAN celebrada en suelo patrio y las críticas le rodearon. Tanto, que tras fallar varias ocasiones claras ante Namibia, recibió escolta policial como respuesta a las constantes amenazas hacia su familia.

La imagen desoladora de sus lloros sobre el césped (a pesar de haber demostrado valentía al haber disparado de nuevo en la tanda de penaltis para resarcirse) y su incapacidad para andar ante ojos de un mundo que tuvo a sus pies, es ya historia viva de los Mundiales. Sólo su ídolo, Nelson Mandela, fue capaz de animarlo tímidamente pues, horas después de su fallo, Madiba le recibió con los brazos abiertos y le aconsejó olvidar lo sucedido porque su contribución pro-África no tiene parengón posible. Roger Milla truncó el paso de Maradona en el 90, Mahmoud al-Khatib fue (y es) el africano con más títulos en su continente y George Weah colocó a su fútbol en la cumbre del Balón de Oro. Todos ellos son genios pero, desde ahora, Asamoah Gyan, supera cualquier hombrada. El malvado africano retornará para siempre a nuestras vidas cada cuatro años (o dos con la CAN). Esa es la vida que le espera…

Todo sobre la Copa África 2013 en su sección exclusiva

Síguenos también desde Twitter y Facebook

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche