Histórico
10 enero 2013Jose David López

Brasil: Mattheus, la talentosa cuna de Bebeto

El maravilloso ‘don’ del fútbol le venía de serie en sus venas. Su corazón bombea calidad para el remate, sus piernas nunca fallarán un movimiento en el área y su dinamismo siempre tendrá reservada una sorpresa final, la de una singular relación con el gol. Ese que situó a su padre en lo más alto del panorama mundial, ese que lo catalogó para la eternidad como uno de los grandes jugadores de la historia de Brasil y el mismo que abandera el currículum familiar en cualquier rincón del planeta. Fue precisamente eso, un gol (la mejor manifestación de la calidad que atesoraba), lo que aquél nueve de julio en 1994 en Dallas, iba a convertirse en la celebración más famosa jamás vista en un terreno de juego. ‘Su’ celebración.

Brasil y Holanda, dos de los principales candidatos a levantar la Copa del Mundo 1994 en suelo estadounidense, se citaban en cuartos de final con grandes perspectivas de título para el ganador. Con la elástica azul (no con la clásica verde-amarelha), el gran Bebeto coronaba el definitivo 2-0 en el marcador tras regatear al portero pero ya en el inicio de su carrera y, consciente de la atención que todas aquellas estrellas habían conseguido generar, el delantero tenía preparado un festejo especial. Colocó las manos a la altura de la cintura, unidas y con un balanceo de lado a lado intentando ‘mecer’ una cuna. Su alegría, contagiosa y enérgica, pronto mezcló a Mazinho y Romario, que decidieron ofrecer su colaboración para aquella sensación, la de un padre orgulloso de serlo y entregado a la causa para sacar una sonrisa a quien aún no abría los ojos. Aquél gol, aquella celebración, aquél instante, eran para Matheus Oliveira, que durante días no fue solo hijo de Bebeto, sino de todo Brasil, a la que desde esta semana defiende como promesa en el Sudamericano Sub 20.

Aquél bebé de dos años que quiso mostrar orgulloso el entonces delantero del Deportivo de a Coruña es hoy, a sus 18 años, una de las perlas más interesantes de la interminable cantera brasileña. “Cuando tenía un año ya supe que tenía algo especial para el fútbol. Jamás lo vi coger la pelota con las manos y además, siempre usaba las dos piernas sin que yo mostrara aún interés en enseñarle la pelota. Ya lo llevaba dentro”, decía su padre pocos años después de ‘su’ celebración. Pese a ello, jamás presionó ni acentuó la necesidad futbolística de su chico hasta el punto que cuando fue por vez primera a vestirse de corto en una prueba con Flamengo, nadie sabia que era el ‘hijo de’, evitando que la presencia y fama de sus goles, fuera un añadido innecesario al talento que ya poseía Matheus (al que su padre aportó dicho nombre debido a la adoración del goleador a la figura del alemán Lothar Matthaus). Empezó en fútbol sala con solo diez años y dos más tarde empezó a quemar etapas en su ciclo formativo por las categorías inferiores del Fla, hasta convertirse seis campañas después en uno de los fijos de los entrenamientos del primer equipo y ya habiendo debutado (lo hizo en el Carioca de 2012) hasta sumar once partidos con la elástica del Mengao (con el que firmó a los 17 su primer contrato profesional).

Zurdo, capacitado para generar alteraciones técnicas e individuales entre líneas y con facilidad para desequilibrar por talento puro, Matheus o guarda especial relación con el perfil que durante años mantuvo a su padre entre los ‘elegidos’. La segunda generación es más inteligente en el pase, en la asistencia al hueco, en la clarividencia cuando los defensores se acumulan por delante y cuando solo una genialidad es capaz de encontrar la vía adecuada. Más retrasado, prefiere ser ‘armador de juego’ pero sí encuentra similitudes paternales cuando arranca desde segunda línea y refuerza con potencia y llegada el ataque. El gran proyecto familiar, ese que mantuvo en la sombra para protección especial, es internacional brasileño desde categoría Sub 13, ha levantado la Copa Carioca de Juveniles (2010), así como la Copa Sao Paulo (la famosa Copinha en 2011), hasta convertirse en una realidad que desde esta semana empezará a escribir su propia relación de amor con la canarinha en un Sudamericano Sub 20 que debe colocarlo definitivamente en la élite de promesas del continente.

Matheus representa la nueva cara de una selección brasileña futura llena de calidad, talento y dinamismo técnico, pero que irremediablemente mira hacia atrás. Y es que si Mazinho y Romario apoyaron la ‘mecedora’ de Bebeto en 1994, hoy sus hijos podrían seguir la misma dinámica. Rafinha (hijo del mediocentro ex del Celta o Valencia y actual jugador del filial del Barcelona), decidió jugar con Brasil y  Romarinho (hijo del segundo y actualmente en las inferiores de Vasco de Gama, no ha entrado en la lista final por muy poco). Sí estarán en este Sudamericano otras perlas como Adryan (Flamengo), Doria (Botafogo), Ademilson (Sao Paulo), Felipe Anderson (Santos) o Wallace (ya Chelsea). Una mezcla ideal para hacer disfrutar, conseguir grandes logros y empezar a superar obstáculos para llegar a una élite que el pequeño Matheus tuvo que afrontar desde el primer día de vida. “Yo busco mi propia carrera porque no hice ni el 1% de lo que logró mi padre”. Quizás sea momento de agradecerle el ‘gesto’ con una original dedicatoria de gol…

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