Histórico
5 diciembre 2012El Enganche

Mundial Clubes: Sanfrecce Hiroshima y las tres flechas

Por David Fernández, analista especializado en fútbol asiático (@DavidFer_)

Entre los siglos X y XIX, los daimyo eran los señores feudales más poderosos e influyentes de Japón. En el siglo XVI, un daimyo llamado Mori Motonari se convirtió, tras una batalla de nobles, en el más influyente del suroeste de la isla de Honshu –la más grande del país–, donde poco después se fundaría la villa de Hiroshima. Según su leyenda, un día dio a cada uno de sus tres hijos una flecha y les pidió que la rompieran. Los tres la quebraron con facilidad, por lo que decidió darles tres flechas a cada uno en lugar de una sola. Volvió a ordenar que las rompieran, pero esta vez ninguno pudo. Motonari les explicó que tres flechas por separado pueden quebrarse, pero nunca se pueden romper si están juntas. Esta parábola, que buscaba que sus hijos se ayudasen entre sí cuando él muriese, ha guiado tradicionalmente a la población de Hiroshima a lo largo de los siglos. En la actualidad se conciben como una unidad indisoluble el trío que forman en la sociedad los políticos, los empresarios y los civiles de la localidad –grupos que se compenetran necesariamente entre sí– y a un nivel más personal, el cuerpo, la mente y el trabajo. Tres flechas que juntas no se rompen, un principio tan arraigado que llegó hasta el fútbol.

Sanfrecce Hiroshima fue creado en 1938 por iniciativa de una empresa automovilística local (Mazda), algo habitual en el fútbol nipón.  La destrucción causada por la bomba atómica estadounidense el 6 de agosto de 1945 paralizó a la ciudad, y el equipo no reanudaría su actividad hasta años más tarde. En la década de 1960 se consolidó como un coloso del fútbol nacional. Fue entre 1965 y 1970 cuando vivió su época más gloriosa con 5 ligas, 3 Copas del Emperador y un tercer puesto en la Champions League de Asia de 1969 (la segunda de la historia). Pese a que no se alcanzó ningún otro éxito en los años posteriores, el haber llegado tan alto fomentó que en la zona surgiese afición por el fútbol. En 1992, cuando Japón profesionalizó la liga, Mazda retiró su apoyo directo a la entidad, la cual tenía en consecuencia que cambiar de nombre. En esa época, el fútbol japonés se inspiraba de forma generalizada en el italiano, y muchos componentes del calcio siguen hoy presentes en Japón, como es el caso del nombre de este club. Se escogió “Sanfrecce”, puesto que san significa “tres” en japonés y “frecce” es la adaptación del término italiano freccia, que significa “flecha”. De nuevo las tres flechas, que juntas no se rompen. El estadio, inaugurado en 1992, se llama Hiroshima Big Arch, el Gran Arco de Hiroshima, y el dibujo de las tres flechas aparece en el escudo del club, que tiene como filosofía la adaptación a los deportes de equipo de la parábola de Motonari: “físico, táctica y tecnología”; cuerpo, mente y trabajo.

Pese a ser subcampeones de la J.League en 1994 y llegar a varias finales de la Copa del Emperador en el tramo final del pasado siglo, Sanfrecce Hiroshima fue en línea descendente, pasando dos temporadas en segunda división. Este año ha aprovechado la crisis de identidad de los equipos tradicionalmente grandes y ha ganado la liga en una preciosa batalla con Vegalta Sendai, club que representa a otra ciudad en su momento destruida (en este caso, por el tsunami de 2011). Parecía imposible después de que el pasado invierno dijeran adiós al que había sido su entrenador durante 4 años y medio, el carismático Mihailo Petrović, pero la continuidad del estilo del serbio, retocado por su sucesor Hajime Moriyasu, ha sido fundamental para alcanzar el éxito.

Sanfrecce Hiroshima genera su juego a partir de un esquema base de 3-4-2-1, formado por jugadores de bastante edad en general y en el que reinan las ayudas y los apoyos. Shusaku Nishikawa, segundo portero de la selección, es un fijo bajo palos. Tiene buenos reflejos, y ha resultado providencial en la mayoría de partidos clave esta temporada. La defensa está formada por tres centrales: Hiroki Mizumoto, Kazuhiko Chiba y Ryota Moriwaki (de izquierda a derecha). Este último es el más contundente a nivel defensivo, mientras que los otros dos son más propensos al fallo. A la hora de replegar, cuentan casi siempre con la ayuda de los dos carrileros, sin ser necesariamente simultáneo su retroceso. Para salir desde atrás con la pelota jugada, el equipo no suele tomar riesgos si el marcador no es favorable, y el mediocentro más defensivo del doble pivote, el icono Kazuyuki Morisaki (13 años en el club), retrocede para incrustarse entre centrales. Si el contexto es más positivo, los centrales de banda inician la carrera y se dan más ataques por los costados.

En el doble pivote mencionado, acompaña al veterano Kazuyuki Morisaki un interior como Toshihiro Aoyama (que marcó el gol del año en Japón). Su llegada en ataque desde segunda línea aporta mucho al equipo cuando este se atasca. Los carrileros son Mihael Mikić en la derecha y Kohei Shimizu en la izquierda. El croata, a sus 32 años de edad, presenta algún que otro problema físico, lo que permite que Hironori Ishikawa tenga minutos como su suplente. Shimizu es un delantero adaptado a la posición de carrilero. Ha ganado en los últimos tiempos habilidad en la ayuda defensiva, y por la izquierda siempre lleva peligro. Si consigue equilibrar sus facetas ofensiva y defensiva tiene buenas actuaciones, pero si no lo logra, acaba por difuminarse y su sustituto, el polivalente Satoru Yamagishi, goza de minutos.

Los tres jugadores más adelantados forman habitualmente en triángulo, con dos mediapuntas en la base y un ariete en la punta. Los dos primeros son dos símbolos del equipo morado: Koji Morisaki y Yojiro Takahagi, con 12 y 8 temporadas en el club, respectivamente. Takahagi acostumbra a retroceder unos metros hasta el doble pivote en el inicio de la jugada si el marcador es de empate o de derrota, pues es entonces cuando Kazuyuki Morisaki se incrusta entre centrales, dibujándose con ello un 4-4-1-1. Koji Morisaki, hermano gemelo de Kazuyuki, ve con mayor facilidad la portería, pero se caracteriza también por ayudar defensivamente al carrilero izquierdo, el que queda más cerca de su zona de influencia habitual. La punta es para Hisato Sato, un ‘9’ poco móvil y algo irregular en la definición que, empero, ha sido máximo goleador con 22 tantos este año. Naoki Ishihara ha contado con muchos minutos acompañando a Sato cuando se jugaba con dos puntas (contextos de búsqueda urgente del gol) o como su sustituto natural.

En definitiva, Sanfrecce Hiroshima es un equipo veterano y bastante experimentado, con un esquema definido sobre el cual trabajar y con un grupo fuerte de futbolistas consolidados en la titularidad que se compenetran bien con ayudas mutuas. Son campeones por primera vez desde que Japón profesionalizó su liga, aunque su condición de histórico es innegable. Ahora pretenden demostrarle al mundo que la liga japonesa es la de más nivel de Asia llegando lejos como anfitriones del último Mundial de Clubes que se celebra en Japón –por el momento–, y ampliar su propia lista de éxitos, en la cual no se escribe nada nuevo desde la década de 1990.

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