Histórico
4 diciembre 2012Francisco Ortí

Málaga: Diego Buonanotte, adiós en la ruta 65

Despertó escuchando el intermitente pitido de una máquina que no reconocía. Confuso miro a ambos lados y se descubrió postrado en la habitación de un hospital, con tubos invadiendo sus venas y una caja enlatando sus latidos. El dolor que ataba su cuerpo a la cama era la prueba definitiva de que algo grave había sucedido y entonces su memoria comenzó a vomitar recuerdos inconexos entre la niebla. Una partida de billar. Una intensa lluvia. Un viaje en coche con sus amigos. En ese momento fue consciente por primera vez de lo que había sucedido. Acababa de sufrir un accidente de tráfico, pero lejos de preocuparse por su propia salud Diego Buonanotte preguntó por el estado de sus amigos. “Están bien“, le mintieron.

La pregunta se repitió día tras día y siempre encontró la misma mentira por respuesta hasta que cuando estuvo totalmente recuperado de sus lesiones los médicos consideraron que Diego estaba preparado para escuchar la verdad. Sus tres amigos habían muerto, él era el único superviviente del accidente y había sido acusado de “imprudencia y negligencia” de un triple crimen culposo, por lo que, según especifica la ley, afrontaba una posible condena de entre seis meses y cinco años de cárcel. Lo cierto es que Buonanotte había dejado de escuchar en el mismo momento en el que descubrió que sus tres amigos habían muerto. Ya habría tiempo para pensar en lo demás. En ese momento, no pudo más que llorar las pérdidas de Gerardo, Alexis y Emiliano. Finalmente, Buonanotte fue absuelto, pero sus lágrimas todavía no han conseguido ahogar el sentimiento de culpabilidad que le persigue por lo sucedido aquella noche.

Las 6.45 de la madrugada del 26 de diciembre de 2009 marca el inicio de la tragedia para Diego Buonanotte. El pequeño futbolista, por entonces jugador de River Plate, conducía su Peugeot 307 por la ruta 65 de vuelta a casa después de haber pasado una noche de fiesta con tres de sus amigos en un pueblo cercano. Llovía mucho, la carretera estaba en mal estado, Buonanotte perdió el control del coche y acabó estrellándose contra un árbol. Sus tres amigos murieron como consecuencia del impacto. Él, el único que llevaba el cinturón de seguridad, salvó la vida con una fractura en la clavícula y una grave contusión en el pulmón derecho como únicas secuelas físicas, que no le impedirían volver a los terrenos de juego una vez recuperado. “Va a volver al alto rendimiento y para incorporarlo tiene que estar en perfectas condiciones, así que en ningún momento lo vamos a poner en riesgo“, informaron los servicios médicos. Cinco meses después, Buonanotte saltaba de nuevo a la cancha de River.

Sin embargo, las heridas más difíciles de cerrar estaban en su interior. “No es fácil vivir con esto. Lo que sucedió fue una tragedia“, confesó Buonanotte, quien necesitaba ayuda psicológica para cicatrizar. Olvidar, sin embargo, parecía imposible. En cualquier estadio que visitaba con River Plate escuchaba como la grada le gritaba asesino durante todo el partido. “Antes de volver a jugar tenía miedo de lo que podía pasar con los rivales, porque uno cuando entra a la cancha se olvida de todo. Pero me equivoqué. el jugador es muy respetuoso. El que no tiene ningún respeto es el hincha. No puedo creer que haya gente con tanta maldad“, aseguraba el Enano. Era una estrategia cruel para desestabilizarle, pero, lo cierto es que funcionaba.

Tras el accidente Buonanotte no conseguía rendir al nivel que había mostrado en sus inicios con River Plate o con la selección de Argentina, cuando se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. El jugador era rehén de un pasado que reaparecía partido tras partido. “Confio en que la vida me ofrezca una segunda oportunidad”, deseó Buonanotte. Y su deseo se cumplió. El Málaga pagó 4,5 millones de euros a River Plate para fichar a Diego Buonanotte como una de las primeras piedras del ilusionante proyecto que se estaba gestando en La Rosaleda y durante el verano del 2011 el Enano cruzó el charco para iniciar su aventura europea. Sus primeros pasos en Europa, sin embargo, han sido dubitativos. Pese a llegar con el cartel de ser una de las mayores promesas del fútbol argentino, el jugador de 22 años no ha logrado hacerse un hueco en el once titular del Manuel Pellegrini.

La pasada temporada apenas disputó 19 encuentros (15 de Liga y 4 de Copa) y este año ha participado en 6, entre Liga, Copa y, sobre todo, Champions League, donde ha brillado especialmente. El buen trabajo de los malacitanos en la fase de grupos de la Liga de Campeones ha permitido al equipo llegar con los deberes hechos a las dos últimas jornadas y Pellegrini las ha aprovechado para dar minutos a los menos habituales, entre los que se encuentra Buonanotte. Este martes, contra el Anderlecht, el argentino volverá a tener su oportunidad de lucirse en la mejor competición del mundo y continuar creciendo como futbolista. Su adaptación a Europa le está costando más de lo esperado, ha perdido ese cartel de estrella que se construyó en Argentina, pero Buonanotte no se arrepiente de haber dado el salto. Su llegada a Málaga le ha permitido conseguir algo mucho más importante de lo que se puede lograr sobre un terreno de juego. Le ha permitido superar aquella trágica noche en la ruta 65. Le ha permitido olvidar y decir adiós a Gerardo, Alexis y Emiliano.

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