Histórico
11 diciembre 2012Jose David López

Mundial Clubes: Corinthians, la inmunidad de la trinchera

Muchos golpes en la cabeza, una larga noche en vela y una taza de té como anestesiante. Una mesa improvisada llena de papeles y lápices, suciedad acumulada y un balón paseando de esquina a esquina. Teorías muchas, posibilidades varias, pero sobre todo, una idea perfecta entre tanto desorden. Joaquim Ambrosio, Anthony Pereira, Rafael Perrone, Anselmo Correa y Carlos Silva, cinco trabajadores aficionados al fútbol que cada semana intentaban reunirse para compartir su dubitativo talento en el barrio de Bom Retiro, habían quedado la tarde anterior para ver en directo al Corinthian FC. No era uno de los clubes pioneros en su Sao Paulo natal, sino un equipo de Londres que aglutinaba en sus filas a la mayoría de internacionales ingleses de la época. Su éxito generó giras de amistosos populares por todo el mundo y aquella tarde de 1910, el equipo londinense estaba en suelo brasileño para suerte de los trabajadores paulistas.

Conocido en todo el país e idolatrado por la prensa nacional, se convirtió en referente futbolístico para muchos torcedores brasileños. Tras disfrutar del show, reunidos en un improvisado Brain Storming, los chicos decidieron lanzar sus ideas al aire y acabar creando su propio club de fútbol. Pusieron 20.000 reis y bajo una linterna, tras un día incesante de batalla, nació el Sport Club Corinthians Paulista, en honor al club londinense que había multiplicado sus ilusiones. Llegarían diferentes arrendamientos y mejoras directivas, pero la primera frase de su creador, evidenciaba la cultura que lo vincularía de por vida a unas premisas: “El Corinthians será el equipo de gente y la gente es lo que hará al equipo”. Hoy, son la segunda afición más importante de Brasil con casi 30 millones de torcedores, representan al campeón del Brasileirao y están a un paso de lograr su primera Copa Libertadores. Pero su ‘gen competitivo’, su solidez y su fiabilidad, no responde al perfil brasileño, no al patrón paulista, sino a la rocosidad y contundencia de su origen londinense. Una trinchera inmune a amenazas rivales.

El Timao ha llevado una dinámica especialmente definida en el último año y medio, siendo determinantes su mejora defensiva y su firmeza táctica. El ‘Toliminado’, doloroso recuerdo del resto de clubes tras la eliminación sufrida ante Deportes Tolima el pasado curso en la fase previa de la Copa Libertadores, supuso una revolución mental en el entramado defensivo y en las lecturas de repliegue en el equipo paulista. El 4-2-3-1 se hizo famoso en Parque Sao Jorge, donde la estadística se fue adueñando poco a poco de sus doctrinas, aglutinando elogios defensivos que le hicieron casi imbatible. Y es que Corinthians acabó el curso convertido en campeón brasileño gracias a su imponente fortaleza defensiva, que le llevó a ganar el 86% de sus partidos por la ventaja mínima, a ser el equipo menos goleado (36 tantos en contra) y a tener la mayor diferencia de goles (+17). Es más, tras su último ascenso, permaneció en las cuatro primeras plazas en 74 de las últimas 75 jornadas, lo que revela datos intangibles acerca de su grandilocuencia defensiva. Un pilar, una base, una auténtica mina de oro dentro de un guion de fútbol demasiado animoso y dinámico donde el Timao sabe poner la pausa.

Este 2012 ha mantenido las premisas iniciales y así, se ha plantó en la finalísima de la Copa Libertadores sin sufrir en ningún momento pese a entidad y crédito de algunos de sus rivales. Superó como líder la fase de grupos solo encajando un gol, continuó su camino durante tres eliminatorias (Emelec, Vasco de Gama y Santos), dejando solo que Neymar repercutiera en sus números con un tanto insulso, e incluso puso corazón en un santuario del fútbol mundial como la ‘Bombonera’ donde Boca Juniors no le encontraba fisuras hasta la recta final con un tanto de Roncaglia (que además arregló en gran medida el joven crack Romarinho casi en la hora) para el 1-1 final. Ese gol suponía el cuarto, solamente el cuarto, que recibía el equipo de Tite en toda la fase final de la Copa Libertadores 2012. Un bagaje que retrata la perfección y los automatismos encontrados por el campeón brasileño rumbo a su primer título intercontinental.

Un regular Julio Cesar bajo palos (pese a que ahora el espigado Cassio parece haberse convertido en titular improvisado) y una línea feroz formada casi con obligatoriedad por Alessandro, Chicao, Leandro Castán (atentos a este grandísimo zaguero que acabó fichando meses desués por la Roma) y Fabio Santos, encontró el perfecto equilibrio. Pero sin duda, la identidad plena a estos conceptos defensivos y a esa intensidad en la marca y colocación, llega gracias al doble pivote formado por dos nuevos internacionales, Ralf y Paulinho. El primero responde al perfil de coberturas constantes, ayudas, contención y destrucción sin perder nunca su zona delimitada. El segundo es más llegador, con mayor amplitud aunque con enorme desgaste para repartirse en tareas duales. Una productividad asombrosa que destruye el canon prestablecido del fútbol brasileño y que le otorga un aspecto diferencial que contribuye determinantemente a sus últimos éxitos nacionales e internacionales.

El desequilibrio vertical y talentoso llega de extremos como Emerson Sheik (atentos al nacionalizado qatarí porque tiene una imprevisibilidad tenaz), Jorge Henrique o los contratados en el último tramo, Romarinho (estrella de los estaduales con el mítico Bragantino) y Paolo Guerrero. La pegada y la llegada desde segunda línea corre a cargo de Danilo, Willian (aunque está jugando poquísimo últimamente) y sobre todo, la zurda exquisita y potente del crack Alex (al que tengo cariño eterno desde que hace años me hacía escribir estas cosas por sus zurda y que ya no está en la plantilla debido a su ‘fuga’ a Qatar). Elementos decisivos en definición pero relegados a un segundo plano por su entrañable maquinaria defensiva, santo y seña de un Timao que reclamó la primera Copa Libertadores de su historia, desde la sombra de su ‘trinchera’ inmune a cualquier bala sudamericana.

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