Histórico
30 noviembre 2012El Enganche

Real Madrid: Di María, ángel caído

Por Alberto Piñero, periodista cobertura diaria Real Madrid (@pineroalberto)

El Real Madrid se encuentra de capa caída. En el plano institucional parece que surgen las dudas sobre Mourinho, tanto entre la afición como en la propia directiva madridista. Todo, porque en el plano deportivo, la zozobra es todavía mayor. Se han perdido ya tantos partidos en tres meses como en toda la temporada pasada, y algunas derrotas han llegado ante rivales mucho menores, como el Getafe o el Betis. Y todavía podían haber sido más si no llega a ser por los tres goles a última hora ante el Borussia Dortmund y el Manchester City en Champions League, competición en la que han logrado la clasificación, pero como segundos de grupo y después de ganar sólo uno de los cuatro partidos ante los dos grandes rivales de esta primera fase.

Y estos malos resultados son tan sólo el reflejo de las malas sensaciones que se desprenden sobre el campo. La forma en la que se consiguió la pasada Liga y la presente Supercopa invitaban a pensar que ésta podía ser una campaña triunfal, máxime cuando en Barcelona se marcha Pep Guardiola. Y de momento está siendo todo lo contrario, con apenas un puñado de realmente buenos partidos de principio a fin en estos primeros 22 encuentros oficiales. El juego no es fluido, se conceden más goles de lo normal, no hay regularidad en los partidos, la efectividad de cara a puerta ha bajado varios enteros, las lesiones no han sabido ser bien suplidas, los fichajes no han terminado de mejorar el equipo, y en ocasiones se ha adolecido hasta de actitud, algo impensable en este Madrid de Mourinho hace apenas unos meses.

Y causa, o más bien consecuencia de ello, el nivel individual de varios de los jugadores merengues se ha resentido. Es el caso de Casillas, sobre todo en el inicio del curso. De Mesut Ozil, señalado en numerosas ocasiones por Mourinho, tanto en comparecencias de prensa como con sus sustituciones sobre el césped. De Cristiano Ronaldo, que ha tenido una muy buena racha, pero ni en los primeros partidos del curso ni en estos últimos ha estado del todo fino. De Arbeloa, de Xabi Alonso, de Higuaín, y también de un jugador al que casi nadie incluye en esta lista, pero cuyo rendimiento ha decaído indudable y preocupantemente: Ángel Di María.

El Fideo llegó el verano de 2010 a Concha Espina, previo pago de 25 millones (más 11 en variables) al Benfica. Una cantidad más que notable, que incluso generó ciertos recelos al principio, pero que tardó poco en quedar en un segundo o tercer plano visto el desempeño del argentino sobre el césped, titularísimo desde el primer día que pisó el Santiago Bernabéu. Hasta el punto de ser uno de los jugadores más destacados y desequilibrantes del Real Madrid… y de la Liga.

Fue hace ahora aproximadamente un año cuando empezó a torcerse todo. Di María atravesaba por su mejor momento en el Real Madrid cuando cayó lesionado ante el Sevilla. Se perdió seis partidos de Liga, regresó ante el Racing en la segunda parte, marcó incluso un gol, pero volvió a lesionarse, quedando otras seis jornadas fuera. Esto es, en total tres meses lejos de los terrenos de juego. Hasta entonces había logrado cinco goles y había brindado 14 asistencias en 21 partidos. Estadísticas que quedan ahora lejos, fruto de una irregularidad en su juego inédita hasta entonces y que lastra sus registros. No obstante, en los primeros 20 partidos de esta temporada que ha disputado son tres goles y ocho asistencias los que lleva, casi la mitad.

Pero más allá de los números están las sensaciones. Al Fideo, como si se tratara de un futbolista de hace 30 ó 40 años, no le va el juego horizontal, únicamente piensa en vertical. Lógico, con sus características: velocidad, potencia, técnica, desborde, regate. Pero mientras estas dos temporadas anteriores le sacaba todo el partido posible a sus cualidades, saltando rivales por doquier, este curso no está siendo igual. Ya sea por falta de forma o de chispa, que no de actitud. Y esas imprecisiones y pérdidas de balón acaban por acelerar al propio jugador, desordenar al equipo y desesperar al aficionado.

Sucedía con Robben durante sus malas épocas en Madrid. Incluso a Messi en sus inicios también se le criticaba en Barcelona sus pérdidas de balón intentando regates imposibles. Y Di María será seguramente el siguiente en saltar a esa misma palestra a este ritmo. Es habitual en este tipo de jugadores aliados con el vértigo, máxime en casos de necesidad como el Real Madrid, y cuando el Fideo también ha quedado señalado por faltas de concentración en defensa que añadir a su menor efectividad en ataque. Y es que ese ángel guardián, que siempre acudía para rescatar al Real Madrid de las situaciones más espinosas, ya no agita sus alas con la misma prestancia y vigor.

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