Histórico
14 noviembre 2012David De la Peña

Panamá: Dely Valdés, rematador en extinción

Dicen que Cerdeña y los sardos están hechos de pasta especial. Dicen que son tenaces, que tienen un espíritu especial para reponerse ante las adversidades, que no se rinden. Y por supuesto, como en todos los rincones del mundo en los que un balón empieza a rodar, esos rasgos culturales se trasladan a sus equipos de fútbol. El que representa a la isla de Cerdeña es el Cagliari, y aunque a lo largo de sus casi 100 años de historia únicamente haya podido celebrar un Scudetto, la realidad es que visitar el estadio de Sant’Elia no suele ser, en absoluto, tarea fácil. Desde luego no lo fue durante la temporada 1992/1993, cuando solo perdió dos partidos en todo el campeonato como local, llegando a alcanzar un sorprendente sexto puesto que, la temporada siguiente, se endulzó más con una histórica semifinal de la Copa de la UEFA. La vanguardia del equipo rossoblu era respondona: el brasileño nacionalizado belga Luis Olivera, y un  hasta entonces desconocido panameño llamado Julio César Dely Valdés.

Es fácil, lógico y rápido asociar la figura de Dely Valdés con el fútbol de Panamá. Sin embargo, para los que, entre los que me incluyo, dominamos menos otras especialidades deportivas, causa más respeto hablar de él como la gran bandera del deporte panameño. A los que dudamos nos dejaron sin dudas sus propios compatriotas, que lo nombraron mejor deportista del país en el siglo XX. La realidad es que no resulta sorprendente, porque el fútbol tiene el poder que tiene y ese apelativo globalizado de deporte rey, y Dely hizo una carrera muy decente. No llegó al fútbol europeo siendo muy joven, si no tras haber hecho ya buenas temporadas en Sudamérica. Se hizo un nombre en Uruguay, y en un club grande como es Nacional de Montevideo, alcanzado buenas cifras goleadoras (46 goles en 89 partidos), que le sirvieron para, a los 26 años, tener esa oportunidad en el Cagliari. Su primer año en el Calcio fue muy bueno, 13 goles por aquel entonces en el campeonato italiano era una cifra más que atractiva para un recién aterrizado (superó a futbolistas ilustres del campeonato como Roberto Mancini o Abel Balbo).

Sus buenas actuaciones en Italia le valieron el pase al fútbol francés, para llegar a un club que, si bien es cierto que por palmarés no es un histórico, sí representaba a una de las ciudades más importantes de Europa, el Paris Saint Germain. En París también consiguió buenos registros goleadores, y obtuvo además, el título más importante de su carrera: La Recopa de Europa que el equipo parisino le ganó al Rapid de Viena. Dely Valdés ya se había hecho un nombre en el fútbol europeo, pero la competitividad en aquel equipo que por entonces dirigía Luis Fernández no le brindaba la oportunidad de ser titular con continuidad. Así que con 30 años llegó al fútbol español, de la mano de un equipo histórico que a día de hoy atraviesa graves problemas económicos: El Real Oviedo. El principal culpable de su fichaje fue el hoy seleccionador uruguayo: Óscar Washington Tabárez. El nombre que se había generado como goleador en Montevideo jugando para Nacional era suficiente para que el preparador le tuviera fe, pero por supuesto el motivo principal era la buena relación y confianza de la etapa del uruguayo en el banquillo del Cagliari, en la temporada 94/95.

Sin embargo, el primer año de Dely Valdés en las filas del Real Oviedo no fue demasiado bueno. Únicamente 9 goles y, como él mismo dice, con la afición molesta por unas cifras que no se correspondían con el cartel de un futbolista que recientemente había sido campeón de una copa europea. La temporada siguiente, sin embargo, todo mejoró. Al equipo asturiano llegó Fernando Vázquez y lo primero que le dijo al panameño fue que esa temporada iba a alcanzar los 20 tantos. Dely Valdés habla de Fernando Vázquez como un tipo afable, comunicativo y simpático, pero la primera reacción ante tal conjetura fue preguntarle si pensaba que estaba jugando en el Madrid. Sin embargo, Dely Valdés llegó a marcar 19 goles, y se consagró como uno de los delanteros más efectivos de toda la primera división española. Tras tres temporadas en Asturias, viajó al sur para reencontrarse en Málaga con la punta de ataque que tuvo enfrente durante varios años en el fútbol uruguayo, con el que formaba la mítica “doble D”, Darío Silva (ex de Peñarol). Sus buenas actuaciones en el césped y su lectura del juego, se sumaron a un trato humano, como Fernando Sanz indica, de mucho valor, por lo que el ex presidente malaguista le reclamó para formar parte del cuerpo técnico del equipo en 2008.

Para quien no conociera esas virtudes sobre el césped, Dely era un gran rematador. Ante todo, un futbolista de enorme lectura para alcanzar la zona de finalización en ventaja, con una serie de condiciones físicas que le permitían ganar choques y saltos, y con una técnica para cabecear más que notable. Conocía bastante bien sus virtudes y sus defectos, y fuera del área jugaba sencillo y tenía buena sensibilidad para anticiparse en los apoyos y descargar hacia los carriles exteriores para posteriormente cargar el área. El fútbol evoluciona y ese perfil de delantero clásico brilla por su ausencia en muchos equipos, pero el panameño era algo muy común en los 90: un 9 de área. Precisamente esas virtudes sirvieron para que en 2005, cuando ya daba sus últimos coletazos como futbolista, la federación decidiera intentar convencerle para que se sumase a la plantilla que iba a disputar la Copa de Oro. Y a pesar de que el torneo fuese amargo en su definición (Panamá fue subcampeona, derrotada en los penaltis por EEUU), la realidad es que el pueblo panameño recuerda aquella gesta como la mayor de su fútbol nacional y, por supuesto, Dely Valdés formó parte de ella.

Toda su trayectoria en Europa, llevando la bandera panameña por las grandes ligas europeas, además de su aportación y compromiso con la selección (con la que marcó 22 goles en 32 partidos), sirvieron para que el presidente de la Federación, Ariel Alvarado, viajase a Europa expresamente para convencerle de que sentase en el banquillo de la selección. Dely Valdés estaba en aquel momento en plena andadura como ayudante técnico en el Málaga, pero era una oferta y una oportunidad que no podía dejar pasar. La aceptó, y desde entonces el camino del equipo es ilusionante, hasta el punto de estar disputando actualmente el hexagonal final de acceso al Mundial de Brasil 2014. Ese hexagonal comenzará en febrero de 2013, y seis selecciones se disputarán tres plazas directas y una cuarta para jugar una repesca intercontinental: Costa Rica, Honduras, Jamaica, México, Estados Unidos, y Panamá. La realidad futbolística no les coloca entre los favoritos para el milagro, pero buscarán con ansia jugar el primer mundial de su historia. El mito Dely Valdés es la bandera de la ilusión, que empieza por medirse, hoy mismo, contra la selección más potente del planeta: España.

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