Histórico
26 noviembre 2012David De la Peña

Chelsea: Rafa Benítez y la innegociable cultura británica

Corría el minuto 16 del ChelseaManchester City y una ovación, al parecer espontánea, envolvió Stamford Bridge. Digo al parecer porque en varios puntos distantes del estadio, aficionados alzaron papeles idénticos. Unos decían “Rafa fuera”, otros, “En Di Matteo confiábamos y lo quisimos, en Rafa nunca confiaremos”. Roberto Di Matteo jugó más de un lustro en el Chelsea, y llevaba el dorsal 16, pero sobre todo, consiguió el absoluto beneplácito de la hinchada cuando el pasado 19 de mayo, el Chelsea alzó su primera Copa de Europa. Lo hizo con el técnico italiano en el banquillo, que había sustituido a André Villas-Boas unos meses antes. No cabe duda de que la llegada de Roman Abramovich y su inversión en el club londinense desde entonces ha sido un factor decisivo para que la ansiada Copa de Europa llegase a las vitrinas del club, pero el público inglés es como es y el respeto por los iconos y artífices de los éxitos es innegociable. Es cultura británica.

La afición blue se levantó y alzó esas octavillas acordándose de Di Matteo. Utilizo el término octavilla porque viendo la reacción de prácticamente todo el estadio, me imagino a unos cuantos  simpatizantes del ex-técnico paseando por los alrededores de Stamford Bridge, y repartiendo los mensajes de apoyo. Roman Abramovich no pudo soportar la actuación del equipo en el Juventus Stadium, donde el Chelsea se dejó prácticamente todas las opciones de seguir adelante en la UEFA Champions League. Solo una victoria del ya clasificado Shakhtar Donetsk en Ucrania, frente a una Juventus que se juega el pase, les daría opciones de avanzar en la competición de la que son los vigentes campeones. Así que la reacción no se hizo esperar. Esa misma madrugada Di Matteo recibiría la noticia: Dejaba de ser entrenador del equipo. La opinión general es que su cargo pendía de un hilo, y que el magnate ruso, a pesar del triunfo en la Champions, no le quería en el banquillo. Y no faltaba razón, porque al primer imprevisto ha sido despedido.

Es importante, por lo tanto, contextualizar su situación y no focalizar la decisión de Abramovich en un tema concreto, aunque desde Inglaterra aseguran que el factor Fernando Torres ha resultado fundamental. Torres fue suplente en Turín, y el equipo perdió 3-0, cuando por activa y por pasiva, Abramovich ha dejado claro que él debía ser una de las piezas fundamentales del proyecto. Para entenderlo, nos podemos remontar hasta el pasado verano, y es que al parecer, Roberto Di Matteo puso un nombre por encima de cualquier otro en la lista de posibles futuribles del Chelsea: el de Radamel Falcao. La respuesta de Abramovich fue negativa, la causa: Fernando Torres. Este tema fue un verdadero quebradero de cabeza. Di Matteo solicitó un informe detallado a su cuerpo técnico de los 81 goles que Torres había marcado en Liverpool, del que resultó el siguiente dato: aproximadamente, el 69% de esos goles habían llegado de envíos directos de Xabi Alonso y Gerrard desde posiciones “atrasadas”. La conclusión a la que llegó el cuerpo técnico es que ni Obi Mikel ni Ramires tenían esas condiciones, y que los hombres de ¾ (Mata-Hazard-Oscar), eran de naturaleza diferente, más conductores y que buscaban eliminar rivales en el uno contra uno, lo que obligaba al rival a replegar y le restaba espacio a Fernando.

Han sido muchos los que han asegurado que Abramovich ha tomado personalmente la decisión de fichar a Rafa Benítez como técnico interino (la palabra interino aparece en el propio comunicado en la web del club) con el objetivo prioritario de recuperar a Fernando Torres. Sin embargo, como ya se ha expuesto, la reacción generalizada ha sido mostrar un tremendo rechazo a la figura del técnico madrileño. Y los motivos son varios. Durante varios años la rivalidad Liverpool – Chelsea fue importante, y el gol fantasma de Luis García que dejó fuera al Chelsea de la final de la Champion, un punto caliente. Pero el odio del aficionado blue fue producido, más bien, por algunas palabras de Rafa. “Nunca entrenaré al Chelsea. Para mi solo hay un club en Inglaterra, y ese es el Liverpool”, o “Los aficionados del Liverpool no necesitan estúpidas banderas de plástico para animar, los aficionados del Chelsea carecen de pasión”, son palabras que la prensa inglesa cita en estos días de tempestad en Stamford Bridge, para explicar el porqué de una reacción tan adversa de la hinchada a la llegada de Benítez.

En la rueda de prensa tras su debut, Benítez ha asegurado que no entendía bien los cánticos de los aficionados. Viendo la situación, resulta sorprendente la decisión de Abramovich, incluso si tenemos en cuenta la naturaleza de los mejores futbolistas de la plantilla. Benítez se ha caracterizado a lo largo de su carrera por ser un técnico que ha priorizado el orden, intentando que la pérdida se produjera con el equipo muy bien colocado, y quizá, esta máxima, choca con un buen rendimiento de los Hazard, Oscar o Mata, necesitados de mucho contacto con el balón en zonas interiores. La primera propuesta de Rafa frente al Manchester City, de hecho, ha dado la sensación de ser muy ordenada, permutando la posición la línea de mediapuntas pero en intervalos largos de tiempo y nunca desatendiendo sus obligaciones defensivas. Un panorama que probablemente provocará un Chelsea bien armado (frente al City apenas recibió ocasiones de gol), y basado en un repliegue que le puede dar a Torres el espacio que tanto demanda, pero que restará imaginación a sus hombres de ¾. Veremos, al grave problema de una afición que ahora mismo siente un profundo rechazo hacia él, se une una plantilla que por características quizá demande otro estilo de juego. No será fácil para Rafa, aunque una cosa está clara: Benítez es un gran entrenador, y los grandes entrenadores, con grandes futbolistas, suelen obtener resultados.

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